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De la infamia medieval al prestigio renacentista: así cambió de forma radical la percepción del pendiente masculino | Historia NG

Este pequeño complemento se resignificó una y otra vez a lo largo de la historia y sirvió como espejo de los cambios en la moral, la religión y la estética europea.

Un traidor de Cristo con pendiente en su oreja izquierda en Cristo cargando la cruz (1510-1535) de Hieronymus Bosch (El Bosco) o un seguidor.
Foto: Wikimedia Commons

Raúl Barroso Valle / Historia National Geographic

Según los expertos, el Retrato Chandos de John Taylor es la imagen más verosímil del dramaturgo inglés, William Shakespeare. Más allá del barroquismo, al espectador de la obra podría sorprenderle el pequeño aro dorado que cuelga en su oreja izquierda. Un complemento que, como siempre ocurre en la historia de la moda, esconde mucho más de lo que parece.

En el caso de Shakespeare y la época isabelina, la relación queda bien atada. Zack Pinsent, sastre y consultor histórico, lo explicaba así en una entrevista concedida al periódico británico, The Guardian: «No podías moverte sin ver hombres con pendientes. Era un signo de riqueza y estatus. Un trabajador, por ejemplo, no podía permitirse llevar un pendiente de oro».

Aunque, en realidad, la exclusividad y el prestigio del pendiente no dependían del valor real de la joya, sino de los ojos con los que se mirara. Es por ello que este pequeño adorno, lejos de ser inocente o arbitrario, encerraba un complejo lenguaje simbólico entorno a los grandes valores sociales. Identidad y estatus en apenas unos pocos gramos.

Retrato Chandos de William Shakespeare, John Taylor
En el Retrato Chandos (1600-1610) de John Taylor se puede advertir el pequeño aro dorado que colgaba de la oreja izquierda de William Shakespeare, símbolo de estatus y riqueza en la época isabelina.Foto: Wikimedia Commons

La prohibición levítica

«No os haréis cortes en el cuerpo por los muertos ni os tatuaréis» (Levítico 19:28). Así dictaba el tercer libro del Antiguo Testamento y así lo condenaba también la Europa cristiana durante la Edad Media, según explica el doctor en literatura medieval y asesor histórico, Lorris Chevalier, en un artículo publicado en la plataforma de divulgación histórica Medievalists.net.

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El cuerpo no pertenecía al ser humano, sino a Dios. Es por ello que cualquier alteración de su forma, específicamente en el caso de incisión o perforación, era concebida como una profanación de su obra divina. En este sentido, los pendientes eran sinónimo de infamia y se asociaban con la desviación y la marginación del orden moral y espiritual de la cristiandad.

Muestra de ello son las pinturas de finales de la Edad Media, especialmente en el caso de la tradición flamenca, alemana e italiana, en las que se pueden encontrar representaciones de pendientes y piercings en personajes marginados, caracterizados por su maldad, corrupción y decadencia moral. Desde verdugos y leprosos hasta judíos, musulmanes, africanos y prostitutas. Los pendientes están visibles en los torturadores de Cristo y agitadores del equilibrio moral cristiano.

El Juicio Final, detalle del Infierno, Giotto di Bondone
Detalle del Infierno en El Juicio Final (1302-1306), de Giotto di Bondone, en el que se pueden encontrar representaciones de pendientes y piercings en personajes marginados, caracterizados por su maldad, corrupción y decadencia moral.Foto: Wikimedia Commons

El origen oriental

Más allá del arraigo doctrinal cristiano, el doctor Chevalier explica que la imagen peyorativa de los pendientes en la Europa medieval también se debería a un supuesto origen oriental del complemento. «Durante la Edad Media, las orejas, narices y adornos faciales perforados se asociaban con Oriente, culturas que, desde la perspectiva cristiana europea, solían ser vistas con temor, desconfianza y desdén teológico», explica.

En realidad, durante siglos, estos complementos estéticos fueron aceptados y habituales en las sociedades antiguas. Fue a partir del siglo IX, aproximadamente, cuando sus caminos se separaron. Mientras en las sociedades islámicas, persas e indias seguían utilizándose como un elemento más de la moda del momento, en occidente desaparecieron casi por completo, salvo en casos particulares como estos, con el objetivo de señalar «la otredad».

Tal y como explica Chevalier, el pendiente masculino en la Europa medieval sufrió una doble estigmatización: «transgredía tanto la santidad del cuerpo como los límites de la identidad cristiana».

Retrato de Enrique III de Francia
Tal y como se aprecia en este retrato de Enrique III de Francia (1571) de François Clouet, el pensamiento humanista del Renacimiento recuperó el prestigio social de las joyas en la aristocracia europea.Foto: Wikimedia Commons

De la exclusión a la tendencia

Pero como en todo, cambiaron los tiempos y con ellos el significado de los códigos culturales. A medida que florecía el arte y el pensamiento humanistas del Renacimiento, las connotaciones negativas de los pendientes comenzaron a atenuarse, y las joyas en general recuperaron su prestigio social.

En este periodo ya encontramos pendientes enjoyados en la indumentaria habitual de las princesas italianas del siglo XVI y en el reconocido atuendo de Leonor de Habsburgo, cuando en 1530 llegó a Francia para casarse con Francisco I. Todo un punto de inflexión para la historia de la moda, según cuenta el experto.

Poco después, le siguieron los nobles franceses y la aristocracia europea se apropió de este elemento resignificado. Enrique II, Carlos IX y Enrique III de Francia fueron retratados con pendientes de joyas por François Clouet, así como Carlos I de Inglaterra por Van Dyck en la década de 1630.

Fuente: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/infamia-medieval-prestigio-renacentista-asi-evoluciono-pendiente-masculino_26274

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