Diseñada por Norman Foster, esta bodega se alza no solo como un templo dedicado al vino, sino como una auténtica obra de arte

David Alonso Rincón / CHIC
Hay lugares en el mundo del vino donde la geografía y la genialidad humana se estrechan la mano para crear algo verdaderamente extraordinario. Si uno recorre las tierras de la Ribera del Duero buscando esa simbiosis perfecta entre la tradición vitivinícola y la vanguardia arquitectónica internacional, el camino conduce irremediablemente hasta Bodegas Portia, el séptimo y ambicioso proyecto del Grupo Faustino, perteneciente a la familia Martínez Zabala. Diseñada por el prestigioso estudio del arquitecto británico Norman Foster, esta bodega se alza no solo como un imponente edificio dedicado al vino, sino como una auténtica obra de arte en sí misma que redefine por completo el concepto del enoturismo en España.
Un Sueño de Arquitectura y Vino
La historia de Portia no es casualidad; responde a una obsesión heredada por sus dueños. Los orígenes se remontan a la figura del patriarca de la familia Martínez, un apasionado del vino y la arquitectura que ya marcó un hito en la Denominación de Origen Rioja al inaugurar en los años 90 la bodega Campillo. Aquel proyecto rompió moldes al apostar por la madera, la pizarra negra y la apertura al público, convirtiéndose en pionera en recibir visitantes para que entendieran y vivieran de cerca el complejo y preciado mundo vinícola.
A finales de 1996, la familia decidió dar el salto a la Ribera del Duero y comenzar a plantar. Tras años de adquirir tierras estratégicamente fragmentadas en pequeños pagos y laderas —una medida clave para esquivar los caprichos de las tormentas de granizo y proteger la cosecha—, el sueño arquitectónico cobró forma definitiva al confiar el diseño al equipo del flamante Norman Foster. Inaugurada en 2010, la bodega destaca de manera indiscutible por ser una de las pocas en el mundo cuyo tejado es totalmente transitable, integrándose con audacia en la orografía del paisaje burgalés.
El viaje de la uva: funcionalidad y mínima intervención
Una de las premisas fundamentales que la familia exigió a Foster fue la funcionalidad absoluta al servicio del producto. Los técnicos y enólogos tenían clara una máxima innegociable: «bombear la uva lo menos posible» según cuenta Lourdes Martínez Zabala. Gracias a la estructura en altura de la bodega —con zonas de elaboración situadas a más de catorce metros sobre el suelo—, los tractores descargan la uva en la cubierta superior, permitiendo que el fruto descienda de manera natural por gravedad hacia los depósitos sin sufrir daños innecesarios.
La filosofía de Portia y sus pilares:
En esta bodega se trabaja exclusivamente con la uva Tempranillo (o tinta del país), recolectada de forma manual en pequeñas cajas de 15 kilos y palots para garantizar la máxima calidad desde el viñedo.
La bodega cuenta con un avanzado trabajo de investigación e innovación enfocado en la recuperación y multiplicación de microorganismos y levaduras autóctonas extraídas directamente de sus propios campos, evitando el uso de productos comerciales.
En cuanto a la sostenibilidad, otro de sus pilares, el tejado de la estructura es un sistema de recogida de aguas pluviales que se canalizan hacia una depuradora propia para el lavado de depósitos y suelos.
Innovación en barricas y diseño
El recorrido por las entrañas de Bodegas Portia revela una distribución en alas simétricas donde la luz natural juega un papel protagonista, iluminando las zonas de trabajo del personal mientras mantiene las salas de crianza y depósitos en penumbra y a una temperatura constante y natural durante todo el año.

El proceso de envejecimiento también ha evolucionado tecnológicamente. Las tradicionales pilas de barricas sobre el suelo han dado paso a un sistema de bandejas que permite manipular las barricas de roble francés —de distintas tonelerías y tostados— de cuatro en cuatro, ganando en seguridad, rapidez y limpieza. Asimismo, destaca la creación de ediciones especiales y limitadas como Portia Suma —con fermentación integral en barricas de 400 litros— y Portia Alta, esta última elaborada en singulares huevos de hormigón que potencian de forma natural el volumen y la textura del vino mediante el movimiento fluido de las lías.
Un espacio vivo abierto al arte
Más allá de su arquitectura de acero corten, madera y vidrio, Portia funciona como un centro cultural vivo. Sus paredes interiores albergan exposiciones temporales de artistas y escultores, ofreciendo un escaparate único para el talento joven. Y
Además de toparnos con una exposición de arte temporal, la bodega ofrece visitas guiadas a la misma con el atractivo añadido de poder comer en su restaurante Triennia Gastrobar, con unas impresionantes vistas a los viñedos.
Visitar Bodegas Portia es meterse de lleno en el mundo del vino en el corazón de la Ribera del Duero, uno de los rincones de España famoso por sus viñedos, en un entorno moderno tocado por diseño genial de Norman Foster.