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¿Cómo afectan las discusiones familiares a la digestión durante las comidas navideñas? | El Confidencial

Sufrir dolor de estómago es uno de los numerosos efectos que tienen las discusiones en la mesa. Una razón más para procurar que reine la paz en los reencuentros navideños.

Foto: iStock.

Estamos tan acostumbrados a ellas, que si no las tuviéramos, es posible que las echásemos de menos. Nos referimos a las discusiones familiares navideñas, esas que, como el turrón o los polvorones, vuelven cada año a la cena de Nochebuena. Y es que, estas celebraciones, en muchas ocasiones, pueden convertirse en auténticos campos de minas en los que las rencillas del pasado son capaces de desatar una lluvia de reproches, o un asunto político, religioso o deportivo ser el detonante de un inesperado cisma familiar.

Sabemos que estos momentos de tensión van acompañados de numerosos efectos en el plano emocional. Ahora bien, ¿qué ocurre desde el punto de vista de la salud física? ¿Cómo afecta al sistema digestivo ponernos hechos un energúmeno? “Cuando entramos en una discusión intensa, el cuerpo activa la clásica respuesta de estrés (lucha o huida). Como consecuencia, aumentan la adrenalina, el cortisol y la actividad del sistema nervioso simpático. Eso tiene una consecuencia muy clara: el organismo deja de priorizar la digestión para centrarse en resolver la amenaza”, resume la nutricionista Andrea Celis, de la Unidad de Nutrición de Olympia Quironsalud.

Cuando esto ocurre, tal y como detalla la experta, “a nivel digestivo, llega menos flujo de sangre hacia el estómago y el intestino, y se producen cambios en la motilidad (el estómago suele ir más lento y el intestino grueso más rápido) y una mayor sensibilidad a las sensaciones internas. Por eso, en plena discusión es mucho más fácil notar pesadez, un nudo en el estómago, molestias o urgencia para ir al baño”.

Además, “en personas con problemas digestivos previos, como dispepsia funcional o síndrome de intestino irritable, estos episodios de estrés durante las comidas suelen disparar aún más los síntomas”, añade Celis.

El eje que lo explica todo

Todos esos efectos localizados en el sistema digestivo están íntimamente relacionados con lo que ocurre en el cerebro. “Hoy sabemos que existe un eje cerebro-intestino-microbiota, un sistema de comunicación bidireccional entre el sistema nervioso central, el tubo digestivo y las bacterias que viven en él”, apunta la nutricionista.

Así, mientras “el estrés y el estado emocional influyen directamente en la motilidad, las secreciones y la sensibilidad digestiva; el estado del intestino y de la microbiota también afecta al cerebro, modulando ansiedad, estrés y estado de ánimo”, aclara la experta quien insiste en que “lo sentimos influye en cómo digerimos, y cómo está nuestro intestino influye en cómo nos sentimos”.

Para no acabar con dolor de barriga

Centrados ahora en la dirección que va del cerebro al intestino, e imaginando que ya estamos inmersos en una comida tensa, podemos hacer varias cosas para minimizar su impacto. Estos son algunos de los consejos que sugiere la experta. No se trata de soluciones milagrosas, pero “sí reducen bastante la probabilidad de terminar la cena con dolor de estómago”:

  • Hacer una breve pausa: dejar los cubiertos y esperar unos minutos a que baje el tono emocional.
  • Comer más despacio y masticar bien (mínimo 20 veces), para que el estómago reciba la comida de forma más gradual.
  • Elegir raciones más pequeñas si el ambiente sigue tenso.
  • Evitar el alcohol en exceso y comidas muy copiosas en ese momento.

¿Y si lo puntual se convierte en algo habitual?

Hasta ahora hemos puesto en el foco l comportamiento de los intestinos cuando nos aceleramos en una comida, entendiendo que esto ocurre de modo ocasional. Sin embargo, “cuando este estrés intenso es habitual, puede convertirse en un factor que contribuya a problemas digestivos persistentes, sobre todo en personas con mayor sensibilidad intestinal”, advierte la experta quien remarca que “un ambiente crónicamente hostil puede convertirse en un elemento más que afecte a nuestra salud gastrointestinal”.

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Así, a medio y largo plazo, este patrón podría ser el origen de numerosos problemas como “mantener o agravar trastornos de la interacción intestino-cerebro, como el síndrome de intestino irritable o la dispepsia funcional; hacer que el intestino se vuelva más sensible, favoreciendo que se perciban como dolorosos o molestos estímulos que antes tolerábamos bien (más gases, más dolor, más urgencia); y alterar la barrera intestinal y modular la microbiota, lo que se relaciona tanto con síntomas digestivos como con cambios en el estado emocional”.

A los intestinos les gusta que haya buen ambiente

Queda claro pues que mezclar el cordero, la lubina o los langostinos de Nochebuena con la defensa vehemente de nuestras creencias, puede que no sea la mejor idea. Lo cual, nos hace pensar que comer en un contexto tranquilo tenga el efecto contrario. Es decir, nos proporcione bienestar digestivo.

La nutricionista confirma esta suposición, y asegura que “comer en un entorno tranquilo hace que predomine el sistema parasimpático, lo que implica, entre otras cosas, una mejora del riego sanguíneo del tubo digestivo, el estómago se vacía mejor y la motilidad intestinal se regula. También, las secreciones digestivas funcionan de forma más eficiente y se perciben menos molestias abdominales”.

Consejos para tener las mejores digestiones

Además de evitar los temas de conversación más conflictivos que nos ponen en alerta, la experta recomienda seguir ciertas pautas que pueden contribuir a que el proceso digestivo se produzca de forma suave y eficaz:

  • Establecer horarios regulares. Llegar sin prisas y sin hambre extrema ayuda a comer con calma.
  • Limitar pantallas y noticias estresantes. Así evitamos estímulos que disparan ansiedad.
  • Cuidar el entorno físico, con buena iluminación, ruido moderado y una postura cómoda.
  • Comer despacio y masticar bien, ya que mejora el proceso digestivo y previene la sobreingesta.

Fuente: https://www.elconfidencial.com/salud/2025-12-23/discusiones-familiares-digestion-durante-navidenas_4259429/

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