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De las procesiones a las ‘alfombras’ guatemaltecas: La influencia de la Semana Santa española en la América colonial | Historia NG

La evangelización, el mestizaje y el poder del Imperio español transformaron la Pascua en el Nuevo Mundo.

Mestizaje y religión. | iStock

Sarah Romero / Historia National Geographic

En la América colonial, la Semana Santa no fue solo un calendario litúrgico importado desde Europa. Fue un idioma visual y sonoro hecho de imágenes, pasos, incienso y muchas más cosas dentro de los territorios recién incorporados a la Monarquía Hispánica. Y como ocurre con todos los lenguajes, al llegar a un nuevo lugar cambió; se mezcló, se reinterpretó y terminaron creando una de las tradiciones más intensas y multitudinarias de América Latina.

Para entender esa huella española hay que mirar a dos procesos paralelos. Por un lado, la expansión del catolicismo como proyecto político y cultural tras 1492, apoyado por la Corona española y el papado, y articulado mediante órdenes religiosas y estructuras coloniales como la encomienda o las misiones. Por otro, la capacidad de las comunidades indígenas y afrodescendientes para darle un nuevo sentido a rituales ya existentes y conservar -a veces de forma abierta, y otras soterrada- elementos propios.

Por qué España exportó la Semana Santa

La España que llega a América a finales del siglo XV y comienzos del XVI es una potencia en construcción, impulsada por tres motores: imperio, religión y control social. Y es que 1492 marca un cambio de época con el final de la conquista de Granada, la uniformización religiosa y la expansión ultramarina iniciada con Colón. En ese contexto, la religiosidad popular tenía un papel central como expresión pública de fe.

En América, la evangelización se convirtió en una herramienta de colonización. Ya desde los primeros contactos hubo misa, altares… todo ello instaurado con el apoyo institucional (bulas papales como Inter Caetera, en 1493) y con órdenes religiosas de franciscanos, dominicos, agustinos, mercedarios…

La Semana Santa encajaba como un guante en el programa de evangelización, ya que condensaba doctrina (Pasión, muerte y resurrección), emociones y disciplina ritual. Además, ofrecía un mecanismo potentísimo para cristianizar el espacio, sacando imágenes a la calle, recorriendo las plazas, y marcando determinados puntos de la ciudad con estaciones y recorridos en una estrategia en la que la fe también caminaba por las calles y se convertía en parte de ella y sus habitantes.

semana santa
La Semana Santa es una de las tradiciones más seguidas en España. iStock

La importancia de las misiones

Para comprender la religiosidad colonial es fundamental hacer mención de las misiones como espacios donde se reunía a comunidades indígenas para evangelización, producción agrícola, artes y construcción. Allí se predicaba, se instruía… y también se ejercía coerción. Porque también se llevaban a cabo prohibiciones lingüísticas, se destruían templos y se sustituían sus símbolos por los del cristianismo.

De hecho, en muchas regiones se levantaron iglesias sobre espacios sagrados prehispánicos o reutilizando sus piedras, colocando cruces para que el lugar de adoración permaneciera pero con un nuevo significado impuesto. Y también se impulsó la enseñanza del español a la par.

Mestizaje

Pero en América, la Semana Santa no se limitó a copiar modelos peninsulares. Las comunidades locales la adaptaron. Los rituales católicos son un escaparate perfecto de esa mezcla. Si bien se instalan como parte del orden colonial, se viven y se transforman desde abajo.

La estructura básica de la Semana Santa se mantuvo: Domingo de Ramos, Jueves Santo, Viernes Santo, Sábado Santo y Domingo de Resurrección, con procesiones del Vía Crucis y representaciones de la Pasión; pero la forma concreta varió de pueblo en pueblo, incorporando sensibilidades locales, músicas, materiales, coreografías y significados comunes para sus gentes y sus tierras, y ese es el motivo por el que hoy se habla de «Semanas Santas» en plural.

Ejemplos en la historia de la evangelización

En América Latina, la Semana Santa permea la vida pública. No es solo un festivo, ya que transforma ciudades enteras y, a diferencia de otros lugares hay también varios días festivos oficiales, como en España, se cierran las escuelas y se producen desplazamientos masivos. Todo ello envuelto, aparte de por la religiosidad, por comidas típicas y otras tradiciones que también respiran identidad.

En Guatemala, por ejemplo, existen las famosas alfombras hechas con aserrín coloreado, flores, frutas y agujas de pino en Antigua que se destruyen en minutos cuando pasa la procesión, como si la belleza estuviera pensada para ese único instante sagrado.

En Perú también hay otro ejemplo muy destacado con su Señor de los Temblores. Su culto se consolida tras el gran terremoto del 31 de marzo de 1650, ya que la leyenda cuenta que al sacar la imagen en procesión, el temblor se detuvo. Desde entonces, se le considera protector frente a desastres sísmicos y su procesión se celebra cada Lunes Santo.

La Semana Santa latinoamericana contemporánea es heredera directa de un proceso histórico a lo largo de muchos años de fusión entre colonización ibérica, integración de costumbres indígenas y evolución local hasta crear celebraciones propias tan relevantes en el mundo como la Navidad.

Fuente: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/huella-semana-santa-espanola-america-colonial_25784

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