Un fósil excepcionalmente bien conservado ha aparecido en el lecho de un arroyo cerca de San Francisco.

Lucía Fernández Moreno / Historia National Geographic
Imagina despertar en el Pleistoceno y salir a caminar por los paisajes que hoy rodean la bahía de San Francisco. Entre los árboles y los cursos de agua se moverían pumas, coyotes y tejones, mientras, a pocos metros, enormes mastodontes del Pacífico buscarían alimento entre la vegetación. Uno de ellos quizá se detendría aquel día para arrancar hojas de un árbol con su poderosa trompa. Lo que no sabría es que miles de años después alguien encontraría una parte de su dentadura en el mismo lugar.
Eso es, precisamente, lo que ha ocurrido en una reserva natural del condado de San Mateo, California. Una geomorfóloga que realizaba trabajo de campo en el lecho de un arroyo se topó con lo que parecía una roca de forma extraña. Pero aquella piedra escondía algo mucho más interesante.
Una roca que escondía una sorpresa
El hallazgo se produjo durante unos trabajos de mejora del hábitat destinados a favorecer a la amenazada rana de patas rojas de California (Rana draytonii). Brigid Lynch, geomorfóloga de la consultora Balance Hydrologics, estudiaba el lecho del arroyo cuando reparó en el extraño objeto.

La sorpresa llegó al analizarlo. Los paleontólogos confirmaron que se trataba de un molar de mastodonte del Pacífico adulto y, además, de un ejemplar excepcionalmente conservado. Wayne Thompson, paleontólogo de Pacific Paleontology, lo describió como el molar de mastodonte «más completo hallado en la zona» y aseguró que era uno de los ejemplares más espectaculares que había visto.

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El fósil tiene al menos 10.000 años, una fecha especialmente interesante porque coincide con el período en el que se cree que desapareció el mastodonte del Pacífico. Ahora los investigadores de la Universidad de Stanford realizarán una datación por carbono para precisar su antigüedad.
El gigante que caminaba por la bahía
El Mammut pacificus fue reconocido como especie en 2019 y estaba estrechamente emparentado con el mastodonte americano (Mammut americanum). Ambos fueron grandes mamíferos de la época del Pleistoceno, pero el mastodonte del Pacífico ocupaba las regiones más occidentales de Norteamérica, desde California y Oregón hasta zonas de las Montañas Rocosas y partes de México.
A diferencia de los mamuts, que se alimentaban principalmente de hierbas, los mastodontes estaban adaptados a una dieta basada en hojas, brotes y frutos. Su robusta dentadura les permitía procesar vegetación más dura y leñosa, mientras utilizaban sus enormes trompas para alcanzar y arrancar alimento.
Los restos fósiles permiten distinguir al mastodonte del Pacífico de su pariente oriental por algunas características anatómicas, como sus dientes más estrechos y unos huesos de las patas traseras más gruesos. También podía presentar diferencias en los colmillos de la mandíbula inferior.
Un paisaje que ya no existe
Hace miles de años, los alrededores de la actual bahía de San Francisco eran el escenario de una comunidad animal muy distinta, aunque algunos de sus habitantes todavía tienen descendientes que recorren los mismos paisajes. Pumas, linces, tejones y alces tule podían encontrarse junto a especies desaparecidas, como los gatos dientes de sable, los lobos huargos o los enormes perezosos terrestres de Jefferson.

Para los investigadores, estos fósiles son mucho más que restos aislados. Permiten reconstruir la biodiversidad y los ecosistemas del pasado y comprender cómo han cambiado hasta convertirse en los paisajes que conocemos hoy. Y, en este caso, basta con mirar aquel molar para recordar que, no hace tanto en términos geológicos, un gigante de la Edad de Hielo podía estar caminando por el mismo lugar.