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El modesto acento, un signo con muchas más funciones de las que te imaginas | El Confidencial

En español, la tilde, por presencia o ausencia, se emplea principalmente para señalar la sílaba tónica. Sin embargo, el acento también tiene un uso fonológico, gramatical y distintivo

(iStock)

Por Rafael del Moral / El Confidencial

Las tildes y otros signos añadidos a vocales o consonantes sirven para marcar la localización del acento prosódico y también cumplen funciones fonológicas, gramaticales y distintivas. En español, la tilde, por presencia o ausencia, se emplea principalmente para señalar la sílaba tónica; si bien no solo para eso, pues la tilde diacrítica permite distinguir palabras de igual forma gráfica, pero distinta función o significado: él frente a el frente a tu

En otras lenguas, los signos diacríticos cumplen funciones adicionales. En francés, la tilde (é, è, ê) marca la apertura vocálica o conserva información etimológica. En été (‘verano’) indica que las vocales deben pronunciarse cerradas; y en frère (‘hermano’), abierta. En être (que se pronuncia /ɛtʁ/), la tilde señala la pérdida de una consonante, casi siempre una s, pues procede del francés antiguo estre y, en último término, del latín esse. De modo similar, en italiano la tilde grave y la aguda pueden indicar tanto la posición del acento final (cittàperché) como la calidad de la vocal (è frente a é). En alemán, la diéresis (ä, ö, ü) señala una modificación del timbre vocálico que distingue significados: schon (‘ya’) frente a schön (‘bonito’). En turco, la diferencia entre s y ş es fonética y distintiva, es decir, cambia el sonido y puede cambiar el significado de la palabra. La grafía s se pronuncia como una alveolar sorda /s/, similar a la de sapo; y la ş (s con cedilla) como una fricativa postalveolar sorda /ʃ/, equivalente al sonido sh del inglés ship. Para esta misma distinción utiliza el checo las grafías s y š. En la escritura árabe, los puntos diacríticos aparecen encima o debajo de algunas consonantes para distinguirlas. La bāʾ (ب) representa el sonido /b/ y se escribe con un punto debajo; con dos puntos arriba es la tāʾ (ت), que representa el sonido /t/; y con tres puntos es la ṯāʾ (ث), interdental /θ/, similar al sonido inicial de think en inglés. 

En español, el uso de las tildes constituye una dificultad incluso para los hablantes instruidos. No son fáciles de memorizar y mucho menos de aplicar, porque exigen la identificación correcta de la sílaba tónica. Parece sencillo, pero resulta complicado porque la distinción entre palabras agudas, llanas y esdrújulas no siempre se percibe de manera intuitiva. Superado este primer escollo, aparecen los diptongos, hiatos y triptongos, un asunto más que discutible. Sin esta distinción no pueden aplicarse las normas. La tercera dificultad surge de la inseguridad que provocan las tildes diacríticas en parejas de palabras como  (verbo) y se (pronombre), más (adverbio) y mas (conjunción), que tan fácilmente generan confusiones. Por todo ello, la acentuación gráfica en español resulta un asunto tan complejo que encontramos gente de alto nivel cultural incapaz de aplicar correctamente la norma. He leído tesis doctorales —y no pocas— con errores ortográficos más o menos admisibles, pero también con demasiadas faltas relacionadas con el uso de las tildes. 

Las reglas de acentuación podrían simplificarse, pero ya no es posible. El usuario, en general, rechaza cualquier cambio como si un dios menor –y no académicos tan humanos­– hubiera dictado las normas. Recuérdese la polémica en torno a la supresión de la tilde diacrítica de solo. Hay otros cambios que podrían resultar positivos, pero son utópicos. Nos ayudarían a escribir mejor, pero a estas alturas parecen inviables.

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Rafael del Moral

Una propuesta muy simple y fácil de memorizar consistiría en tildar siempre que la sílaba tónica no fuera la penúltima, es decir, que no fuera llana, que son mayoritarias. Quedaría así una regla única y sencilla: si no es llana, lleva tilde. Otra norma, también de aplicación impensable —aunque conviene mencionarla—, sería eliminar las tildes diacríticas. Una medida muy favorable para las nuevas generaciones de titulados universitarios. Una vez desaparecidas, habría que interpretar por el contexto el valor de palabras homónimas como se o de. Aunque nada vaya a cambiar, podemos reflexionar y deducir que cualquier reforma tendría ventajas y lógicos inconvenientes. 

¿Y qué sucede en otras lenguas? En términos generales, pueden distinguirse cuatro grandes modelos: uso de tildes para señalar el acento, como en español; ausencia de tildes aunque podrían venir muy bien; ausencia de tildes porque el acento es predecible; y lenguas sin sílabas de intensidad.

