Saber atajar las relaciones tóxicas es imprescindible para mantener una buena salud mental

Andrea Del Valle González–Bienestar / VozPópuli
Ser madre no es sencillo. Son muchas las que lo dicen: no hay ningún manual de instrucciones, aunque esto no exime de la responsabilidad afectiva que, al igual que todos, se ha de tener para no causar daños en el otro, que en este caso son los hijos. Algunos lo llaman el ‘síndrome de la madre tóxica’, aunque no está reconocido oficialmente.
Es posible identificar cuando una madre tiene comportamientos tóxicos: imposiciones injustificadas, formas hirientes de hablar y comportamientos abusivos son algunos de los problemas más comunes, pero lo cierto es que es posible identificar cuándo una madre es tóxica -y quien dice una madre, también dice un padre o cualquier tipo de tutor-.
Identificar a una madre tóxica
Psicólogos y profesionales de la salud hablan de ciertos comportamientos comunes en este tipo de casos. El problema radica en identificarlos. La diferencia de poder y autoridad entre un progenitor y un hijo -sobre todo cuando este es pequeño- convierte la situación en algo más difícil de atajar. Así, algunas señales que pueden facilitar detectar el problema son:
• Idealizan la idea de tener una pareja
• Apenas permiten a sus hijos tomar decisiones
• Tienden a aislar a sus hijos y a restringir sus vida social
• Imponen roles de género, sobre todo a ellas
La lista continúa con la presencia de comportamientos pasivo-agresivos. Algunos signos específicos de que esto está ocurriendo según los profesionales de la salud son la presencia de actitudes hostiles y cínicas, las quejas frecuentes, la resistencia a la cooperación o la oposición a toda propuesta o petición de otros. Además, el desinterés disfrazado de permisividad en forma de frases como “haz lo que quieras” suelen entrañar conflictos y desorientar al niño.
Protección y manipulación
Todos estos comportamientos, en muchas ocasiones, tienen un origen: tratar de sobreproteger al menor. El instinto de protección es normal y natural en el ámbito familiar, pero este no debe ocurrir en exceso, ya que puede entrañar importantes problemas. Así, para detectar que hay una sobreprotección por parte de los padres, hay señales que no suelen fallar y sí están de lo más presentes:
• Los padres asumen responsabilidades que no son suyas
• Insistencia al menor para que evite el peligro
• Vigilancia constante
• Invaden su privacidad
• Gestión de sus amistades
Finalmente, el uso de violencia y manipulación familiar es el culmen al hablar de madres y progenitores tóxicos. Tener en cuenta que la violencia no solo es física, sino también verbal, es imprescindible para poder atajar el problema. Este tipo de castigos provoca en el niño dolor, resentimiento y desconfianza. Además, este tipo de situaciones suele agravarse cuando ha habido un divorcio o separación previo.
La mejor solución para poner fin a estos comportamientos es poder identificarlos y acudir a un psicólogo o profesional de la salud mental. Es probable que detrás de estas actitudes abusivas se encuentren problemas personales, inseguridades y traumas que el adulto debe tratar para no transmitirlos al niño y someterle a un sufrimiento que, con el paso de los años, determinará su forma de actuar y limitará su desarrollo.