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El chuletón de Ávila será ‘escocés’: permiten el cruce con la raza angus para aumentar la producción | El Confidencial

EC Diseño/iStock.

Por Javier Melguizo / El Confidencial

Que a nadie le extrañe ir caminando por la Sierra de Gredos y encontrar un toro de raza angus, visiblemente reconocible por la ausencia de cuernos, su cuerpo robusto y un pelaje negro o rojizo. Sobre todo, después de que el Ministerio de Agricultura haya avalado el cruce de esta variedad bovina de origen escocés con la autóctona vaca avileña para elaborar la Indicación Geográfica Protegida (IGP) Carne de Ávila. Una decisión de negocio, enfocada en aumentar la producción de este sello de calidad.

El principal atractivo de esta raza extranjera es su gran rendimiento cárnico. Originada en los condados escoceses de Aberdeenshire y Angus, mediante el mestizaje de ejemplares locales, soporta climas fríos y adversos gracias a un metabolismo que le hace engordar más rápido y con un mayor porcentaje de carne aprovechable. Estas cualidades la hacen ser uno de los ganados más populares del mundo, aunque aún sea minoritario en España, el tercer mayor productor de vacuno de la Unión Europea.

Ningún sello de calidad español relacionado con el vacuno había autorizado hasta el momento el cruce con angus. El primero ha sido la IGP Carne de Ávila, que a través de su Consejo Regulador lo solicitó en abril de 2024, consiguiendo hace solo dos semanas el visto bueno del Ministerio de Agricultura, como figura en el Boletín Oficial del Estado (BOE). Solo queda publicar los cambios en el Diario Oficial de la Unión Europea y, a partir de entonces, se podrán emplear sementales de angus para montar vacas de la raza avileña negra ibérica.

Para justificar que la carne de los animales surgidos de ese mestizaje no pierde la calidad que se le presupone a esta IGP, el Consejo Regulador encargó un informe a la Universidad de Zaragoza y al Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario (IMIDRA). Los resultados se compartieron con las autonomías donde se crían las reses que se destinan después a producir la Carne de Ávila (Andalucía, Aragón, Extremadura, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Madrid y La Rioja) y todas ellas se abstuvieron en una votación posterior para aprobar los cambios. Por lo tanto, solo ha contado con el aval explícito del Ministerio de Agricultura.

Los terneros con genes Angus convierten el pasto en músculo con mayor eficiencia, alcanzando antes su peso óptimo

Más allá de si la calidad o el sabor siguen siendo iguales, lo que se consigue es maximizar la producción. Los terneros con genes angus convierten el pasto en músculo con mayor eficiencia, alcanzando antes su peso óptimo, lo que se traduce en una reducción de costes para el ganadero. Así se puede sacar al mercado más chuletones o entrecots de esta denominación, ofreciendo un precio más asequible que el de otras figuras de calidad con las que compite y que no permiten el cruce con otras razas foráneas más rentables.

Desde el Consejo Regulador, el órgano encargado de gestionar y controlar el sello de calidad, reconocen que esta flexibilización de las exigencias de elaboración busca «adaptar la producción a las demandas actuales del mercado». Sostienen que la inclusión de esta nueva raza «permite diversificar la oferta y mejorar la competitividad de la IGP sin alterar sus estándares de calidad y autenticidad».

La otra decena de sellos que certifican productos vacunos contempla el cruce con la raza Charolés o Limusín

Entre sus competidores, la IGP más pura es la de Ternera Asturiana, que es la única que solo acepta las dos vacas autóctonas del principado. La otra decena de sellos que certifican productos vacunos, entre los que están la IGP Ternera Gallega o la IGP Carne de Cantabria, contemplan el cruce con sementales de charolés o limusina, dos razas de origen francés que también engordan a más velocidad y dan mejores rendimientos. La propia IGP Carne de Ávila permite igualmente el uso de ambas desde antes de añadir angus.

No obstante, aunque procedan de más allá de los Pirineos, esas dos razas están profundamente asentadas en España desde comienzos de la década de 1960, antes de que naciesen todos estos sellos de calidad. De hecho, ambas figuran entre el medio centenar de variedades bovinas recogidas en el Catálogo Oficial de Razas de Ganado de España. Según el último censo oficial actualizado a cierre de 2025, hay 64.800 ejemplares de limusina y otros 11.700 de charolesa. Por ponerlo en perspectiva: de avileña negra ibérica y de rubia gallega hay unos 42.900 y 27.400 animales, respectivamente.

