#ElRinconDeZalacain | La romería del Carmen, con las “peras en dulce”, el danzón del “40 Pelos”, los antojitos poblanos y un temblor
Por Jesús Manuel Hernández*
Cada 16 de julio, durante muchos años, se repetía la tradición de ir en romería al Jardín del Carmen, casi siempre a media tarde, Zalacaín y sus amigos de la infancia llevaban unos dos o tres pesos en los bolsillos y eso bastaba para consumir algunas chalupas, de las de antes, una “pelona” con carne deshebrada y quizá alguna chancla o un chileatole.
Los chamacos de esa época acostumbraban a subirse a algún juego mecánico o ver el espectáculo de box, jugar a colocar las canicas en los agujeros, alterados, para conseguir un peluche para la amiga.
La Feria del Carmen quizá sea la más popular entre los poblanos del siglo pasado, seguida por la de San José. Su influencia se prolongaba a varias calles alrededor del Templo de la Virgen del Carmen.
El jardín, construido sobre un cementerio, tenía árboles y pasto. Hoy día la zona es más bien un “patio”, una especie de explanada con algunas áreas verdes, y su uso es lo mismo para eventos artesanales, venta de libros y el 16 de Julio la festividad del Carmen.
Zalacaín había encontrado recientemente un libro escrito por Antonio Deana Salmerón, “Cosas de Puebla”, editado por la Junta de Mejoramiento Moral, Cívico y Material del Municipio de Puebla, así se llamaba, en el año de 1986; recoge varios relatos sobre actividades religiosas y una de ellas es precisamente la llamada por Deana “Festividad de la Virgen del Carmen 16 de Julio”.
Zalacaín buscó el relato y lo leyó a una amiga, de nombre Carmen, contándole las tradiciones del siglo pasado en el centro de Puebla.
Y Deana Salmerón escribió:
“Estamos en vísperas de la gran romería de Ntra. Señora del Carmen y ya comienzan los preparativos de la fiesta que tiene duración en todo el novenario, y después, los días siguientes hasta la celebración de la Octava.
“Frente a la iglesia hay un hermoso jardín, cuyos añosos árboles son mudos testigos de más de cuatro siglos que dan testimonio de la grandiosidad de los tiempos idos. Alrededor del jardín instalaron los juegos mecánicos en los que no faltan ‘La Rueda de la Fortuna’, ‘Los Caballitos’, ‘Los Volantines’, ‘La Ola’, ‘El Látigo’, ‘El Gusano’, ‘La Casa de la Risa’, ‘La Casa de los Monstruos’, etc. que son la diversión de chicos y grandes. Por otra parte, han colocado enramadas con banderitas de papel de china, de papel picado como le llaman, con los colores azul y blanco que son los distintivos de la Virgen María, en las calles de la 16 de Septiembre, desde la 19 Oriente-Poniente hasta la 9 Oriente-Poniente.
