Desde su anillo de compromiso de zafiro y diamantes hasta su reloj Cartier Tank Française de oro amarillo, algunas de las piezas más amadas de la difunta princesa han pasado a manos de sus nueras, mientras que otras no se han vuelto a ver desde su muerte.

Por Hadley Hall Meares / Vanity Fair
Traducido y adaptado por Amira Blecua
La princesa Diana adoraba las joyas y lucía sus piezas favoritas una y otra vez, a pesar de que cada anillo, pulsera y pendiente era fotografiado, examinado y analizado. Desde su trágica muerte a los 36 años en 1997, el encanto casi mítico de sus joyas solo ha crecido.
En su testamento, la princesa Diana legó sus joyas a sus hijos, el príncipe Guillermo y el príncipe Harry. “Me gustaría que destinaseis todas mis joyas a la parte que corresponderá a mis hijos, para que sus esposas puedan, disponer de ellas o utilizarlas. Dejo la división exacta de las joyas a vuestra discreción”, estipuló Diana.
Pero no es tan sencillo. Aunque a Diana se le regalaban o compraban algunas de sus piezas más famosas, muchas otras eran préstamos de su familia, el Royal Collection Trust o la colección personal de la monarquía. Otras eran préstamos de importantes casas de joyería. Mientras que algunas piezas emblemáticas se han visto desde su muerte, muchas han desaparecido de la vista del público. Uno de los ejemplos más famosos de las joyas “perdidas” de Diana es el extravagante conjunto Crescent, un llamativo y moderno conjunto de diamantes y zafiros que le regaló el sultán de Omán.
Para quienes la querían, sus joyas se han convertido en recuerdos muy preciados. Se ha visto al príncipe Guillermo con uno de sus relojes Cartier, y su hermano Harry también siente un apego especial por ciertas piezas.
“Puedo decir con total sinceridad que no me había dejado atrás nada de lo que necesitaba o deseaba en la vida, salvo algunas piezas de joyería de mamá, el mechón de su pelo que guardaba en la cajita azul y su foto con marco de plata que solía tener en mi escritorio de Eton, todo lo cual había guardado en un lugar seguro”, escribe el príncipe Harry sobre su despliegue en Afganistán en sus memorias, Spare.
Pero para sus admiradores más adinerados, las joyas de Diana se han convertido en valiosas piezas de colección y en una excelente inversión.
La afición de Diana por las joyas comenzó pronto. De adolescente, lucía en varios dedos anillos de oro que le había regalado su familia. El día que cumplió 16 años, su familia le regaló una gargantilla de oro con un colgante en forma de “D”. La “D” se convirtió en su motivo favorito en joyería, y sus amigos le regalaron otro collar con colgante para celebrar su cumpleaños. En 2017, un collar de plata con una “D” que habría pertenecido a Diana se vendió en una subasta por 8.000 dólares.
Las perlas blancas fueron sus preferidas a lo largo de toda su vida. Cuando tenía 18 años, le regalaron una gargantilla de perlas de tres hileras, una tradición de la familia Spencer para celebrar la mayoría de edad, que solía llevar con frecuencia. Gran parte de las primeras joyas de Diana le fueron robadas de su piso de Londres cuando tenía 18 años. También le gustaba llevar unos grandes pendientes de perlas “power pearl” a lo largo de los 80. Kate Middleton comparte la afición de su suegra por las perlas y se la ha visto luciendo varias de las joyas con perlas de Diana. Suele llevar la gargantilla de perlas de cuatro hileras de Diana, los famosos pendientes de perlas en forma de lágrima de Collingwood, un regalo que Carlos le hizo a Diana el día de su boda en 1981, y sus pendientes de diamantes con perlas del Mar del Sur.
A la princesa Diana le encantaban los zafiros, al parecer porque resaltaban sus ojos azules. También se divertía con la moda, luciendo con descaro piezas de valor incalculable de forma extravagante, como la vez que se puso una gargantilla Art Deco de diamantes y esmeraldas a modo de diadema en la frente. Esta pieza, que forma parte del conjunto Delhi Durbar Parure y que perteneció originalmente a la reina María, gran aficionada a las joyas, no se había visto en público hasta que Catalina, princesa de Gales, la lució en la ceremonia de entrega de los premios Earthshot en 2022.
A pesar de tener acceso a una colección de joyas con la que la mayoría solo puede soñar, a Diana también le encantaba llevar bisutería. Solía ponerse collares y pulseras grandes y llamativas cuando se reunía con niños, para que pudieran jugar con sus accesorios. “No había forma de que renunciara a llevar joyas grandes”, recordaba Anna Harvey, de la revista British Vogue, en el libro The Lady Di Look Book escrito por Eloise Moran.
Como parte del acuerdo de divorcio, Diana pudo quedarse con las joyas que había recibido durante su etapa como miembro de la realeza, pero para entonces ya había empezado a atreverse con piezas más económicas. “Cada vez se alejaba más del estilo palaciego, pasando de llevar conjuntos de perlas a collares de una sola vuelta y encontrando su identidad de moda a través de la bisutería” explicó a Vogue la diseñadora de vestuario de The Crown, Amy Roberts,
Siempre bromista, a Diana le encantaba cuando la prensa informaba de que su bisutería económica era auténtica. Ninguna de estas piezas de bisutería, a menudo compradas en la tienda londinense Butler & Wilson, se ha vuelto a ver desde su muerte y su paradero sigue siendo un misterio.
Sin embargo, algunas piezas de la joyería de lujo de Diana han encontrado nuevos y sorprendentes dueños. En 1997, Diana estrenó parte de un nuevo conjunto compuesto de 187 diamantes y cinco perlas del Mar del Sur, conocido ahora como el conjunto Swan Lake. Diseñado a medida por la lujosa joyería británica Garrard & Co., Diana lució este collar tan característico de los años 90 en una representación de El lago de los cisnes en el Royal Albert Hall. En el momento de su fallecimiento, aún no había completado la compra del conjunto, por lo que fue vendido por Garrard. Salió a subasta en 2017 y su valor se estimó en 12 millones de dólares.

