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El doctor Lin cura huesos en tres minutos… con el pegamento de las ostras que sujetan puentes en China desde el siglo X | CRÓNICA

Al galeno Lin Xianfeng la idea se le ocurrió un día de vendaval y oleaje. ¿Pueden las ostras pegar huesos humanos fracturados? Acaba de demostrar que sí

El doctor Lin presentó sus resultados en septiembre y han tenido un impacto mediático mundial por su potencial médico. CRÓNICA

Shanghai

Durante la dinastía Song de China (entre los años 960 y 1279 d.C.), los constructores de lo que hoy es la ciudad de Quanzhou, al sur del gigante asiático, se enfrentaron a un problema con los pilares de uno de los puentes de piedra levantados sobre el mar, que se extendía más de dos kilómetros hasta la isla de Anhai. La base del puente se encontraba en mar abierto y las corrientes de agua salada y el oleaje desgastaban la infraestructura. Los funcionarios locales encontraron una ingeniosa solución: plantar ostras alrededor de los cimientos. Los moluscos, al crecer, se adherían fuertemente a la piedra y formaban masas compactas de conchas. Esas colonias naturales actuaban como una especie de cemento porque tienen un pegamento natural secretado, compuesto principalmente de carbonato de calcio y proteínas, que podía sellar las juntas y proteger la base contra el embate de las olas.

En los libros chinos se recoge la historia de las «ostras guardianas» de un puente que hoy sigue en pie como una de las primeras proezas de bioingeniería del mundo. Milenios después, los científicos chinos han rescatado los secretos de esta antigua técnica con ostras para pegar huesos humanos.

Hace nueve años, Lin Xianfeng, un joven cirujano ortopédico, leyó sobre la hazaña de los constructores de la dinastía Song durante unas vacaciones que pasó en su ciudad natal, Wenzhou. Mientras paseaba por un puente que cruzaba hasta una pequeña isla, Lin contempló una densa capa de ostras adheridas al hormigón, que permanecían firmes frente a las olas y al fuerte viento que azotaba aquel día. Entonces, al doctor se le encendió una bombilla de inspiración y lanzó interiormente una pregunta: si las ostras podían adherirse firmemente a los puentes, fortificando sus bases, o a las rocas bajo el mar, ¿podría lograrse una hazaña similar en el ambiente húmedo del cuerpo humano?

La misma pregunta se había hecho muchos años antes el profesor Fan Shunwu, un médico retirado con una experiencia de más de 40 años como traumatólogo en el Hospital Sir Run Run Shaw, afiliado a la Facultad de Medicina de la Universidad de Zhejiang, en el este de China. «Durante casi un siglo, científicos y médicos de todo el mundo no han cesado en la exploración de materiales adhesivos para los huesos. Los métodos tradicionales de fijación metálica tienen dificultades. Fijar pequeños fragmentos óseos requiere mucho tiempo y esfuerzo, porque no es fácil lograr una unión sin fisuras. Además, puede provocar la pérdida o reabsorción de fragmentos óseos durante el procedimiento. Todo cambiaría si existiera un material médico que pudiera unir directamente los huesos», lanzó Fan en una de sus tesis.

Cuando el doctor Lin entró como residente en el hospital de Zhejiang, el profesor Fan se convirtió en su mentor. Tiempo después, asesorado por el veterano traumatólogo, Lin decidió liderar a un joven equipo que investigara el desarrollo de un pegamento óseo inspirado en las ostras.

La noticia saltó en septiembre y dio la vuelta al mundo: un equipo de investigadores había desarrollado el primer «pegamento para huesos» del mundo inspirándose en las ostras que se adhieren a las rocas del océano y a los pilares de los puentes. En una conferencia de prensa celebrada en el hospital de Zhejiang, apareció el doctor Lin para presentar el Bone 02, un invento que hace un guiño a «502», un superpegamento doméstico chino de uso generalizado que fue creado en un laboratorio con ese número.

«Hemos creado un bioadhesivo que ofrece una alternativa menos invasiva a los clavos y placas metálicas que se suelen usar para tratar fracturas. Podría ser especialmente eficaz para fracturas conminutas, cuando los huesos se fragmentan en tres o más fragmentos. Este biopegamento forma uniones lo suficientemente resistentes como para soportar más de 200 kilogramos. Además, se disuelve de forma segura en seis meses», explicó el jefe de la investigación, detallando que los ensayos clínicos han mostrado resultados prometedores en más de 150 pacientes.

TRES MINUTOS

El equipo ha explicado que, en uno de los ensayos, consiguieron unir los fragmentos óseos de una rotura de muñeca en tan solo tres minutos mediante una incisión de 2 a 3 centímetros para inyectar el pegamento, mientras que la intervención estándar habría requerido una incisión más grande para implantar placas de metal y tornillos, con riesgos de daño a los nervios y una segunda cirugía un año después para retirar los materiales. La recuperación completa del paciente tardó tres meses.

Lin ha explicado en varias entrevistas para las televisiones locales que la obsesión por encontrar este biopegamento nace de la frustración de dedicar muchas horas en el quirófano tratando fracturas. «Durante los primeros años, la investigación se estancó porque intentábamos encontrar un compuesto que pudiera formar rápidamente enlaces fuertes en el torrente sanguíneo y presentar una excelente biocompatibilidad para evitar daños a los tejidos y que la absorción fuera segura en el organismo», explicaba.

Imagen de una intervención del doctor Lin Xianfeng.
Imagen de una intervención del doctor Lin Xianfeng.CRÓNICA

A través de muchos estudios sobre el mecanismo de adhesión biológica de la ostra, de cientos de optimizaciones de pruebas y experimentos con ratones y conejos, el equipo de Lin logró crear un material carente de toxicidad y que permite una unión instantánea y resistente en apenas tres minutos. «El material es completamente biodegradable y se reabsorbe de forma natural a medida que el hueso cicatriza durante aproximadamente seis meses, creando una apariencia sin cicatrices y eliminando la necesidad de una segunda cirugía, como se requiere en el proceso tradicional», detallaba Lin. «Es adecuado para la reparación de fracturas de todos los tamaños y en prácticamente todas las partes del cuerpo, especialmente fragmentos óseos diminutos que son difíciles de reparar con instrumentos tradicionales».

Lin ha estado desde 2016 experimentando con las secreciones de las ostras para desarrollar un efectivo pegamento no tóxico para los huesos, pero el «cemento» de estos moluscos lleva mucho tiempo intrigando a investigadores de todo el mundo. En 2010, un equipo estadounidense de la Universidad de Purdue publicó un estudio en el que descifraba los componentes químicos del adhesivo producido por las ostras. «El cemento de ostras parece ser más duro que las sustancias que los mejillones o los percebes usan para unirse a las rocas, y podría ser la clave para desarrollar pegamentos más ecológicos con aplicaciones que van desde la odontología hasta la construcción y el transporte marítimo», señalaba el director del informe, el químico Jonathan Wilker.

Rebecca Metzler, otra investigadora de la Universidad Colgate, en Nueva York, también lideró un equipo que investigó las características del pegamento de las ostras y su funcionalidad a la hora de unir implantes dentales: está compuesto por diminutas partículas de un mineral llamado aragonito, que se combina con una serie de proteínas que empujan al desarrollo de mejores pegamentos sintéticos y ecológicos. Ahora, las ostras que ya fijaban puentes en la dinastía Song, pueden ser la clave para un revolucionario pegamento de huesos fracturados.

Fuente: https://www.elmundo.es/cronica/2025/10/08/68e00beefc6c8306728b457a.html

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