Lenguas con tildes para señalar el acento

El griego antiguo ya marcaba el acento con signos gráficos (agudo, grave y circunflejo). En la tradición latina medieval, los copistas usaban signos suprasegmentales para indicar el acento, la cantidad vocálica o para evitar ambigüedades. Las tildes romances son herederas de estas prácticas paleográficas. El español sistematiza su uso a partir de los siglos XVIII y XIX, al ser una de las primeras lenguas modernas en fijar reglas claras, estables y ampliamente difundidas, y en ofrecer un modelo coherente y exportable. 

En portugués, las tildes indican acento, timbre vocálico y variación fonética, pues distinguen entre vocales abiertas y cerradas (é / êó / ô). Emplea además el signo de nuestra eñe (~) para marcar la nasalizaciónmão (‘mano’) indica que la ã debe pronunciarse nasal porque la palabra tuvo históricamente una consonante n, que conserva el español mano, el italiano mano y el francés main. Si una palabra no lleva tilde y termina en a, e, o, -em o -ens, es llana; si termina en cualquier otra letra, es aguda. La palabra lleva tilde cuando no sigue la regla general, es decir, cuando el acento es irregular. Si la tilde es aguda, la vocal es abierta, como en café, y la palabra es aguda; si es circunfleja, la vocal es cerrada y la palabra suele ser llana, como en você. Las palabras esdrújulas llevan siempre tilde. 

Las reglas de acentuación del gallego son muy parecidas a las del español, aunque la tilde diacrítica es más frecuente y utiliza de manera sistemática la tilde grave y aguda para marcar timbre vocálico. Las esdrújulas se tildan siempre.

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También el catalán refleja diferencias de pronunciación en las vocales: é/è y ó/ò cerradas y abiertas. Asimismo, utiliza la tilde diacrítica para diferenciar déu (‘Dios’) frente a deu (‘diez’), o més (‘más’) frente a mes (‘mes’). Si una palabra no lleva tilde y termina en vocal o en -s, se considera llana; si termina en consonante distinta de -s, es aguda. Al igual que en portugués, se coloca la tilde cuando la palabra no sigue la regla general o cuando es necesario marcar un hiato o el timbre vocálico. Las palabras esdrújulas y sobreesdrújulas llevan siempre tilde. 

Las normas de acentuación del griego moderno se reducen a una regla única y fácil de memorizar: «Todas las palabras llevan acento gráfico en una de las tres últimas sílabas, nunca más atrás. Los monosílabos solo se acentúan para evitar ambigüedad». 

Otras lenguas en las que la tilde marca el acento tónico son el náhuatl y el quechua, en sus escrituras estandarizadas, y el guaraní, en algunas de sus ortografías. 

Las que no señalan el acento (aunque vendría bien) 

El ruso, el italiano y el inglés tienen palabras agudas, llanas y esdrújulas, pero no utilizan tildes para señalar el acento. El usuario debe memorizar las palabras, y no las echa de menos. 

El acento más frecuente en ruso es el de la penúltima sílaba, pero puede recaer en cualquier sílaba; además, es móvil, pues puede cambiar de sílaba según el caso (nominativo, genitivo, dativo, acusativo, instrumental, preposicional), el número (singular/plural; por ejemplo: górod, гóрод, «ciudad»; gorodá, городá, «ciudades») o la forma verbal; y también es fonémico, pues puede cambiar el significado de la palabra: zámok, зáмок, «castillo»; zamók, замóк, «cerradura». Se trata de un acento importante y relevante que no se marca en la escritura, pero sí en diccionarios y libros didácticos, especialmente en libros para niños y en textos poéticos.

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En italiano, el acento casi nunca se marca gráficamente, pero aun así se distingue de manera bastante predecible gracias a reglas fonológicas y ortográficas que el hablante conoce de forma natural. La regla fundamental es que suele recaer en la penúltima sílaba. Son palabras llanas, como en catalán y de manera similar al español y al ruso. La tilde aparece solo en dos casos: cuando el acento recae en la última sílaba, con vocal aguda (perché, «por qué») o grave (città, «ciudad»), según la calidad vocálica; y en la tilde diacrítica, para diferenciar, entre otros ejemplos, dì (día, en lenguaje literario) de di (preposición «de»). En todas las demás palabras, el acento no se marca con tilde. La colocación se aprende de manera natural mediante la pronunciación estándar. El oyente identifica patrones prosódicos muy estables y, además, los hablantes los memorizan. 

Otra lengua que podría necesitar tildes, pero no las tiene, es el inglés. Al igual que el español o el italiano, cuenta con palabras agudas, llanas y esdrújulas. Aunque pueda parecer caótico, el acento en inglés es más predecible de lo que aparenta. Los hablantes nativos lo aprenden sin necesidad de señales gráficas; se marca auditivamente. El oyente lo identifica por la calidad vocálica, incluso antes que por la posición. No hay RAE inglesa; por tanto, no existe una autoridad normativa.

