La escritora, creadora de la saga de ‘Harry Potter’, dinamita el intento de tender puentes de Emma Watson, la actriz que interpretó a Hermione: «Es tan ignorante que no sabe lo ignorante que es»

Por Celia Maza / El Confidencial
El legado de Harry Potter, que nació como un canto a la amistad, lealtad y lucha contra la intolerancia, se ha convertido en metáfora de la fractura contemporánea. Lo que empezó como un malentendido en Twitter en 2020 es hoy un pulso político, jurídico y cultural donde el universo mágico que unió a millones de lectores se desangra en un duelo entre creadora y discípula: «Como otras personas que nunca han experimentado una vida adulta sin el respaldo de la riqueza y la fama, Emma tiene tan poca experiencia de la vida real que ignora lo ignorante que es».
Las palabras que J.K. Rowling ha dedicado a Emma Watson, quien interpretó a Hermione en la famosa saga de Hogwarts, van más allá de un enfrentamiento personal. No se trata sólo de carnaza hollywoodiense para los tabloides, sino de un pulso generacional que simboliza la batalla en torno al feminismo, la identidad e incluso la diferencia de clases.
Rowling, 60 años, (quien sobrevivió gracias a las ayudas sociales siendo madre soltera antes de convertirse en millonaria tras el éxito de sus libros) considera que Watson, 35 años, (quien siendo una niña comenzó a amasar una fortuna valorada hoy en más de 70 millones de euros) probablemente nunca necesitaría usar los espacios reservados a un solo sexo, como vestuarios y baños públicos, a los que ha hecho campaña para prohibir el acceso a las personas trans.
«Yo no era multimillonaria a los catorce años. Vivía en la pobreza mientras escribía el libro que hizo famosa a Emma», escribe la autora. «Por lo tanto, comprendo por experiencia propia lo que significa para las mujeres y niñas que no tienen sus privilegios la vulneración de los derechos de las mujeres, en la que Emma ha participado con tanto entusiasmo».
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Rowling lleva tiempo en el centro de la tormenta. Desde que en 2020 publicara un ensayo de casi 4.000 palabras para explicar por qué se considera «crítica con el género», la escritora escocesa se ha convertido en una de las voces más influyentes de lo que se conoce como el «gender critical feminism«. Su tesis es clara: el sexo biológico importa y las leyes que priorizan la autoidentificación de género pueden comprometer los espacios seguros y los derechos de las mujeres cis. Para ella, no es transfobia sino defensa del feminismo clásico. Para sus detractores, sin embargo, es el ejemplo de cómo un discurso con apariencia progresista puede derivar en exclusión.
El choque entre Rowling y el reparto juvenil que encarnó sus personajes lleva años gestándose. Daniel Radcliffe, la cara de Harry Potter, lo resumió en 2020: «Las mujeres trans son mujeres. Cualquier declaración en sentido contrario borra la identidad y la dignidad de las personas trans«. Rupert Grint, inseparable en la ficción como Ron Weasley, se alineó con él: «Apoyo a mis amigos trans. Siempre estaré a favor de la libertad y la igualdad para todos«. Bonnie Wright, la Ginny de la saga, compartió recursos para jóvenes trans; Katie Leung, la actriz que dio vida a Cho Chang, tuiteó enlaces a asociaciones de apoyo. Incluso Evanna Lynch, que interpretó a Luna, reconoció que «las redes sociales no son el mejor lugar para este debate», aunque pidió «empatía y cuidado«.
La entrevista de Emma Watson.
Todas las intervenciones avivan la polémica, pero esta semana ha tenido lugar una repentina y dramática escalada del conflicto. Cuando el pasado 24 de septiembre, el podcaster Jay Shetty preguntó a Watson sobre la situación, la actriz elogió a Rowling «por su amabilidad y palabras de aliento durante su infancia y por la oportunidad de interpretar a un personaje que, para ser sincera, apenas existe en la historia de la literatura inglesa«.
