Con el pago como dote de 70 vacas se formaliza el compromiso del polémico Misuzulu kaZwelithini con una princesa sudafricana

Eduardo Álvarez / LOC
No les da tiempo a los habitantes de Zululandia de recuperarse de unos fastos de su Monarquía cuando empiezan los preparativos para los siguientes. Y es que se acaba de anunciar que el rey de los zulúes, Misuzulu kaZwelithini (51 años), se vuelve a casar. Le ha cogido el gusto a lo de pasar por el altar y va a hacerlo por cuarta vez. La escogida esta vez para engordar el harén del monarca sudafricano es la princesa Sihle Mdluli, de 26 primaveras. Es la hija mayor de la Inkhosi -se puede traducir como reina o señora- de los Mawewe, el linaje al frente desde el siglo XIX de la Autoridad Tradicional de un territorio en la actual provincia sudafricana de Mpumalanga fronterizo con Eswatini.
Las campanas de boda han comenzado a sonar. Porque esta misma semana se ha formalizado la lobola, esto es, el pago de la dote por parte de los emisarios del rey zulú a la familia de Sihle Mdluli, que se estableció en 70 vacas. El séquito del soberano, que incluía al nuevo primer ministro tradicional del Reino zulú -el más poblado y poderoso de todos los que están reconocidos hoy en Sudáfrica-, a varios asesores y a miembros de varios regimientos reales, se trasladaron hasta la aldea de Mpumalanga, sede de la Residencia Real de los Mawewe para hacer la entrega del valioso ganado. Las negociaciones para el enlace, lo que en la tradición local se conoce como el tanteo del terreno, arrancaron en marzo del año pasado. Y, tras la lobola, el compromiso ya es oficial. Está previsto que la ceremonia nupcial se produzca en otoño.

Claro que lo de los matrimonios del rey Misuzulu kaZwelithini siempre está rodeado de polémicas. Basta recordar el culebrón en el que se convirtió la boda con su tercera mujer, Nomzamo Myeni, a la que llevó finalmente al altar el pasado noviembre, tras dejarla plantada unos meses antes.
Y es que Misuzulu y Nomzamo iban a haberse casado en enero de 2025. Pero todo se fue al traste después de que la primera mujer del monarca, la reina Ntokozo kaMayisela, con la que estaba en trámite de separación, acudiera a los tribunales a interponer una denuncia preventiva a su marido acusándolo de «bígamo». La Justicia acabó dando la razón al rey de los zulúes, fallando que la reina había consentido en su día que pudiera casarse con varias mujeres, tal como permiten las leyes consuetudinarias locales. Pero el daño ya estaba hecho. En medio de toda clase de rumores, la joven Ntokozo kaMayisela dejó de aparecer en los actos oficiales. Como si se la hubiera tragado la tierra. Y en Palacio se limitaron a informar de que el soberano se había retirado durante un tiempo a una especie de ejercicios espirituales para reflexionar sobre lo divino y lo humano.
Al final, las aguas volvieron a su cauce. Primero, se suspendieron los trámites de divorcio entre la reina Ntokozo kaMayisela y Misuzulu -probablemente a la primera le bastaba para conformarse con no perder su estatus en la Corte-. Y, como decíamos, el Palacio real de KwaKhangela, en Nongoma, se engalanó para recibir a los invitados que asistieron después de tantos avatares al sí quiero con Ntokozo.

Como no hay tres sin cuatro, a por ella va ya nuestro protagonista. Una noticia dulce que bien le viene a la familia real de Zululandia para pasar página del escandalazo -otro de tantos- que acaba de protagonizar el monarca, y que afecta precisamente a su esposa Nomzamo.
Polémico vídeo
En este caso se ve que no se ha gastado el amor de tanto usarlo, que casi ni les ha dado tiempo. Pero un reciente vídeo de ambos -grabado al parecer por la misma tercera reina- ha dado la vuelta al mundo y causado enorme estupor en Sudáfrica. En los minutos de grabación se observa a Misuzulu, al parecer en estado de borrachera de campeonato, profiriendo terribles insultos a su mujer y amenazándola con agredirla. El motivo de la trifulca fue una salida de Palacio de la reina que enojó al monarca profundamente. «Estás ahí fuera sin mi permiso. Cuando eres esposa, pides permiso. Al menos avísale a tu marido», se le oye decirle en el vídeo, en el que dominan los improperios y lo que el rey le dedica a su mujer, de todo menos bonito. La aterradora secuencia termina con Nomzamo permaneciendo en silencio hasta el final del vídeo, cuando se la escucha decir: «Esta es la vida que vivo, día y noche».
El líder zulú expresó su «profundo» arrepentimiento después de la filtración. Y un portavoz de Palacio salió al paso para lamentar el «dolor» y la «vergüenza» que podía haber causado el arrebato del rey, pero también explicó que se trataba de hechos pasados, que ya habían sido superados, subrayando que la relación actual entre el matrimonio era excelente, como se había reflejado en los últimos actos oficiales a los que habían acudido juntos.
El vídeo provocó una fuerte división en las redes sociales entre ciudadanos sudafricanos: mientras unos acusaron de inmediato al rey de comportamiento abusivo e indigno, otros criticaron a la reina por ventilar asuntos privados en público. El escandaloso episodio también ha reabierto debates muy serios en el país austral, como el preocupante problema de alcoholismo que se ha convertido en una gran lacra social o la demanda de algunos colectivos para que las Monarquías tradicionales de Sudáfrica se sometan a regímenes de rendición de cuentas ahora casi inexistentes.
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Desde la promulgación de la Constitución de 1996, Sudáfrica, la pujante República que es un caleidoscopio de etnias, culturas e idiomas, como casi todo el continente, reconoce oficialmente el estatus de los llamados líderes tradicionales sudafricanos, incluidos los monarcas de siete reinos. De todos ellos, el más importante es el zulú, tanto porque ejerce una gran influencia sobre casi un quinto de la población sudafricana, como por el largo historial de relaciones entre esta Monarquía y otras dinastías africanas. Al grupo zulú pertenece, por ejemplo, el ex presidente sudafricano Jacob Zuma, que entre los suyos mantiene su predicamento intacto, sin que le hayan pasado factura los escándalos de corrupción que le acorralan.
La Casa Real zulú recibe una asignación anual de unos cinco millones de dólares por parte del Gobierno de Sudáfrica, sin contar una cantidad en concepto de salario para el titular de la dinastía. Pero, sobre todo, la familia real controla el Ingonyama Trust, una corporación que gestiona el 30% de todas las tierras cultivables de la provincia de KwaZulu-Natal -aproximadamente del tamaño de Bélgica-, dirigida, al menos sobre el papel, a que los beneficios mejoren las condiciones de vida de los zulúes.
Fuente: https://www.elmundo.es/loc/casa-real/2026/07/23/6a608c50fc6c8313538b4575.html