“En estos días las calles se hacen intransitables por la cantidad de puestos que ponen con los antojitos poblanos: chalupas, molotes de rajas, de tinga, de sesos y de papa; tacos fritos de papa, de tinga, de carne deshebrada, bañados con salsas verde, roja, y crema; pambacitos y pelonas con carne también deshebrada, las mismas salsas y ‘jocoque’ -crema agria de leche-, elotes hervidos, chileatole, buñuelos, etc. En el cubo de los zaguanes de algunas casas que dan a las calles de las 16 de Septiembre, improvisan pequeñas fondas adonde venden el exquisito y oloroso mole de guajolote (pavo). Así en forma muy sencilla, en una mesa larga con una cubierta de hule de colores a manera de mantel, unas bancas muy rústicas y en platos de porcelana corriente, sirven el mole, con la pieza del animal al gusto del cliente: pierna, muslo, alón, pechuga, canasto, pescuezo o rabadilla. Esto ocurre el mero día 16 de julio, día de la festividad de la Virgen del Carmen; en este mismo día entran las nueces, y así vemos a los indígenas procedentes de Calpan y Huejotzingo, con sus costales, vendiendo las nueces de la primera cosecha. La temporada de la nuez empieza el 16 de julio y termina en los últimos días de agosto con la festividad de Ntro. Padre San Agustín; pero lo que más abunda son los puestos de peras en dulce o en almíbar, que son tradicionales en esta famosa verbena. Siempre me preguntaba el origen y el porqué de ‘Las Peras en Dulce’ en las fiestas del Carmen. Pues la razón es muy sencilla: al establecerse los religiosos carmelitas en esta Ciudad, como en todos los conventos de la Nueva España tenían sus huertas; estos frailes mirando la fertilidad de la tierra, importaron de Castilla árboles de peras, que plantaron en sus huertas, y a los pocos años como éstos daban abundantes frutos, los vendían a la gente del barrio, y con el ingenio característico de nuestro pueblo ¿qué mejor manera de vender los productos de la tierra, que en la romería de la Virgen del Carmen?, además de vender la fruta tenían alguna utilidad adicional vendiéndola como dulce. Por esto es que desde hace siglos venden en esta única festividad, las ‘Peras en Dulce’ y dicho sea de paso, que son exquisitas. Naturalmente, ahora ya no son las peras que se daban en las huertas del convento del Carmen, ahora son de Calpan, Cholula, Huejotzingo y San Martín Texmelucan, pero la tradición prevalece desde aquellas lejanas épocas.
“En las calles que cruzan la 16 de Septiembre ponen tablados para rines de lucha libre y box, y también para bailar, con una orquesta muy pobre, pero que da alegría a la fiesta. Esto me recuerda dos incidentes que ocurrieron hace muchos años en la verbena del Carmen: Había en la Ciudad un hombre que apodaban ‘El 40 Pelos’, una figura de barrio que vivió por la década de los años ‘40 y que hizo época en su tiempo. Era terriblemente calvo y el poco pelo que tenía estaba enteramente blanco, así que era un hombre de edad avanzada, pero muy alegre y jovial, además de ser un magnífico bailarín y en todas las verbenas de la Ciudad, esa figura legendaria hacía alarde de sus facultades, bailando el danzón sobre un ladrillo o sobre un pañuelo y con esto arrancaba la ovación de la multitud que se congregaba alrededor del tablado para verlo bailar, siempre acompañado de esas hembras de ‘rompe y rasga’ mucho más jóvenes que él, pero que se acoplaban divinamente para bailar el danzón.
“Precisamente en una de las fiestas del Carmen, habían instalado el tablado para bailar justamente enfrente de los baños públicos “La Estrella” y a medio danzón, cuando el ’40 Pelos’ se lucía con sus habilidades, se vino abajo el tablado con todo y ’40 Pelos’ y la muchacha con quien bailaba; salvo unos cuantos magullados no pasó a mayores, pero si este incidente, echó a perder la fiesta.
“Por esos mismos años, un 16 de julio, que fue domingo, cuando la romería estaba en todo su apogeo, serían como las 8:00 de la noche, cuando un fuerte temblor de tierra sacudió la Ciudad; yo caminaba por la avenida 13 Poniente y en la esquina con la 16 de Septiembre habían instalado “La Rueda de la Fortuna”. A la hora del temblor los que ocupaban los asientos de arriba de la rueda, querían tirarse al suelo por el fuerte movimiento de la tierra. Por fortuna también, no hubo desgracias personales, pero si se malogró la festividad de Ntra. Señora del Carmen de tal suerte, que todo mundo corrió a su casa, dejando las calles desiertas”.
Vaya descripción de don Antonio Deana Salmerón sobre cómo los poblanos de hace 40 o 50 años celebraban las fiestas del Carmen; hoy día, los alimentos típicos, el danzón, los juegos mecánicos, han sido desplazados por la modernidad, el toque poblano se ha quedado en la memoria de los viejos, en las letras de las crónicas, pues la “verbena” ha dado paso a la comida oaxaqueña, en el mejor de los casos, o extranjera, en el peor.
Pero esa, esa es otra historia.
YouTube El Rincón de Zalacaín
* Autor de “Orígenes de la Cocina Poblana” Editorial Planeta.