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El menú completo: lo que comían los filósofos de Atenas para debatir durante horas | Historia NG

Ni tomates, ni patatas, ni grandes banquetes de carne. Así era la sorprendente dieta de filósofos como Sócrates o Pericles.

Cerámica ática de figuras rojas. Banquete griego. Museo Arqueológico de Nápoles.
Cordon Press

Sarah Romero / Historia National Geographic

En la época de mayor esplendor de la Grecia Clásica, aún no se contaba con tomatepatata o pimientos, ya que todos estos ingredientes llegaron de América muchos milenios después. La realidad de la dieta ateniense era mucho más austera, basada en lo que los historiados llaman la tríada mediterránea formada por cereales, aceite de oliva y vino. Pero, ¿cómo se distribuían estos alimentos a lo largo del día?

Desayuno con pan, vino y las primeras «tortitas»

El día en Atenas comenzaba al amanecer. Antes de dirigirse al Ágora o a los campos, los atenienses tomaban un desayuno rápido y funcional conocido como akratisma. Lejos de los copiosos desayunos modernos, este consistía principalmente en trozos de pan de cebada mojados en vino puro (ákratos).

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Sin embargo, si la economía lo permitía, los antiguos griegos tenían su propia versión de las tortitas o pancakes. Los llamaban teganites (derivado de tagenon, que significa sartén). Se elaboraban con harina de trigo, aceite de oliva, miel y leche cuajada. Un manjar dulce y energético que demuestra que la pasión humana por las tortitas viene de muy lejos.

Ariston: un almuerzo ligero para seguir debatiendo

Hacia el mediodía, el calor ateniense apretaba y el estómago exigía un tentempié. Llegaba el momento del ariston, un almuerzo ligero diseñado para no entorpecer el trabajo ni el debate político. Este bocado solía consistir en más pan, queso de cabra u oveja, aceitunas, higos y, ocasionalmente, pescado salado. Era una comida rápida, a menudo consumida fuera de casa, que sentó las bases de lo que hoy es el tapeo; pequeños platos llenos de ricos manjares.

El Deipnon: la joya de la corona gastronómica

Al caer la tarde, cuando las obligaciones del día habían concluido, llegaba la comida más importante del día: era el deipnon o cena. Aquí es donde la cocina ateniense desplegaba todo su potencial. En las casas acomodadas, los hombres comían separados de las mujeres (una costumbre profundamente arraigada en la sociedad patriarcal griega) y se reclinaban en divanes para disfrutar del festín.

Crátera de Aristonotos
En la Crátera de Aristonotos se representó este combate naval y a Ulises cegando a Polifemo. Hacia 650 a.C. Museos Capitolinos, Roma.DEA / Getty Images

El plato principal solía ser un potaje o puré de legumbres (etnos), como lentejas o garbanzos, aderezado con aceite de oliva, vinagre y hierbas aromáticas. Las verduras como la col, las cebollas, los puerros y el ajo eran omnipresentes; de hecho, el ajo y la cebolla eran tan comunes que Aristófanes, el famoso comediógrafo, los asociaba a menudo con el olor típico de los soldados.

Mención especial merece el kykeon, una bebida que era a la vez comida. Consistía en una mezcla de gachas de cebada, agua (o vino), hierbas y queso de cabra rallado. Era tan espeso que se parecía a un batido moderno (o smoothie) y se consideraba un excelente digestivo, además de tener un papel central en los rituales de los Misterios Eleusinos.

¿Y la carne?

La orografía de Grecia, rocosa y seca, no era ideal para criar grandes rebaños de vacas, por lo que la carne era un bien escaso y caro, y más bien ligado a la religión, a los rituales.

Los atenienses comían carne principalmente durante los festivales religiosos, tras los sacrificios a los dioses (las hecatombes). Los dioses se quedaban con el humo, la grasa y los huesos, y los mortales se daban un festín con la carne asada. El cerdo era la opción más asequible, y las salchichas ya eran muy populares entre las clases bajas.

Mucho pescado

Lo que sí abundaba en la dieta ateniense era el pescado y el marisco. Atenas, conectada al mar por el puerto de El Pireo, disfrutaba de una gran variedad marina. Las sardinas y los boquerones eran el alimento del pueblo, a menudo consumidos en salazón. Por el contrario, el atún, el pez espada y, sobre todo, las anguilas del lago Copais, eran considerados auténticas delicias gourmet por las que los ciudadanos ricos pagaban sumas astronómicas.

El postre

Sin presencia del azúcar, todo lo que debía ser dulce en aquella época se endulzaba con miel. Los postres (llamados tragēmata) no se servían a diario, sino en ocasiones especiales. Consistían en frutos secos (nueces, almendras, castañas), higos secos, granadas y pasteles de sésamo y miel, muy parecidos al pasteli que aún se vende hoy en Grecia en forma de barrita crujiente dulce.

Y, por supuesto, en la antigua Atenas se consumía vino, pero con mesura. Beber vino puro era considerado un acto de auténticos bárbaros, algo que, según los griegos, conducía a la locura. El vino siempre se mezclaba con aguaen una gran vasija llamada crátera (generalmente en una proporción de tres partes de agua por una de vino). Esta mezcla hidrataba, aportaba calorías, desinfectaba el agua y permitía a los filósofos y ciudadanos debatir durante horas en los famosos simposios sin perder la compostura ni la razón.

Fuente: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/que-comian-antiguos-griegos-atenas-pericles_26635

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