En 2023, Kim K pagó 16.000 libras por una enorme collar de cruz de 1920 que había llevado Diana. Conocida como la cruz de Attalah, las piezas de amatista y diamante eran propiedad del amigo de Diana, el joyero Naim Attallah, quien se la prestó en varias ocasiones. La princesa la llevó de forma célebre con un vestido de terciopelo morado de cuello alto a una gala de 1987 para el Birthright. Kim K la vistió por primera vez en la gala LACMA en Los Ángeles, con un vestido muy escotado.
Luego existe el caso del segundo anillo de compromiso. Según su familia, el novio de Diana Dodi Fayed habría planeado dar el anillo Dis-Moi Oui de Repossi que ella había elegido en Monte Carlo días antes de su muerto. Tras la trágica muerte de la pareja, el anillo fue encontrado en el apartamento de Fayed. Heredado por su padre, Mohamed el Fayed, el anillo generó controversia cuando se expuso en Harrods como homenaje a la pareja.
Incluso la archienemiga de Diana, la ahora reina Camilla, ha llevado sus joyas, todas ellas propiedad de la corona. La más vistosa es el broche de esmeralda y diamante que Camilla rediseñó a partir de un collar que Isabel, la reina madre, le regaló a Diana en 1981.
Sin embargo, la mayoría de las piezas icónicas de Diana están ahora donde ella quería, entre las manos de sus dos hijos y sus respectivas mujeres. A continuación exploramos el destino de sus joyas más icónicas, y lo que representan. “Creo que Diana era un poco urraca, expresaba una verdadera identidad a través de sus joyas, porque muchas de las decisiones sobre ellas las tomaba ella misma”, cuenta Amy Roberts.

El anillo de compromiso
Probablemente sea el anillo de compromiso más famoso del mundo. La piedra principal es un zafiro azul corte oval, elegido por Diana en 1981. “Llegó un maletín bajo el pretexto de que Andrés iba a recibir un sello por su 21 cumpleaños y ahí había zafiros. Supongo que lo elegí yo, pero todos contribuimos y la reina lo pagó” recordaba Diana a Andrew Morton.
Diana también eligió la montura, un anillo de oro blanco con 12 diamantes rodeando el zafiro, del catálogo de Garrard & Co. Esta decisión dejó boquiabiertos a esnobs alrededor del mundo que no se podían creer que la futura reina de Inglaterra hubiera elegido su anillo de un catálogo común.
Después de la muerte de Diana, se supo que el príncipe Harry se quedó con el famoso anillo, mientras el príncipe Guillermo eligió el reloj favorito de su madre. Pero el príncipe Guillermo cambió de opinión cuando llegó el momento de proponerle matrimonio a Kate Middleton. Pensó que usar el anillo sería una forma de tener presente a su madre y de que esta no se perdiese la emoción del momento”.
Su hermano accedió feliz “Harry cedió su preciado tesoro. Le dió a su hermano lo único que guardaba de su madre. Era altruista y bueno, como Diana” recordaba el mayordomo Paul Burrell.
A mitades de 2010, Guillermo le propuso matrimonio a Kate en Kenia. Inicialmente pareció estar nerviosa por poseer una de las joyas más famosas del mundo. “Es precioso. Espero cuidarlo. Es muy muy especial” dijo.
Afortunadamente no se tuvo que ajustar la talla, le quedó perfecto.

