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Antes de WhatsApp, la radio y los periódicos, hubo un oficio encargado de difundir las noticias: el pregonero | Historia NG

Durante siglos, cuando gran parte de la población no sabía leer y la información urgente no podía esperar, hubo una figura imprescindible en pueblos y ciudades: el pregonero, un trabajo ya extinto.

Este oficio llevaba las noticias por las calles: así era la vida del pregonero.
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Sarah Romero / Historia National Geographic

Hoy nos sobran las notificaciones. Un mensaje en WhatsApp, una alerta en redes sociales, una noticia en la radio, un titular en un periódico digital o el vídeo de nuestro youtuber de actualidad favorito, nos ponen al día de las últimas noticias. Pero durante siglos, había una persona o, mejor dicho, un oficio encargado de estos menesteres noticiosos. La primera red social de viva voz.

El origen del pregonero: mucho antes de la Edad Media

Aunque solemos asociar al pregonero con escenas medievales, su historia es mucho más antigua. En la antigua Romaya existían figuras equivalentes llamadas praecones, encargados de anunciar en público subastas, actos judiciales, decisiones cívicas y otros avisos de interés colectivo.

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También en el mundo griego hubo heraldos y anunciadores en una época en la que no había prensa, ni pantallas, ni alfabetización generalizada. Era la única forma de enterarse de las novedades, gracias a la oralidad organizada. Así, las sociedades antiguas entendieron muy pronto que gobernar también era comunicar, y para eso era necesario contar con alguien capaz de reunir a la gente y hacerse oír.

La gran edad de oro del pregonero

Fue en la Edad Media y en la Edad Moderna cuando el oficio alcanzó una importancia extraordinaria. En Inglaterra, por ejemplo, los ‘town criers’ o pregoneros urbanos formalizaron su papel tras la conquista normanda de 1066. Su famosa fórmula de inicio, «Oyez, oyez, oyez», procedía del francés normando y significaba algo parecido a ¡escuchad!. En España, la fórmula equivalente fue durante siglos el conocido «De parte del señor alcalde se hace saber…».

Su utilidad era evidente. En una sociedad donde buena parte de la población no sabía leer, colgar un bando en la puerta del ayuntamiento servía de poco si nadie lo entendía (porque no sabía leer) o ni siquiera pasaba por allí. El pregonero suplía ese vacío. Se dedicaba a recorrer calles y plazas, se detenía en puntos determinados y recitaba el anuncio con voz potente, clara y solemne.

No era solo un lector. En algunos lugares, como se ha documentado en Jijona en 1879, el pregonero no se limitaba a leer el texto administrativo, sino que lo adaptaba al lenguaje que hablaba la gente para que lo comprendiesen sin dudas. Si el documento oficial estaba en castellano y muchos vecinos se expresaban en valenciano, él lo transformaba a la lengua cotidiana para que el mensaje realmente llegara.

¿Cómo trabajaba un pregonero?

Había algo teatral en dar el pregón, y eso formaba parte de su eficacia. Antes de hablar, el pregonero llamaba la atención con una corneta, una trompetilla, una campana y hasta un tambor. Estos sonidos tenían un efecto inmediato porque sabían qué se avecinaba, así que la gente se callaba, salía a las puertas, se asomaba a las ventanas y por unos instantes la vida del pueblo se detenía. Todos estaban pendientes del pregón.

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En algunos lugares, incluso había sonidos distintos según el tipo de anuncio. En Sariñena, Huesca, por ejemplo, el tambor servía para avisos del sindicato de riegos, mientras que la trompeta se reservaba para bandos municipales, cortes de agua o luz y anuncios comerciales.

La temática podían ser impuestos, subastas, normas de convivencia, horarios de riego, pérdidas de animales, ventas de pescado, fruta o vino, llegada de comerciantes ambulantes, e incluso advertencias sobre conductas sancionables.

Mucho más que dar noticias

Los pregoneros no eran menos anunciadores de noticias. Durante siglos también tuvo funciones relacionadas con el orden público y la vida municipal. Los que ejercían este oficio podían anunciar delitos, castigos y decisiones judiciales.

En la tradición inglesa, además, el ‘town crier’ patrullaba de noche, actuaba como vigilante y se ocupaba de anunciar la hora o comprobar que los fuegos estuvieran apagados tras el toque de queda; es decir, era una figura a medio camino entre comunicador, agente local y guardián del orden.

Por eso no es casualidad que estuvieran protegidos por la ley. En Inglaterra, dañar a un pregonero podía considerarse traición, porque hablaba en nombre del monarca. De ahí la célebre idea de ‘no matar al mensajero’, que no era solo una metáfora: respondía a una necesidad muy real de proteger a quien transmitía noticias, incluidas las desagradables.

El pregonero en España: una voz imprescindible hasta el siglo XX

En España, el pregonero sobrevivió muchísimo tiempo; en una gran cantidad de pueblos siguió siendo una figura fundamental de la sociedad hasta bien entrado el siglo XX, especialmente durante la posguerra. Las razones eran comprensibles. Seguía existiendo baja alfabetización, escasa difusión de la prensa y una radio todavía poco extendida en el medio rural. En ese contexto, el pregonero se convirtió en el gran medio de comunicación local. Avisaba de cortes de agua y luz, turnos de riego, impuestos, anuncios del ayuntamiento, ventas ambulantes, pérdidas de objetos o animales… y siguieron activos hasta los años setenta u ochenta.

Su desaparición se debió a la expansión de la alfabetización, la generalización de la radio, la llegada masiva de la prensa, la mejora de las infraestructuras y, más tarde, la irrupción de la televisión, el teléfono e internet.

Fuente: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/antes-whatsapp-radio-y-periodicos-hubo-oficio-encargado-difundir-noticias-pregonero_26413

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