Lenguas de acento predecible

Algunas lenguas no marcan gráficamente la sílaba tónica porque ocupa una posición fija dentro de la palabra; por tanto, no es necesario señalar el lugar del acento, aunque sí pueden emplearse marcas diacríticas con fines fonéticos o morfológicos, como indicar la cantidad vocálica, el timbre vocal o la distinción entre consonantes. 

El acento agudo, es decir, sobre la última sílaba de la palabra, predomina en persa, el turco, el árabe clásico y estándar moderno, así como en el hebreo moderno, aunque con ciertas excepciones. En búlgaro, esta tendencia se mantiene, pero con mayor variabilidad. También las variedades centrales del quechua presentan preferentemente acento agudo, al igual que el francés. Sin embargo, si se explican las categorías de palabras agudas, llanas y esdrújulas a un francófono, es probable que no comprenda la distinción, ya que su lengua no requiere diferenciar estos patrones. En francés, las tildes cumplen funciones fonéticas y diacríticas. La tilde aguda (é) indica un sonido /e/ cerrado y estable, diferenciándose de la e sin tilde, que se pronuncia /ə/ o se debilita hasta desaparecer. El acento grave (è) abre la vocal a /ɛ/. Sobre la a, el acento grave distingue la preposición à del verbo avoir (a, «tener»), y sobre la ù, aparece únicamente en  («dónde»), frente a ou («o», conjunción copulativa). El acento circunflejo (â, ê, î, ô, û) tiene un valor histórico: señala la existencia de una consonante desaparecida, como en hôpital, derivado de hospital

En polaco, la mayoría de las palabras son llanas, por lo que no requieren marca de acento. La kreska (‘) sobre la vocal ó indica que se pronuncia /u/, recordando su articulación histórica anterior como /o/. El ogonek (¸) bajo la vocal (ą, ę) indica nasalización. De manera similar, el esperanto, lengua planificada creada por el médico polaco Zamenhof, utiliza palabras llanas de manera sistemática. Otras lenguas con acento predecible en la penúltima sílaba son el suajili, el italiano —con algunas excepciones— y el español, donde la mayoría de las palabras son llanas.

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En checo, el acento recae sistemáticamente en la primera sílaba, pero se utilizan marcas diacríticas con funciones fonéticas. La čárka (‘) sobre las vocales (á, é, í, ó, ú, ý) indica vocal larga, mientras que el háček (ˇ), una pequeña tilde en forma de «v» sobre ciertas consonantes o sobre la vocal ě, señala también longitud vocálica o modificación articulatoria. Este patrón de acento inicial se observa también en húngarofinlandés y estonio (lenguas urálicas), así como en letón e islandés.

Modelos sin sílabas de intensidad

No quedaría completo este apunte si no mencionáramos que, en algunas lenguas, el concepto de sílaba acentuada no existe. En chino mandarín, lo que afecta a la sílaba son los cuatro tonos y la ausencia de tono, que marcan la sílaba y combinan altura y melodía, y en ocasiones también intensidad y duración. El japonés tampoco tiene acento de intensidad; su acento es tonal (alto/bajo). No se marca en la ortografía, pero sí en los diccionarios, donde se distinguen las sílabas altas y bajas. El punto de descenso es lo que equivale al acento o a la mora. En coreano no hay una sílaba marcada por fuerza de voz dentro de la palabra, pero existen patrones de entonación y prominencia: algunas se pronuncian ligeramente más altas o más largas, dependiendo del ritmo de la oración, de la posición de la palabra o de la información que se desea destacar.

Cada sistema responde a su historia

La acentuación en español refleja un equilibrio siempre inestable entre tradición, claridad y resistencia al cambio. Aunque sus normas puedan parecer complicadas, forman parte de un sistema histórico que ha permitido mantener la inteligibilidad escrita. No existe un modelo perfecto: algunas lenguas optan por marcar el acento, otras confían en la intuición. Cada sistema responde a su propia evolución cultural y fonética. Más que aspirar a una reforma poco probable, conviene comprender el origen y la lógica interna de nuestras tildes. Solo así podremos valorar su función, asumir sus límites y emplearlas con mayor seguridad. 

*Rafael del Moral es sociolingüista experto en lenguas del mundo y autor de la ‘Enciclopedia de las lenguas’, ‘Breve historia de las lenguas’, ‘Historia de las lenguas hispánicas’ y’ ‘Las batallas de la eñe’, así como de numerosos artículos en revistas especializadas.

Fuente: https://www.elconfidencial.com/cultura/2026-02-20/acentuacion-tildes-lenguas-normas-1hms_4300261/

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