El director ejecutivo de Meta llevaba en la muñeca un modelo de George Daniels, el último gran héroe de la relojería artesanal

Carlos Primo / ICON
El lunes, Mark Zuckerberg acudió por primera vez a la gala del Met. Aunque el director ejecutivo de Meta no posó en la alfombra roja y acudió directamente a la cena —donde probablemente se sentó en la mesa de Anna Wintour, anfitriona del evento—, su look no pasó desapercibido. Lució un esmoquin clásico de Prada, nada extravagante pero alejado de su fidelidad de antaño a los vaqueros y la camiseta de algodón. Esta elección ha dado pie a la periodista de The New York Times Vanessa Friedman a hablar de su Met-amorfosis, un juego de palabras que alude a su transformación estilística, que Friedman atribuye al éxito de las gafas inteligentes comercializadas por Meta. Desde luego, como afirma la periodista, un esmoquin de Prada nunca es un esmoquin sin más, por muy ortodoxo que sea. Pero ya hay quien ha empezado a alertar de que el verdadero protagonista del look no era el traje, sino el reloj que Zuckerberg llevaba en la muñeca.
No se sabe exactamente de qué modelo se trata: al haberse saltado la alfombra roja, hay menos fotos del magnate tecnológico que de otros invitados, y pocas que permitan apreciar el diseño con detalle. Pero, a falta de resolución suficiente para leer el logo de la esfera, sí parece claro que lleva la firma de George Daniels. Y ese nombre es de todo menos menor.
Se sabe que Zuckerberg es aficionado a los relojes. Y también se sabe que esta afición se ha desarrollado con rapidez. Como comentó acertadamente el especialista Oren Hartow en GQ, el fundador de Facebook descubrió la relojería en septiembre de 2024 —se lo vio admirando un Richard Mille en una boda— y un mes después ya tenía un Patek Philippe y un FP Journe. Dado que ambas marcas son enormemente exclusivas, y que los coleccionistas compiten entre sí para hacerse con los modelos más emblemáticos, parece que Zuckerberg se ha tomado en serio su nueva afición. Pero el George Daniels que lleva en la muñeca marcaría un antes y un después. Porque no hablamos de cualquier relojero, sino de uno de los relojeros más influyentes y geniales del último medio siglo, conocido precisamente por su culto a la artesanía extrema y a la individualidad.
Más información
En los libros de historia de la relojería, el británico George Daniels (1926-2011), que se crio en una familia humilde y empezó a arreglar relojes para sacarse algo de dinero, es conocido como el inventor del escape coaxial, un sistema que permite alargar la vida de los relojes mecánicos reduciendo la fricción que se produce entre engranajes y pestañas. Lo inventó en 1975 y se lo presentó a varias empresas, sin grandes resultados. Pero a mediados de los noventa Omega decidió introducirlo en sus relojes y el resultado fue una de esas innovaciones que impulsaron la marca y el sector para el futuro. Para la posteridad, esa fue su aportación más destacada. Pero la más decisiva fue una nueva forma de entender el negocio. En los años sesenta, cuando Daniels empezó a despuntar como relojero, la llegada de los modelos de cuarzo —los relojes a pilas, para entendernos— puso al borde del abismo a todo un oficio que hasta entonces se había basado en la destreza mecánica. La relojería tradicional tuvo que reinventarse, y cada uno buscó un modo de lograrlo.

El camino que tomó Daniels fue el menos obvio y, a primera vista, el más arriesgado. Ya que la industria había quedado amenazada por la propia lógica del desarrollo industrial, decidió orientarse hacia la artesanía. Daniels, que conocía al dedillo la historia del legendario Abraham Louis Breguet —no en vano escribió una biografía de este genio de principios del XIX, el fundador de la alta relojería—, decidió adoptar todos esos métodos que el progreso había dejado en la cuneta. Empezó a fabricar a mano y en primera persona todos y cada uno de los componentes necesarios para componer un reloj mecánico, convirtiéndose de facto en un mito: fue el primer hombre en fabricar íntegramente a mano un reloj. Gracias al apoyo de algunos aficionados y coleccionistas que supieron ver su valor y los adquirieron por generosas sumas, George Daniels creó durante décadas relojes —primero de bolsillo, después también de muñeca— con afán de artista: podía tardar hasta un año en acabar cada pieza, que siempre era distinta al resto e introducía sutiles variaciones en la ortodoxia del oficio. Por eso, a lo largo de su carrera, en su taller de la Isla de Man, lejos de Ginebra y del mundanal ruido, Daniels produjo solo 37 relojes.
Es una producción de artista, más que de relojero. Y esa fue su segunda gran aportación al sector, después del escape coaxial: en cierto modo, Daniels fue el creador de la relojería independiente, ese sector que, en un mercado lleno de empresas enormes y cifras de vértigo, apuesta por producir unas pocas piezas con estándares artesanales y precios prohibitivos que, en muchos casos, acaban en los museos. De Daniels, por ejemplo, hay un soberbio cronómetro con tourbillon en la colección del Museo Británico.
¿Cuál es el reloj de Daniels que lució Zuckerberg? Según Young Brando, un experto en relojería histórica muy activo en redes sociales, el modelo elegido por el empresario sería el George Daniels Anniversary, que a su vez tiene su propia historia: fue la última colaboración entre Daniels y Roger Smith, un joven relojero que un día se acercó a él para mostrarle un reloj de bolsillo que había creado pieza a pieza siguiendo al pie de la letra las instrucciones que Daniels había escrito en su libro Watchmaking. El maestro había encontrado a su discípulo, y su último proyecto juntos, lanzado en 2011, fue este modelo, un reloj de muñeca concebido según los estándares artesanales y técnicos de Daniels, pero ensamblado a mano por Smith. Su nombre rinde homenaje al 35º aniversario de la invención del escape coaxial, y por ello solo se producirían 35 unidades de este modelo en oro amarillo (aunque hubo cuatro modelos más en oro blanco, y otros tantos en platino).
Es difícil saber su precio. Según el portal especializado Fratello Watches, en sus últimos tiempos Daniels colaboraba con Roger Smith para producir ocho relojes al año con precios superiores a 100.000 libras. Uno de sus modelos más legendarios, el Space Traveller I de 1982, se subastó por 4,6 millones de dólares en 2019 y batió el récord para un reloj británico en subasta. Si el modelo lucido por Zuckerberg es en efecto uno de los Anniversary en oro amarillo, hay dos pistas muy a tener en cuenta, porque en los últimos años se han subastado dos unidades: una en Phillips, en 2023, por 609.000 dólares, y otra en Sotheby’s, hace menos de un año, por 571.500 dólares. ¿Fue Zuckerberg quien adquirió uno de estos modelos? No parece factible averiguarlo de forma fehaciente, pero está claro que al fundador de Facebook le gusta la relojería y ha decidido jugar a lo grande: con conocimiento experto y presupuestos solo al alcance de un milmillonario de Silicon Valley como los que han acaparado la última gala del Met.
