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Damián Castaño, heroico con las carnes abiertas ante miuras de hiel y miel en Santander | El Mundo

El salmantino toreó 72 horas después de una cornada, resultó volteado, apostó con el toro más complicado y se templó con el mejor de la tarde: oreja y vuelta al ruedo; Manuel Escribano y David Galván emborronan con los aceros dos buenas actuaciones

Damián Castaño, cogido por el primero de su lote
Damián Castaño, cogido por el primero de su lote Puente Hoyos EFE

La tarde de Damián Castaño en Santander con la de Miura ya forma parte de las proezas heroicas del toreo. Un lote antagónico: El vivo de cuello que rebaña y se viene por dentro queriéndose comer al torero y el descomunal por corpulento aunque noble que permite un toreo relajado. El salmantino tiró de agallas en ambos dando una tarde de importante entrega con el mérito añadido de venir convaleciente de una cornada recibida tres días antes de Mont de Marsan en el gemelo. Se tuvo que vestir en la enfermería de la plaza de toros donde le infiltraron. Salió con las carnes abiertas.

Muy despierto, Castaño planteó batalla al avisado tercero. Tesonera faena, en la que llegó a ser volteado, tragando en cada embroque vencido. Estocada con la balanza de la pelea a favor del matador. 

Premio unánime. El sexto fue un toro largo, grandón, huesudo, con mucha cara. Destartalado dentro de su morfología miureña, de la que no admite remate posible. Obedeció con cierto temple a la muleta de Castaño que lo fue haciendo en una faena relajada. Como para compensar el agrio sabor de su primer oponente. Un pinchazo -en el que salió con el chaleco partido- enfrió el ambiente y el posible premio se quedó en agua de borrajas.

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Manuel Escribano debió pensar que le había tocado la lotería cuando cambiaron a su primer Miura por un toro de El Pilar. Lo echó en quinto lugar -corrió turno- y exigió una concentración mayúscula. Lo había recibido a portagayola, lo había cuajado en banderillas pero le quedaba la exigencia del toro que parece que no puede y resulta que no quiere tirar hacia delante. Dio la cara con la honradez de su camino. Con la espada no estuvo acertado. En el primero bis, un noblote y soso Miura, logró una buena tanda al natural con la clave de dejar la muleta siempre por delante y tirar de la embestida con firmeza. Saludó una ovación.

David Galván no pegaba nada en este cartel. Bien es verdad que los años de banquillo le curtieron con el oficio de poder hacer frente a todos los encastes. Fue fiel a su fino concepto con el primero de su lote -falto de celo- al que logró torear con suavidad. Adaptando el secreto de las medias alturas de su maestro Enrique Ponce a la desrazada embestida. Muy acertado en distancia y toques se mostró con el exigentón quinto, falto de entrega y andarín, que le llegó a pegar un derrote durante la faena. La espada hizo guardia minimizando el esfuerzo.

Fuente: https://www.elmundo.es/cultura/toros/2025/07/22/68800844e85ecee91e8b45a7.html

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