Paradoja olfativa: el alcohol, aquella panacea de la medicina que hizo posible la perfumería moderna, hoy se debate entre polémicas virales. ¿La consecuencia? Un ejército de brumas y fragancias, que prescinden de él, para complacer a todos

Clara Buedo / S Moda
Cuesta creer que el origen de una de las sustancias más polémicas en redes sociales actualmente, el alcohol, provenga de un pigmento oscuro muy finamente molido que utilizaban las mujeres de la Antigüedad para proteger y embellecer sus ojos. Los árabes, en un alarde de ingenio y sencillez, lo llamaron “el polvo finamente molido”: al-kuhl. Para un contemporáneo, alcoholar los ojos podría parecer una aberración; sin embargo, fue una expresión médica común de la España medieval que implicaba proteger la mirada con sustancias medicinales micronizadas. Estos expertos alquimistas que hicieron posible la génesis de la perfumería moderna, extendieron la terminología equiparándola a los gases o vapores de alta volatilidad que emanaban de la destilación del vino —la principal fuente de etanol—, generando en la atmósfera esa percepción de diminutas partículas en suspensión, como polvo finamente molido. Pensaron que, al elevarse a los cielos, era una manifestación divina, por ello lo llamaron ‘espíritu’, así, en la Europa renacentista se denominó a los licores ‘bebidas espirituosas’. La cosmovisión islámica extendió esta perspectiva a las especies botánicas al ser destiladas, el etanol capturaba su alma o espíritu para obtener su esencia más sagrada, sus moléculas.
El alcohol fue tan codiciado que Europa erigió en torno a él toda una lucrativa industria de lujo. Hasta que surgió la Generación Z del siglo XXI y la comunidad #PerfumeTok de TikTok, una curiosa red social que parece medir con doble rasero, rechazando por un lado el alcohol en contacto con la piel como cuestionada sustancia química capaz de provocar problemas de salud, como desequilibrios en la glándula tiroides (por aquello de aplicarlo en la fina piel del cuello, dicen) y por considerarlo potencialmente carcinógeno. Mientras, por otro lado, se confiesan fanáticos de las notas boozy y la vertiente licorosa de los gourmand que invitan a un dolce far niente con efluvios de un Aperol Spritz y un toque de maracuyá. La sinopsis olfativa del hedonismo contemporáneo.
El alcohol encandila por su sensación olfativa, pero no tanto por la huella epidérmica. ¿Qué hay de cierto en la polémica? “Creo que el debate se ha simplificado demasiado en algunos espacios”, asegura Marina Barcenilla, perfumista independiente especializada en perfumería natural. Ella matiza que “el alcohol es fundamental en perfumería. Como disolvente, ayuda a solubilizar la materia aromática, favoreciendo la difusión de sus moléculas fragantes, realzando sus diferentes facetas. Es un ingrediente rigurosamente estudiado y regulado, con un perfil de seguridad ampliamente aceptado”. Algo en lo que coincide Charles de Lusignan, director de comunicación global de IFRA, la asociación internacional de fragancias que vela por la seguridad en la industria: “Tiene una larga trayectoria de uso seguro cuando se formula de acuerdo con la normativa vigente. La evidencia científica actual no respalda las afirmaciones que circulan en redes sobre que el alcohol de los perfumes cause toxicidad sistémica por penetración en órganos como la tiroides”. Por una sencilla razón: su súbita evaporación es incompatible con la necesaria penetración en una barrera multicapa y sumamente resistente como es la epidermis.
Cosa distinta es su impacto en la piel: “El alcohol puede eliminar los lípidos y agravar la disfunción de la barrera cutánea, desencadenando —en personas susceptibles— dermatitis de contacto irritativa o brotes de eccema o rosácea”, manifiesta Mazin Al-Khafaji, doctor en dermatología experto en enfermedades de la piel y medicina tradicional china, a quien no le preocupa el alcohol en sí, sino otras sustancias que lo acompañan, como estabilizantes o conservantes. Un debate que da paso a la eterna pregunta: ¿es más seguro lo natural que lo sintético? La respuesta es unánime: natural no significa inofensivo, como que sintético lleve inherente un mayor riesgo. “Existen ingredientes naturales altamente alergénicos, como el musgo de roble, y moléculas sintéticas con perfiles toxicológicos inexistentes o nulos”, mantiene Barcenilla. Todo depende de la calidad del ingrediente, la coherencia en la formulación y el nivel de exposición.
No se sabe bien si por esa actitud proclive a la sobriedad de las nuevas generaciones o por el marketing de la sensorialidad, siempre atento a los deseos del consumidor, pero las brumas corporales han revolucionado la escena olfativa. Marcas como Calvin Klein, con su acorde “segunda piel” y glicerina como agente hidratante; o Cacharel con sus Yummy Mists, afrutados y florales, en formatos coloristas y lúdicos, que apelan al frescor y la ligereza por su carácter versátil y nómada, se están convirtiendo en la elección prioritaria del público más joven. Pero mist no significa siempre alcohol-free, aunque su aspecto lo sugiera. La versión más abstemia y purista son las fragancias skin-friendly, desarrolladas bajo los parámetros de las nanoemulsiones, microencapsulaciones o micelas que atrapan los aceites aromáticos y los suspenden en agua, permitiendo que se rompan progresivamente liberando la fragancia de forma lenta y estable. Dior fue una de las pioneras (J’Adore Parfum d’Eau, 2022) al someter el concentrado puro de aceites florales a una presión extrema junto al agua purificada, rompiendo los aceites en partículas microscópicas sin necesidad de solventes químicos. Fue un hito en perfumería de prestigio que alteraba la clásica pirámide olfativa al entregar al instante su bouquet floral, en una evolución lineal y sin fases. Este punto de partida ha evolucionado hacia versiones más disruptivas como la tecnología Pearls de Microcaps (encapsulación microfluídica en perlas de alginato) que incorpora Guerlain en Aqua Allegoria Perle (2026), hidratante y sin etanol, con una presentación visual distintiva: lo que parece purpurina son las diminutas perlitas cargadas de perfume con un excelente rendimiento en la piel. Múltiples propuestas y un debate que sigue abierto; aunque el perfume, con o sin etanol, seguirá embriagando nuestros sentidos.