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Café, el inesperado aliado de las mujeres. Si lo tomas bien ayuda a envejecer mejor, protege de ciertas enfermedades y como está lleno de antioxidantes, hasta beneficia a tu piel | Yo Dona

Cada poco aparece un estudio científico que saca a la luz un nuevo efecto benéfico del café sobre la salud. El más reciente ha detectado que su consumo en la mediana edad está relacionado con mayores probabilidades de envejecer bien. Hablamos con cuatro mujeres amantes del excitante por antonomasia sobre su larga y (a veces) tormentosa relación con él.

Adriana, de En Bruto, un ambicioso proyecto de cafés de especialidad en Madrid.D.R.

Aunque aún queda mucho por investigar, cada vez más estudios apuntan en la misma dirección: las propiedades benéficas del café (con cafeína, especialmente) sobre la salud. Y algunos, más en concreto, sobre la femenina. El más reciente, realizado en la Universidad de Toronto y presentado en la conferencia Nutrition 2025, ha analizado el impacto de su consumo en relación con el envejecimiento saludable en mujeres. Para realizarlo, se siguió a casi 50.000 durante 30 años. Se evaluaron criterios como la ausencia de enfermedades crónicas graves, la buena función física y congnitiva o la salud mental. ¿Las conclusiones? Pues que el consumo de café con cafeína en la mediana edad estaría asociado con mayores probabilidades de envejecer bien. Más: que cada taza añadida, hasta cierto límite, está asociada a un aumento de entre 2 % y 5 % en la probabilidad de envejecimiento saludable (más allá de cierto consumo no se observaron mejoras adicionales). De hecho, el consumo medio de cafeína para las mujeres que envejecieron saludablemente fue de unos 315 mg diarios de cafeína (predominantemente provenientes del café), lo que en España equivale a unos tres o cuatro cafés.

En ese rango precisamente se mueve Carla de La Lá, 48 años, periodista y escritora, quien toma su primer café tras bajar a la calle a sus perros, a las 8 de la mañana. No se trata de un café aquí te pillo aquí te mato, eso sí. «Me gusta grande, tipo Starbucks, con no mucha leche pero sí muy caliente y con mucha espumita cremosa rebosando, con canela o cacao espolvoreado. Además me gusta dulce, muy dulce, tanto, que utilizo edulcorantes artificiales en cantidades que asustan a la gente. Así lo preparo en casa (tengo una cafetera a la que quiero más que a muchos individuos que conozco, con su generadora de espuma calentita). Cuando lo tomo en cafeterías, paso muy malos ratos porque rara vez lo preparan como me gusta a pesar de darles las explicaciones con total claridad y repetirlas neuróticamente hasta caer mal (quizá por ese motivo deciden no hacerme ni caso, y bien que hacen)».

En las cafeterías paso muy malos ratos porque rara vez lo preparan como me gusta a pesar de darles las explicaciones con total claridad y repetirlas neuróticamente hasta caer mal Carla de La Lá, 48 años, escritora y periodista

Para Carla, cualquiera es buen momento para un café, siempre que sea antes de las 5 de la tarde, «porque si no, no duermo, aunque tiro mucho de descafeinado». Empezó a consumir de adolescente, cuando, explica, «abusaba bastante, porque me dejaba todos los exámenes para el último día a la vez. Cientos de noches sin dormir ni una hora desde Bachillerato. ¡Gracias café!». El centro de su relación con la bebida lo tiene claro: «Ritual, placer y estimulo intelectual, trabajo muchas horas al día y al final voy al gimnasio, tengo dos hijos y dos perros, y algo de vida social». Reconoce también crisis de pareja con el líquido excitante: «En algunas épocas de mi vida me ha producido mucha ansiedad. En mi familia hay médicos y dicen que es un ansiógeno terrorífico. Hace años mi hermano (psiquiatra) me dijo: «Mira, si quieres quitarte la ansiedad y dormir como un bebé, no es cosa de ansiolíticos, deja el café, y verás los resultados. Lo hice y en pocos días estaba relajadísima, de hecho demasiado, volví al café y conseguí dominarlo». Ahora, dice, lo toma «sin consecuencias, hasta nueva orden, me sienta bien». Y sobre la actual ‘cultura del café’ (cafeterías de autor, redes sociales, cold brew, etc.) se muestra escéptica: «Yo, desde el respeto y el amor que me producen todos los vertebrados sin excepción, creo que son cosas de cursis. Detrás de alguien que se denomina foodie (y sus homónimos) siempre se esconde lo peor».

