Un estudio identifica complejos arquitectónicos en las Tierras Bajas mayas como espacios de comercio organizados, revelando una economía más estructurada de lo que se creía.

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Lidia G Merenciano / Historia National Geographic
Un equipo de investigadores ha identificado una red de complejos arquitectónicos en las Tierras Bajas mayas que podría transformar la comprensión de la economía de esta civilización. El estudio revela la existencia de las llamadas “construcciones anidadas», estructuras organizadas en patrones concéntricos que, según la evidencia, funcionaron como mercados en época prehispánica.
Estos conjuntos presentan una disposición característica: plataformas bajas, alargadas y estrechas, organizadas en círculos o rectángulos. Entre ellas quedan espacios abiertos que habrían servido como pasillos para el tránsito de personas. La interpretación más aceptada es que estos montículos actuaban como bases para puestos de venta elaborados con materiales perecederos, mientras que los corredores permitían la circulación de compradores.
La identificación de estos espacios como mercados se apoyan en comparaciones con grandes ciudades mayas como Tikal o Calakmul. En el complejo Chiik Nahb de Calakmul, por ejemplo, se conservan murales que representan escenas de intercambio de productos como maíz, sal, tamales o bebidas como el atole. Las inscripciones jeroglíficas refuerzan esta interpretación al mencionar oficios relacionados con el comercio, como el del vendedor de sal. En Tikal, la llamada Plaza Este presenta edificios con características que no corresponden a viviendas, sino a espacios de uso público, lo que encaja con la idea de un área comercial.
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Uno de los aspectos más relevantes del estudio es el uso de la tecnología LiDAR, un sistema de escaneo mediante láser que permite detectar estructuras ocultas bajo la vegetación. Gracias a esta herramienta, los investigadores han podido identificar plataformas extremadamente bajas (en algunos casos de menos de medio metro de altura) que resultan prácticamente invisibles en exploraciones tradicionales. Hasta ahora se han documentado al menos cincuenta de estos complejos, incluidos ejemplos en yacimientos arqueológicos como Ocomtún y Valeriana.

Análisis también muestra que estos mercados no eran espacios improvisados, sino parte de una infraestructura organizada. Muchos de ellos incluyen estructuras mayores o patios anexos que pudieron servir para tareas administrativas, como el control de transacciones, el almacenamiento de productos o la recaudación de tributos. Además, los accesos a estos recintos parecen haber estado parcialmente controlados, lo que sugiere algún tipo de regulación del comercio.
La dimensión ritual es otro elemento clave. En varios de estos complejos se han identificado altares de piedra y restos de santuarios, lo que indica que la actividad comercial estaba vinculada a prácticas religiosas. Este dato coincide con las fuentes históricas que describen la existencia de divinidades asociadas a los mercados.
Otro rasgo significativo es la frecuente proximidad de estos espacios a canchas de juego de pelota. La Asociación sugiere que los eventos deportivos, que atraían a numerosos participantes y espectadores, se desarrollaban en paralelo a la actividad comercial, favoreciendo el intercambio de bienes.
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La distribución geográfica de estos mercados también aporta pistas sobre su función: en regiones como el centro de Campeche, donde los suelos presentan limitaciones para la agricultura intensiva, la alta densidad de estos complejos podría responder a la necesidad de importar productos básicos desde otras zonas. Esto apunta a la existencia de redes comerciales bien establecidas que conectaban distintas regiones, posiblemente incluyendo rutas hacia la costa del Golfo.
En cuanto a su cronología, la mayoría de estos mercados se sitúan en el Periodo Clásico (entre 250 y 900 de nuestra era). Sin embargo, hay algunos hallazgos como los de Chacbitún que sugieren que su origen podría remontarse a épocas anteriores, demostrando una tradición comercial de larga duración. Lejos de ser un sistema basado únicamente en intercambios locales o informales, la evidencia apunta a una red de mercados estructurados, integrados en la vida social política y religiosa y extendidos por buena parte del territorio.
Fuente: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/red-mercados-mayas-que-surge-selva_25731