Del censo de angus no hay datos públicos porque, aunque llegó a estar en ese Catálogo Oficial de Razas de Ganado de España, fue excluida en 1997. En aquel momento, tenía una presencia testimonial en el territorio nacional, por lo que no cumplió con los requisitos exigidos por una nueva normativa que reorganizó ese listado, utilizado para canalizar las ayudas estatales destinadas a proteger el patrimonio genético español y a las razas extranjeras fuertemente implantadas aquí.

Del censo de angus no hay datos públicos porque fue excluida del Catálogo Oficial de Razas de Ganado de España

Pese a que la mayoría de los sellos de calidad del vacuno consienten el mestizaje, no es obligatorio que identifiquen en el etiquetado el porcentaje racial de la carne. Por lo tanto, siguiendo con el ejemplo de la IGP Carne de Ávila, el consumidor no sabe si compra un chuletón 100% vaca avileña o 50% angus. Mostrar esos datos es opcional, de acuerdo con el reglamento comunitario sobre la información alimentaria, que sí exige indicar el código de trazabilidad, el lugar de origen y la categoría del producto.

El propio pliego de condiciones de la IGP Carne de Ávila exime de indicar el porcentaje racial. Entre toda la información contenida en su etiquetado, obliga a reflejar datos como la zona de origen, el lugar donde se ha despiezado la carne o la fecha de sacrificio; pero no si proviene de una hibridación. No obstante, el Consejo Regulador remarca que el cruce con angus «ofrece un rendimiento productivo similar al realizado con charolés, pero genera mayor interés entre los consumidores».

No ocurre lo mismo con el jamón ibérico, donde hay una norma española más exigente que la europea, en la que se obliga a señalar de manera clara en la etiqueta cuál es el porcentaje racial. Incluso hay un código de colores para que el consumidor lo pueda identificar con un golpe visual: los productos 100% ibéricos llevan un precinto de color negro, mientras que para los de 75% o 50% es rojo. Aunque es cierto que no están obligados a especificar de qué raza es el porcentaje restante.

El similar caso de la DOP Guijuelo

En el mundo del cerdo surgió el año pasado una polémica por un caso parecido al que protagoniza ahora la IGP Carne de Ávila. En aquel caso, el Ministerio de Agricultura accedió a que la Denominación de Origen Protegida (DOP) Guijuelo certifique jamones y paletas que provengan de animales que sean 50% ibéricos y 50% duroc, una raza porcina que suele tener más crías y que, además, tarda menos en crecer. Consigue así una mejora productiva similar a la que aporta angus a las vacas.

El resto de las DOP del jamón (Jabugo, Dehesa de Extremadura y Los Pedroches), que solo permiten 100% ibérico, pusieron el grito en el cielo al entender que se ha trivializado la figura de calidad, aunque la legislación nacional lo permita. Para tratar de evitarlo, tienen recurrida esa decisión, sin que todavía se haya conocido una decisión al respecto. Cualquiera que se sienta perjudicado por la admisión de la raza angus por parte de la IGP Carne de Ávila podría hacer lo propio, dentro del periodo de oposición que estará abierto hasta el próximo 24 de agosto.

Europa da un toque de atención

Utilizar hembras autóctonas y machos seleccionados de otras razas para maximizar la producción es cada vez más habitual y las figuras de calidad españolas han recibido un toque de atención por parte de la Comisión Europea. En boca del director adjunto de la Dirección de Agricultura, su compatriota Diego Canga Fano, mostró preocupación por lo que puede suponer una baja de la calidad de los sellos alimentarios nacionales, avalada siempre desde el ministerio encabezado por Luis Planas, que es el organismo que lo permite en última instancia.

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«Desde hace semanas y meses, estamos viendo una serie de enmiendas a los pliegos de condiciones que van todas en la misma dirección, la de diluir la calidad«, indicó Canga Fano en un encuentro celebrado el pasado noviembre junto a los asociados de Origen España, organización de la que forman parte tanto la IGP Carne de Ávila como la DOP Guijuelo. «Cuidado con eso, porque puede ser pan para hoy y hambre para mañana», advirtió tras reconocer que esas iniciativas pueden responder a «buenos motivos económicos, históricos o de evolución«.

Dentro del sector alimentario también se está criticando que se tramiten como normales algunas modificaciones que deberían ser mayores porque suponen cambios profundos en las condiciones del producto. En la práctica, supone que puedan aprobarse simplemente con el visto bueno del Ministerio de Agricultura, sin tener que pasar por el examen de la Comisión Europea, lo que extendería el proceso dos o tres años más. Eso es lo que ha sucedido con Carne de Ávila y anteriormente con Guijuelo.

Fuente: https://www.elconfidencial.com/empresas/2026-08-01/chuleton-avila-escoces-vacas-angus-produccion_4396544/

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