El café desinflama, palabra de estudio

Volviendo al mundo de la investigación, hay más estudios que ofrecen razones para el optimismo. Se ha observado, por ejemplo, una relación inversa entre el consumo habitual de café y el riesgo de cáncer endometrial. El efecto parece más marcado en mujeres con sobrepeso u obesidad, posiblemente porque el café mejora la sensibilidad a la insulina y reduce la inflamación, dos factores implicados en este tipo de cáncer. Más, y también relacionado con la inflamación: el estudio Coffee, Caffeine, and Risk of Depression Among Women realizado en la Universidad de Harvard y publicado en Archives of Internal Medicine en 2011, apuntaba a una relación negativa entre consumo de café y depresión. La investigación encontró que las mujeres que tomaban 4 tazas diarias tenían un 20 % menos de riesgo de depresión, y uno de los mecanismos propuestos era la modulación inflamatoria.

Más de cuatro se toma al día María José, 41 años, informática con un alto grado de responsabilidad en una gran empresa radicada en Málaga. Cuando le pregunto cuántas tazas al día bebe su respuesta es: «¿Tazas? Me tomo una cafetera de 9. Me la llevo en un termo a la oficina». El primero, explica María José, cae a las 7:00 h, porque «sin el café no soy capaz de pensar. Necesito los 15 minutos de reflexión conjunta (café y yo)». Y aunque bromea sobre el hecho de que el mejor momento café es «todos los momentos», admite que el del desayuno «siempre es el mejor». Dice que el hábito llegó a su vida en la universidad y ahí se quedó. Representa para ella, dice, «ritual y energía. Por la mañana, energía y reflexión. En la oficina de vez en cuando, ritual y momento de descanso». Sólo toma una marca, el motrileño Sol&Crema, que prepara en cafetera italiana, y nunca se ha planteado dejarlo, aunque percibe que mucha gente de su generación o entorno lo está haciendo. ¿Puede imaginar su día sin café? «No… Me da dolor de cabeza».

¿Tazas?? Me tomo una cafetera de nueve. Me la llevo en un termo a la oficina María José, 41 años, informática

También, en grandes estudios poblacionales se ha observado que las mujeres que consumen 2-4 tazas diarias tienen menor riesgo de enfermedades cardiovasculares y mortalidad por estas causas (y recordemos que la enfermedad cardiovascular -incluyendo infartos, ictus y otras patologías del corazón y vasos sanguíneos- es la principal causa de muerte en la mujer adulta en España, superando al cáncer de mama y otras enfermedades). Un análisis reciente del NHLBI (EEUU) ha añadido un matiz a lo anterior: el momento del consumo importa. Las que toman café sobre todo por la mañana presentan más beneficios que las que lo beben a lo largo de todo el día (probablemente por menor impacto sobre el sueño y la presión arterial nocturna).

Un ritual de hola a la vida

María Muñoz Rivera, 30 años, periodista y comunicadora, es de las mañaneras en asuntos cafeteros. Se toma el primero de sus dos cafés diarios (antes era mucho más consumidora, dice, pero ha rebajado el consumo) nada más levantarse, «es casi lo primero que hago y uno de los mejores momentos del día». De hecho, no es un café sin más, sino todo un ritual: «Lo tomo siempre de pie, junto a la ventana, y veo despertarse a la ciudad con los primeros ruidos y rayos de luz. Me gusta ese momento porque parece ser de los pocos de quietud plena del día, antes de que el móvil y los mensajes empiecen a bombardearme. Sólo estamos yo y mi vaso de café. Sí, soy de esas personas que prefieren tomarlo en un vaso grande de cristal».

María entró en el hábito a los 16 años, y hasta hoy, tanto en el trabajo como en el placer. Lo que le proporciona lo tiene claro: «Siento que me da el chute de energía que necesito para afrontar una jornada larga. Una energía que también va asociada a cierto foco mental de concentración«. Como muchos otros, en algún momento de su vida ha intentado dejarlo, pero «tras una semana de pinchazos en la cabeza y la frente, una amiga psicóloga me contó que el síndrome de abstinencia del café es peor que el de muchas drogas, así que soy una adicta declarada, supongo». El vínculo no es sólo físico, también emocional: «Soy una nostálgica y me encanta hacerlo en cafetera italiana. Me recuerda, además, al que preparaban mis abuelos o siguen haciendo mis padres. Con la tapa abierta hasta que suba el agua, como me explicó una vez un barista de Milán hace un montón de años, cuando descubrí que un café bien hecho tenía que saber más dulce que amargo, sin añadir edulcorantes o azúcares. Me gusta que el olor impregne toda la casa, es como si también la cargara de energía. Cuando viajo fuera, aunque trato de no ser maniática y de no inoportunar a nadie con estridencias, me cuesta mucho tomarlo en cápsulas».