«Simplemente no hay mundo en el que pueda anularla o anularla, por nada del mundo», dijo. «No sé qué más hacer que mantener unidas estas dos cosas aparentemente incompatibles y esperar que algún día se resuelvan o se unan, y quizás aceptar que nunca lo harán, pero que ambas pueden seguir siendo verdaderas. Puedo quererla, puedo saber que me quiso, puedo estarle agradecida, puedo saber que lo que dijo [sobre mí] era cierto, y puede haber todo lo demás. Mi trabajo consiste en contenerlo todo. Pero lo más importante es que lo que ella ha hecho nunca me será arrebatado«, añadió.
Pero, lo que muchos interpretaron como un intento de crear puentes, avivó aún más la tensión. «No me debo a la aprobación eterna de ningún actor que haya interpretado un personaje que yo creé. La idea es tan absurda como consultar con mi jefe a los veintiún años sobre qué opiniones debería tener ahora», ha respondido ahora Rowling en Twitter, añadiendo que sospecha que «el cambio de rumbo se deba a que se ha dado cuenta de que condenarme a viva voz ya no está tan de moda como antes».
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Celia Maza. Londres
El enfrentamiento ha ocupado incluso columnas en The Times: «Es una batalla para nuestra época. Se trata de política generacional; madres contra hijas; un feminismo más maduro y firme contra los millennials «conscientes». Se trata de si «ser amable» es realmente importante o simplemente otra forma de lograr que las mujeres sean sumisas. Se trata de los límites de un mundo polarizado. ¿Es compasivo y maduro intentar amar a alguien con quien discrepas profundamente, o es cobarde y sin principios? ¿Hay algo más que X e Y, blanco y negro?», plantea Helen Rumbelow.
Reino Unido se ha convertido en uno de los campos de batalla más visibles del debate trans en Europa. La decisión del Gobierno central de bloquear una ley escocesa que permitía la autoidentificación de género sin diagnóstico médico; la entrada en prisión de delincuentes sexuales trans como Isla Bryson; la petición de menores en los colegios para cambiarse de nombre sin autorización de los padres; la declaración por parte del mismo Banco de Inglaterra de que «personas de cualquier género pueden estar embarazadas» o el boicot a un videojuego de Harry Potter, Hogwarts Legacy, por las opiniones de Rowling son síntomas de la relevancia que esta cuestión cobró en la agenda pública.
Hubo un momento en el que la pregunta «¿quién debe ser considerado como mujer?» podía acabar con la carrera de políticos, académicos o empresarios. Ahora el clima es muy diferente. Este año, el viento viró a favor de Rowling con la aprobación unánime del Tribunal Supremo del Reino Unido de un fallo que definía a las mujeres según su «sexo biológico«. La escritora se deleitó con varias publicaciones en X donde subió una foto fumando un puro asegurando «Me encanta cuando los planes salen bien».
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Rowling no se ha limitado a opinar: ha financiado y creado estructuras. En 2022 abrió en Edimburgo Beira’s Place, un centro de apoyo a víctimas de violencia sexual reservado a mujeres biológicas. Este mismo año, lanzó el J. K. Rowling Women’s Fund, destinado a respaldar litigios que, según sus palabras, «protejan los derechos basados en el sexo«. Sus defensores ven en ello una coherencia admirable; sus críticos, un arsenal económico contra los avances del colectivo trans.
El eco internacional agrava el impacto. En Estados Unidos, donde la batalla por los derechos trans se entrelaza con la pugna entre republicanos y demócratas, Rowling ha sido citada en debates legislativos. En Europa, sus palabras son usadas tanto por feministas clásicas como por partidos populistas que instrumentalizan el discurso. Y ahora, con una Emma Watson convertida en referente global de causas progresistas, la tensión se exporta en titulares y memes que corren por redes sociales.
La pregunta es si Rowling está perdiendo su propio universo. Muchos fans han optado por separar la obra de la autora. Otros han borrado sus tatuajes o han dejado de acudir a convenciones oficiales. Pero también existe un público fiel que ve en ella una heroína contra la censura cultural. El resultado es un fandom fracturado que refleja la polarización política a ambos lados del Atlántico.