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Eduardo Calixto, neurocientífico: «Biológicamente no somos fieles. El cerebro humano puede amar a dos personas al mismo tiempo» | ABC

El experto explica que no existe un área cerebral que estructure la fidelidad, sino que es un concepto psicológico

Grupo de tres personas y el neurocientífico Eduardo Calixto. (Freepik/instagram)

Ana Beatriz Micó / ABC

La fidelidad es uno de los pilares fundamentales de las relaciones pareja basadas en la exclusividad, la confianza y el compromiso mutuo. Por eso, cuando aparece una infidelidad, muchas personas la viven como una de las mayores traiciones que pueden sufrir.

Sin embargo, desde el punto de vista de la neurociencia, el fenómeno es mucho más complejo de lo que parece y obliga a plantear varias cuestiones: ¿Qué ocurre en el cerebro cuando alguien es infiel? ¿Es una cuestión moral, biológica o aprendida?

«La infidelidad es un evento neuroquímico, de aprendizaje y social», afirma el neurocientífico Eduardo Calixto en el podcast ‘Tiene sentido’. «Biológicamente no somos fieles. Somos fieles por concepto psicológico», añade.

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Según explica, «no hay un área cerebral que estructure la fidelidad». Aunque existen estructuras relacionadas con el autocontrol y la toma de decisiones, el compromiso afectivo sería el resultado de procesos cognitivos mucho más complejos. «La fidelidad es un triunfo de la inteligencia, pero eso no significa que tenga que involucrar directamente ese proceso», apostilla.

El papel de la dopamina en el amor y la atracción

Calixto explica que la conducta humana no depende de un solo gen, pero sí existen variantes que influyen en ciertos comportamientos. En concreto, cita el alotipo RS334, que gestiona la vasopresina, una hormona relacionada con la respuesta sexual y los afectos con más presencia en los hombres.

«Las mujeres no tienen esta expresión. Los hombres sí. Nosotros liberamos más vasopresina. Y esta conducta está relacionada con relaciones superficiales, promiscuidad y una alta tendencia actividad sexual», explica.

A esto se suma uno de los neurotransmisores más conocidos del cerebro: la dopamina. Esta sustancia participa en los circuitos relacionados con el placer, la motivación y la recompensa. Cuando sus niveles bajan, el cerebro tiende a buscar nuevas experiencias capaces de reactivar esas sensaciones agradables.

«Los humanos, cuando disminuye la dopamina, necesitamos buscar esa fuente dopaminérgica», explica. Esto no significa necesariamente que una persona vaya a ser infiel.

De hecho, recuerda que sentir atracción por otras personas es una reacción normal incluso cuando hay una relación estable: «Es natural que tú voltees a ver a alguien que te gusta y que él voltee a ver a alguien que le gusta. Eso no significa que sean infieles», aclara.

Además, afirma, que «el cerebro humano puede amar a dos personas al mismo tiempo», ya que el amor no funciona como un interruptor que se activa o se apaga de manera exclusiva. Una persona puede sentir afecto por más de un individuo, aunque finalmente establezca prioridades emocionales.

«La persona puede amar a dos personas y jerarquizar el cariño por la persona que más quiere. Va a dar más tiempo, más atención y más procesos de construcción», precisa.

La influencia de la infancia y el entorno familiar

Más allá de la biología, Calixto destaca el enorme peso que tienen el aprendizaje y las experiencias tempranas en nuestro comportamiento.

A su juicio, aquello que observamos durante la infancia puede influir en la forma en que cada individuo entiende las relaciones sentimentales en la edad adulta porque las acciones se absorben como lo ‘normal’ y se tiende a imitarlas.

«Si en mi casa veo infidelidad, mentira o abandono, se construyen redes neuronales donde la interpretación es ‘ah, pues mira, el abuelo infiel, el tío infiel…’ Entonces, la siguiente generación tiene mucha probabilidad de llegar a ser infiel también. Hay un proceso de copiado social y psicológico», señala.

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Por último, asegura que «decir la infidelidad de la mujer es más inteligente que la del varón» porque «la mujer es quien escoge de nuevo, y lo hace con el complejo mayor de compatibilidad» para elegir a alguien con quien se sienta bien. Los hombres, por el contrario, son visuales y, sobre todo a partir de los 40 años, «premian la juventud de la mujer, la belleza»

Fuente: https://www.abc.es/bienestar/psicologia-sexo/psicologia/eduardo-calixto-neurocientifico-cerebro-humano-puede-amar-20260624154258-nt.html

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