El primer café lo tomo nada más levantarme, siempre de pie, junto a la ventana, y veo despertarse a la ciudad con los primeros ruidos y rayos de luz María Muñoz, 30 años, periodista

De regreso al tema de los beneficios para la salud, el café se ha asociado sistemáticamente con menor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 en mujeres. Este efecto, además, se ha observado tanto en café con cafeína como descafeinado, lo que sugiere que compuestos antioxidantes y antiinflamatorios (como el ácido clorogénico) también juegan un papel. En cuanto a huesos, la idea tradicional era que el café «descalcifica», pero metaanálisis recientes (2025) muestran que, en mujeres que consumen calcio suficiente, el café no aumenta el riesgo de osteoporosis. Incluso se ha visto un efecto protector moderado en mujeres mayores que toman 3-4 tazas diarias.

Si a eso le sumamos que el consumo regular de café se asocia con menor riesgo de deterioro cognitivo y enfermedad de Parkinson en mujeres…, sólo cabe preguntar: ¿tomamos una tacita?

Por ejemplo, en En Bruto, un local de cafés de especialidad, en la calle San Lucas 13 de Madrid donde trabaja Adriana García, 36 años, mexicana licenciada en Lenguas Modernas. Como para el resto de entrevistadas, su café clave es el primero de la mañana. Lo toma expreso, que es como, opina, «se aprecian mejor todas sus propiedades». Su momento más especial es el de «molerlo por primera vez, por el aroma que produce». Cuenta, además, que aunque el hábito nació durante su adolescencia en casa, en su caso ha sido el café «el que me ha elegido a mí y determinado mi camino. Comencé en una pequeña cafetería donde aprendí lo más básico, en mi siguiente trabajo me eduqué más con información técnica acerca de cómo se trata el café, pero ha sido realmente en En Bruto, un lugar de referencia en Madrid, donde afiné esos detalles necesarios para hacer el mejor café, y desde ahí me he sentido fascinada por su mundo». Para Adriana, el café es sinónimo de «placer y compañía, en cualquier momento, ya sea con amigos, familia, por trabajo… Los momentos buenos y otros no tanto son la excusa perfecta para reunirse, tomarse un café y pasarla bien».

Mi preferido es el café expreso, siento que es como mejor se aprecian todas sus propiedadesAdriana García, 36 años, empleada de En Bruto

Por cierto, que la preparación también influye. El más sano es el que se hace en cafetera con filtro de papel. Éste retiene casi por completo el cafestol y el kahweol, que son los compuestos del café responsables de aumentar el colesterol LDL cuando se consume en grandes cantidades.

Y unas cuantas cosas malas

Que el café tenga beneficios para la salud no lo exime de tener un lado oscuro. Si padeces problemas de sueño, ansiedad, hipertensión mal controlada, arritmias o molestias digestivas, conviene moderar su consumo: la cafeína puede acentuar estos síntomas. En personas sensibles, incluso pequeñas cantidades pueden causar nerviosismo, palpitaciones o insomnio.

Durante el embarazo se recomienda no superar las dos tazas al día (unos 200 mg de cafeína), ya que atraviesa la placenta y puede influir en el desarrollo fetal. También puede interferir ligeramente en la absorción de hierro y calcio, por lo que es mejor tomarlo separado de las comidas si hay anemia o riesgo de osteoporosis.

Además, la cafeína puede interactuar con ciertos medicamentos y potenciar sus efectos, así que quienes siguen tratamientos crónicos deberían consultarlo con su médico. Para la mayoría de adultos sanos, eso sí, tomar entre dos y cuatro tazas diarias —mejor por la mañana— es seguro y puede formar parte de un estilo de vida saludable.

Fuente: https://www.elmundo.es/yodona/vida-saludable/2025/10/10/68de4813fc6c83bc298b4585.html

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