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El tesoro americano que Colón no buscaba y hoy triunfa en España | Historia NG

Descubierto por los exploradores españoles en el siglo XVI, el aguacate era venerado en Mesoamérica por sus propiedades. Sin embargo, tardó siglos en echar raíces en la Península Ibérica.

Campo de aguacate en California.
Cordon Press

Sarah Romero / Historia National Geographic

Cuando Cristóbal Colón zarpó hacia el oeste del mundo en 1492, su mente estaba fijada en encontrar una nueva ruta hacia las codiciadas especias de Oriente. Sin embargo, lo que halló transformó la historia de la humanidad; desencadenó lo que el historiador Alfred W. Crosby bautizó en 1972 como el «Intercambio Colombino», alimentos (y otras cosas) viajaron en las bodegas de los barcos desde América hasta el Viejo Mundo.

Intercambio Colombino

El continente americano regaló al mundo una despensa inabarcable. Maíz, chiles, vainilla o cacahuetes cruzaron el Atlántico para redefinir las dietas de Europa, África y Asia. A cambio, los europeos introdujeron el trigo, el arroz, el ganado vacuno o las gallinas.

Cagayan River 1720

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Dentro de este trasiego de semillas y animales, el aguacate (Persea americana) ocupaba un lugar especial. Originario de las regiones tropicales de Mesoamérica, este fruto llevaba cultivándose más de 7.000 años allí. Para cuando los españoles llegaron a lo que actualmente es México, el aguacate ya era un pilar fundamental en la dieta de civilizaciones como la maya y la azteca.

De símbolo de fertilidad a «mantequilla de los árboles»

Para los pueblos precolombinos, el aguacate era mucho más que un simple alimento. Los aztecas lo llamaban ahuacatl, que literalmente significa «testículo», un nombre inspirado tanto en su forma como en la manera en que cuelga del árbol en pares. Por ello, estaba profundamente asociado con la fertilidad y la abundancia.

Cuando los primeros exploradores españoles probaron este fruto, quedaron perplejos. No se parecía a nada que hubieran visto en Europa. Los cronistas del siglo XVI lo describieron con asombro, destacando que era «como mantequilla y de un sabor maravilloso, tan bueno y agradable al paladar que es una cosa maravillosa». Su textura cremosa y su alto valor nutricional lo convirtieron rápidamente en un salvavidas para los colonos en el Nuevo Mundo.

Sin embargo, a pesar de estas crónicas entusiastas, el aguacate se enfrentó a un problema logístico. A diferencia de las semillas de tomate o los tubérculos de patata, que podían soportar largos y duros viajes en barco, el aguacate era un fruto delicado. Su piel se estropeaba y su pulpa se oxidaba rápidamente, lo que dificultaba enormemente su transporte al Viejo Mundo.

El largo viaje hacia la Península Ibérica

Por ello, durante mucho tiempo el aguacate fue un manjar exótico, una rareza botánica que solo unos pocos privilegiados en Europa podían disfrutar, a menudo cultivado en invernaderos reales o jardines botánicos como una mera curiosidad. En España, a pesar de ser la puerta de entrada de los productos americanos, el aguacate no logró integrarse en la dieta popular durante la Edad Moderna.

Si bien la patata salvó a Europa de las hambrunas y el tomate se fundió con el aceite de oliva, el aguacate quedaría relegado al olvido culinario debido a su fragilidad en la conservación.

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Fruta del aguacate.iStock

No fue hasta la llegada de la globalización moderna y los avances en el transporte marítimo y la refrigeración cuando este fruto comenzó a asomarse tímidamente a los mercados europeos. A principios del siglo XX, en lugares como California, pioneros agrícolas desarrollaron variedades más resistentes, como la famosa variedad Hass. Esta mutación, con su piel rugosa y oscura, no solo era deliciosa, sino que soportaba mucho mejor el transporte y tenía una vida útil más larga que el de las Américas. Fue el catalizador que el aguacate necesitaba para conquistar el mundo.

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El verdadero romance entre España y el aguacate es, curiosamente, un fenómeno reciente. A medida que la demanda global crecía, impulsada por las tendencias de alimentación saludable y la popularización del guacamole, los agricultores españoles se dieron cuenta de que tenían un tesoro climático en su propio país.

El aguacate, acostumbrado a climas tropicales y subtropicales, encontró un hogar perfecto en el sur de España. Las costas de Málaga y Granada, con su clima mediterráneo suave, inviernos cálidos y suelos fértiles, demostraron ser un ecosistema ideal para Persea americana y hoy en día es la región de la Axarquía es el epicentro del aguacate europeo, siendo España el principal productor y exportador de aguacates de toda Europa.

Fuente: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/aguacate-regalo-america-que-espana-tardo-siglos-apreciar_26653

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