La tiara de la familia Spencer
A fecha de 1767, la tiara Spencer había sido llevada por varias novias de la familia. Rompiendo con la tradición, Diana eligió esta tiara en lugar de una propiedad de la corona para el día de su boda. La tiara tenía motivos de tulipanes y estrellas, y un motivo de corazón en el centro.
A lo largo de los años, Diana continuó poniéndose la tiara, a pesar del “terrible dolor de cabeza” que le causaba. A día de hoy su dueño es su hermano, Charles Spencer, el noveno conde Spencer. Fue vista más recientemente en la cabeza de Celia McCorquodale, sobrina de Diana, el día de su boda en 2018.
Para su “algo prestado” Diana lució unos pendientes de diamantes de su madre, Frances Shand Kydd. Después de la boda, Frances los llevó frecuentemente y, de forma conmovedora en el funeral de su hija. Según The Royal Watcher, ahora son de la hermana de Diana, Lady Sarah McCorquodale, quien se los prestó a una exposición dedicada a su hermana. Los recuperó para la boda del príncipe Guillermo y Kate Middleton, celebrada en 2011.

El conjunto Saudí
El conjunto Saudí compuesto de zafiros birmanos y diamantes, y diseñado por Asprey, fue un regalo de bodas del príncipe Fahd de Arabia Saudita. Constaba de un collar, colgantes, un anillo, una pulsera, pendientes y un reloj de lo más chillón. Cuando Diana lo recibió estaba emocionada “Madre mía, me estoy haciendo muy rica!” exclamó, según Sally Bedell Smith
A Diana le encantaba el conjunto y a menudo lucía el colgante y la pulsera de diamantes. También reutilizó algunas de las otras piezas, creando así una gargantilla de zafiro y diamante con el reverso de terciopelo azul, que también utilizaba de diadema, y pendientes que incluían colgantes desmontables.
Kate se ha adornado con algunas de estas joyas, entre ellas lo que parece ser un collar rediseñado y pendientes colgantes, ambos adaptados a su característico estilo, más discreto y sencillo.

La gargantilla de perlas y zafiros
Esta imponente gargantilla, pieza emblemática de Diana, era su elegida para lucir glamurosa. La pieza central es un magnifico racimo de zafiros y diamantes, que en un principio fue un broche regalo de boda de la reina Isabel II. Diana rediseñó el conjunto para convertirlo en la gargantilla de siete hileras. La llevaba cuando bailó con John Travolta en la Casa Blanca, cuando acudió a la Serpentine Gallery con su famoso «vestido de la venganza» y en la Met Gala de 1996. Ahora es propiedad de sus hijos y no se ha vuelto a ver desde su fallecimiento. Tal vez porque crean que ninguna otra mujer podría hacerle justicia.

La tiara Lover’s Knot
La tiara favorita de Diana, la tiara Lover’s Knot, es propiedad de la corona. Fue diseñada por la reina María en 1913 y se compone de 19 arcos lover’s knot de los cuales caen perlas. Después de la muerte de la reina María en 1953, la reina Isabel heredó la tiara y la llevó de joven. Más adelante, se la prestó a la princesa Diana y ahora es la tiara de Kate, princesa de Gales, quien la ha llevado en numerosos eventos formales.

El anillo de aguamarina
Este anillo de aguamarina, símbolo de la liberación de Diana, fue encargado a Asprey. Se lo regaló a sí misma para representar su nueva vida tras el divorcio. Creado para sustituir a su emblemático anillo de compromiso, cuenta con una gran aguamarina de talla esmeralda rodeado de pequeños diamantes. La aguamarina procede de una famosa mina brasileña y le fue regalada por una de sus mejores amigas, Lúcia Flecha de Lima.
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En 2018, el príncipe Harry le entregó el anillo, irónicamente un símbolo de rebelión y nuevos comienzos, a su nueva esposa, Meghan Markle. Según el biógrafo Robert Jobson, un receloso príncipe Guillermo temía que Meghan luciera las joyas de su madre durante la boda. “Me contaron que, aún preocupado por la unión, había pedido garantías a la reina de que la novia de Harry no llevaría ninguna de las joyas de la princesa Diana, a pesar de que a su propia esposa se le permitió llevarlas”, afirmó Jobson.
Sin embargo, la recién nombrada duquesa de Sussex sí lució el anillo de aguamarina en el banquete de boda, y desde entonces solo lo ha llevado en público en otra ocasión. También lleva con frecuencia un reloj Cartier Tank Française de oro amarillo que, según se dice, perteneció a Diana, además de una de sus pulseras tennis de diamantes y sus divertidos pendientes de mariposa. En cuanto a la próxima generación de princesas de la realeza, esperemos que ellas también puedan lucir alguna pieza de su abuela Diana, siempre tan a la moda.
Artículo original publicado por Vanity Fair US. Accede aquí.
Fuente: https://www.revistavanityfair.es/articulos/donde-han-acabado-joyas-mas-famosas-princesa-diana