Un estudio confirma que estas ganas pueden hacer ver interés donde en realidad solo hay incertidumbre

Anna Cabeza / ABC
La excitación puede cegar. Ese estado en que uno se siente fisiológica y psicológicamente preparado y con ganas de llegar a la actividad sexual es un momento cargado de adrenalina y de reacciones en el que el cuerpo y la mente van rápido y hacia un objetivo claro. Cada pareja tiene sus maneras para llegar a ello, no hay un manual universal, pero ahora un grupo de investigadores ha descubierto que puede tener un efecto colateral frecuente.
Y es que una investigación de la Universidad Reichman (Israel), cuyas conclusiones han sido publicadas esta semana en ‘Personality and Social Psychology Bulletin’, acaba de confirmar que la excitación puede disminuir la percepción de señales de rechazo. Es decir, provocar lo que se conoce como la ‘visión de túnel’ en el que uno no puede llegar a ver si alguien no está interesado en ti.
La excitación sexual, recuerdan sus autores, provoca una motivación orientada al acercamiento pero en los primeros encuentros románticos, este deseo de establecer una conexión debe equilibrarse con el riesgo de rechazo, que también puede aparecer porque el interés puede quedar precisamente sobreestimado por este deseo.
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Los investigadores querían determinar si esto era así e hicieron las comprobaciones con ejemplos reales y gente que buscaba pareja y que quedó con actores cómplices para el estudio. Los participantes vieron un video sexual antes de chatear con alguien a quien se le pidió que transmitiera señales contradictorias en diferentes etapas de la interacción. Otro grupo vio un video no sexual y luego participó en el mismo tipo de conversación.
Tras la conversación, los participantes tuvieron que evaluar el atractivo de su interlocutor, así como el interés que percibían en él. Los resultados fueron claros: quienes habían visto el vídeo sexual tendían a encontrar a su interlocutor atractivo y a percibir que este sentía interés romántico por ellos, a pesar de las señales mixtas o ambiguas que, por cordialidad, les lanzaron estos para mostrarles su desinterés, como puede ser el típico ‘me gustas pero esto no es lo que busco…‘ o ‘eres genial pero no estoy en un momento de poder tener una relación…’, que aparece en muchas citas. Muchos no pillaron claramente: de hecho el mensaje solo fue captado por quienes recibieron un claro ‘no’.
«Interés donde sol hay incertidumbre»
«La excitación sexual hizo que los participantes fueran significativamente más propensos a interpretar las interacciones ambiguas de forma optimista», asegura la doctora Gurit Birnbaum, autora principal del estudio y doctora en Psicología en la Universidad Reichman. «Vieron interés donde solo había incertidumbre. Parte de la razón parece ser que la excitación aumentó el atractivo de la pareja, alimentando aún más la tendencia a ver lo que la gente quería ver», confirma.
«Ignoran el «no» y se aferran a la parte que quieren oír. Al intentar ser «amable», en realidad están alimentando sus fantasías»
Gurit Birnbaum / Doctora en Psigología y autora del estudio
Así, como expone, cuando el rechazo se mezcla con calidez o halagos, la gente a menudo no lo percibe como tal. «Ignoran el «no» y se aferran a la parte que quieren oír. Al intentar ser «amable», en realidad están alimentando sus fantasías», expone la profesora en una publicación en su blog consultada por ABC.
La profesora, que tiene una amplia experiencia en el estudio del complejo papel que juega la sexualidad en las relaciones cercanas, concluye que «la excitación sexual distorsiona la percepción solo cuando la situación deja espacio para la esperanza», reflexiona la profesora, que añade que también puede ser que una cierta ambigüedad lleve a una percepción alentadora por el miedo al rechazo. En todo caso, estas percepciones pueden ser muy útiles al principio del noviazgo, cuando se necesita cierto optimismo para arriesgarse con alguien nuevo.
Sin embargo, Birnbaum avisa de que esta postura también puede tener sus consecuencias. «El deseo puede eclipsar la sensibilidad hacia los verdaderos deseos de otra persona», comenta ella, consciente de que puede ser que muchos no lleguen a ver que la puerta no está realmente abierta.
Los autores confían en poder seguir analizando esta realidad en futuras investigaciones que se hagan en entornos más naturales, como las plataformas de citas en línea, pero también en otras etapas de las relaciones. Este hallazgo contribuye a una comprensión cada vez mayor de cómo nuestros estados internos, y no solo nuestras circunstancias, influyen en lo que percibimos de las personas que nos rodean.
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«El deseo, al parecer, no solo nos motiva a buscar la conexión; también puede ayudarnos a lograr ese objetivo ajustando sutilmente la perspectiva con la que interpretamos las señales que recibimos en el camino», sentencia Birnbaum.