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Clickityclack: Marilyn Monroe, la ‘rubia tonta’ que leyó a Dostoyevski pero no se libró del cliché sexista | El Cultural

La belleza que la elevó se transforma en el monstruo que se la come y el icono se estrella contra el suelo. Se rompe en mil pedazos.

Retrato realizado para la promoción de ‘Niágara’ (Marilyn. Blume, 2025)

Marta Sanz / El Cultural

Cuando yo era niña, me fascinaba Marilyn MonroeMarilynmonroe, no Marilyn. Se necesita cierta madurez para captar los relieves melancólicos ocultos bajo ese nombre sin apellido. Mi imaginación infantil recreaba a una mujer con figura de reloj de arena, enfundada en un traje tecnicolor de lentejuelas rojas. Con mirada reidora y perdida, se mueve como si acabara de beber una copa de champán. El pasito corto y tambaleante imprime a las caderas un movimiento de sensualidad. Distraída sensualidad en Los caballeros las prefieren rubias, sensualidad trágica en Niágara.

Yo, niña, veía en Marilyn Monroe una deseable manera de ser mujer: mujer de afeites, rouge, fajas con ballenas, tacón, muñeca explosiva, que requiere un montón de horas de trabajo previo, pero que, quizá, en su faceta de máscara, se puede emular. Aquí teníamos a Ágata Lys y en cada rincón del planeta, alguien podría disfrazarse de Marilyn Monroe e imitar la secuencia fabulosa de La tentación vive arriba: la blanca falda plisada, sobre el respiradero del metro, se levanta impúdica mientras Marilyn hace lo posible por no mostrarlo todo. Y ríe.

Marilyn preside el Olimpo de las bellas imágenes de las que habló Simone de Beauvoir. La belleza que la elevó se transforma en el monstruo que se la come y el icono se estrella contra el suelo. Se rompe en mil pedazos. Joyce Carol Oates recoge los fragmentos con empatía en Blonde. En Los seductores Ellroy reduce a polvo los añicos. Tonta, superficial, manipuladora.

Marilyn Monroe, el mito que destruyó a Norma Jeane

La violencia infligida contra Norma Jeane Baker perdura en todas las versiones de la actriz que, desde una inseguridad radical, buscó la mejor versión de sí misma. Quiso cultivarse. Hizo cursos con Strasberg, participó en talleres literarios, leyó a Dostoyevski, a Emily Dickinson, a Joyce. Imagino a Marilyn leyendo Una rubia imponente de Dorothy Parker y me brota la melancolía de algún rincón oscuro.

Manejo también la hipótesis fantástica de que, tal como prefería Capote, ella hubiese interpretado a Holly Golightly: habría sido terrible no poder recordar a Audrey Hepburn con su pequeño traje negro y sus gafas oscuras delante de Tiffany, pero, a la vez, al vivir la ilusión acústica de la voz de Marilyn cantando Moon River, el corazón se me encoge. Se contrae. Marilyn quiso desarrollar una inteligencia y una sensibilidad que se ponen de manifiesto en sus poemas. Emocionantes: De bajada en la senda/ yo paseo/ clickityclack/ como mi muñeca en su carruaje/ pasando las grietas/ «Nos iremos muy lejos».

Marilyn quiso desarrollar una inteligencia y una sensibilidad que se ponen de manifiesto en sus poemas

Esta actitud curiosa, la necesidad de empinarse, la desprestigió. Su inquietud generaba escepticismo. Como si fuéramos incapaces de admitir que ella sacara algún provecho de Los hermanos Karamazov, como si la lectura en Marilyn fuese siempre una pose; su cabellera platino, a lo Jean Harlow, la incapacita mentalmente: la belleza de las mujeres suele inhabilitarlas para el pensamiento.

Esas mujeres son recibidas, como máximo, con condescendencia y, a menudo, con agresividad y sarcasmo. El impulso de vida y reivindicación de Marilyn, su afán de perfeccionamiento, su ascesis, le provocaron dolor y multiplicaron sus inseguridades. A Marilyn no se le permitía romper el molde dentro del que había sido esculpida.

También por una cuestión de clase –no era una rubia de buena familia como Grace Kelly– le estaba vetada la sagacidad, y seguramente se le exigía agradecimiento hacia protectores y pigmaliones que, ayudándola a salir del hoyo, le propinaban golpecitos en sentido figurado o golpazos en sentido recto. Marilyn insatisfecha, enferma, tocapelotas, insoportable, dependiente, poco profesional, politoxicómana, peligrosa y prematuramente difunta.

Marilyn se niega a interpretar por enésima vez a la rubia tonta de Con faldas y a lo loco y, con su disconformidad tan poco profesional, lleva al equipo de cabeza; Marilyn se enfada con Laurence Olivier en el rodaje de El príncipe y la corista porque él sugiere que no es necesario que actúe, que debe limitarse a ser sexi; el cuerpo cansado de Marilyn es un punto de no retorno en The Misfits; Marilyn se avergüenza de ser lo que parece, esa rubia tonta, por no recordar todo lo que ha leído cuando responde a los periodistas.

Marilyn Monroe que nunca logra dormir, no hablaremos de su muerte, pero sí de una congénita indisposición para la vanidad, su miedo, que quizá surge de su naturaleza hipersensible, pero también de circunstancias vitales, culturales y políticas que destrozan a las chicas guapas que vienen de abajo.

Su inquietud generaba escepticismo. Como si fuéramos incapaces de admitir que ella sacara algún provecho de ‘Los hermanos Karamazov’

Cuánta incomodidad producen las mujeres difíciles, es decir, las mujeres imprevistas, indómitas incluso en su dulzura.

Marilyn nos deja películas luminosas. Pese a las oscuridades latentes bajo la luz. Las películas y el cuerpo de Marilyn –receptáculo hermosamente icónico, forzadamente hermoso, que la devoró y, en su repetición, en su destilación como fragmento protagónico del imaginario, la descompuso– forman parte de nuestro propio cuerpo. Clickityclack. Qué raro que no estuviera más rota. Hoy nos quedan hermosas imágenes, fotogramas a los que no renunciamos y, a la vez, la constancia de una vulnerabilidad distinta, sus poemas y sus anotaciones.

Sigo gozando con los papelitos de aquellas primeras veces en Amor en conservaEva al desnudoLa jungla de asfalto. Con Los caballeros las prefieren rubias y las lentejuelas rojas. Pero hoy también leo sus poemas. Algunos de nuestros momentos felices están hechos con retazos del placer, pero también del dolor, ajenos. Yo era una niña boquiabierta ante marilynmonroe. A menudo en la belleza hay un regusto oscuro que hoy más que nunca podemos sentir y descifrar.

Fuente: https://www.elespanol.com/el-cultural/cine/20260525/clickityclack-marilyn-monroe-rubia-tonta-leyo-dostoyevski-no-libro-cliche-sexista/1003744254675_0.html

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