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Cuando tener piojos era una señal divina: la época en la que los llamaban «perlas de Dios» | SER

Tienen bastante más historia de lo que pensamos

Miguel Muñoz

Cadena SER

Los niños y adolescentes ya están todos en clase, es decir, se ha consumado la vuelta al cole y estamos inmersos en unas rutinas que van a prolongarse varios meses. Durante este tiempo, como de costumbre, tendremos que lidiar con algunas situaciones concretas, cada una en una época diferente que se caracterizan por sus propias particularidades, comenzando por la tan temida temporada de los piojos. Sobre ella hablaron recientemente en Serendipias de La Ventana, con Ignacio Crespo trayéndonos muchos detalles.

Entre otras cosas, nos dijo que hay varios tipos de ellos, pues además del típico de la cabeza, también hay otros que actúan en el cuerpo y otros en la zona púbica. Si bien, con el que estamos más familiarizados es con el que aparece en el pelo, que al contrario de lo que pudiéramos creer de que la suciedad implica tener más piojos, la realidad es que «el pelo limpio permite que se agarren mejor, que pongan mejor los huevos», nos decía un Crespo que igualmente apuntaba que tenerlo sucio tampoco es una opción para prevenirlos porque no es determinante.

Las perlas de Dios

Esta relación entre suciedad y piojos está instaurada desde hace mucho tiempo, ya desde la Edad Media, pero además, en esa época le daban incluso otros sentidos más místicos. El colaborador de Serendipias nos contaba que «había un grupo de monjes, sobre todo monjas al principio, que creían que tener piojos era una señal divina», como si fuera una especie de sacrificio que venía de un plan superior, hecho por el cual les llamaban «perlas de Dios».

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Su importancia es tan grande que hay un caso muy curioso en el que gracias a ellos se santificó a una persona. Crespo nos contó la historia de Santo Tomás Becket, que «cuando murió y le quitaron la ropa, parte de la ropa empezó casi como a hervir de la cantidad de piojos que tenía», y después de verlo, «le santificaron por esto» al considerarlo «como señal divina de cómo Dios lo había puesto a prueba». Más allá de esas creencias de antaño, la realidad es que no nos han servido para mucho más.

Acompañantes longevos

Y es que, efectivamente, no tienen demasiada trascendencia en la naturaleza, porque ni tan siquiera sirven de alimento para otras especies, así que su desaparición no generaría ningún cataclismo. Si bien, Ignacio decía que seguramente habrá quien defienda que el piojo tiene un valor cultural porque «ha estado con nosotros durante muchísimo tiempo». Se estima que el de humanos podría haber surgido hace entre 70.000 y 170.000 años, pero en realidad hay como unas 5.000 especies de ellos, y si nos fijamos en esas, su estancia en este mundo es aún mayor.

Sobre su historia en general, «tenemos rastros de que el piojo parásito como tal se separó del piojo de las cortezas y de los libros hace 100 millones de años», momento a partir del cual «surgió un piojo menos adaptado que el que conocemos los mamíferos, porque no tenía esa capacidad de penetrar en la piel, sorber la sangre y tener la enzima anticoagulante», así que su manera de sobrevivir era «alimentarse masticando plumas, la queratina de otros aves y dinosaurios».

Escucha la sección completa

Este es un fragmento de Serendipias de La Ventana, con Carles Francino e Ignacio Crespo. Puedes escuchar la sección completa aquí:

Fuente: https://cadenaser.com/nacional/2026/09/23/cuando-tener-piojos-era-una-senal-divina-la-epoca-en-la-que-los-llamaban-perlas-de-dios-cadena-ser/

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