La experta revela en ‘Herrera en COPE’ que la ducha no se popularizó hasta el siglo XX y que al principio la gente no sabía ni cómo usarla sin bañador

Hablamos en ‘Herrera en COPE’ sobre los olores fetiche y su evolución a lo largo de la historia con Ana Velasco y Jorge Alcalde
Paola Albaladejo / COPE
En el programa ‘Herrera en COPE‘, una conversación distendida sobre los olores no convencionales que nos resultan atractivos derivó en un fascinante viaje a la historia de la higiene y los aromas. El comunicador Alberto Herrera, junto a la historiadora Ana Velasco y el divulgador científico Jorge Alcalde, exploró desde cuándo nos preocupan los olores y cómo han cambiado nuestros hábitos a lo largo del tiempo.
La cuestión central, que desmonta una práctica que hoy consideramos cotidiana, la planteó Herrera: «porque lo de ducharse todos los días es algo bastante moderno, entiendo, ¿no?». La respuesta de la historiadora Ana Velasco fue reveladora, situando el origen de esta costumbre en una época mucho más reciente de lo que la mayoría podría imaginar.
Un invento más reciente de lo que se piensa
Velasco explicó que las primeras duchas aparecieron a finales del siglo XVIII y su mecanismo era rudimentario. Según la experta, eran «un poco de pedal», consistiendo en «una especie de calentador de agua con un depósito que está arriba y que cae de una forma natural», similar a las duchas de verano que se instalan hoy en parcelas.
Sin embargo, la verdadera masificación de este invento no llegó hasta mucho después. «La ducha como nosotros la conocemos se empieza a instalar de forma masiva ya en el siglo 20, incluso después de la Primera Guerra Mundial«, afirmó Velasco. La historiadora también compartió una anécdota que ilustra la novedad del aparato: había «gente que le instalaban la ducha y se bañaba con traje de baño«.

Esta realidad histórica contrasta con la memoria reciente de muchas familias. Durante el programa, se recordó cómo en los años 60 en Madrid era habitual que los niños se bañasen «una o dos veces a la semana en esos barreños de zinc», o que en muchas casas de pueblo no hubiera una ducha instalada hasta bien entrado el siglo XX.
Limpios y sucios a lo largo de la historia
Pese a la tardía llegada de la ducha, Velasco quiso hacer una importante matización. «Siempre ha habido gente sucia y gente limpia en la historia, y esto es muy importante precisarlo», señaló. Aclaró que, si bien «los estándares higiénicos no eran los de 2026«, la preocupación por la limpieza no es un concepto exclusivamente moderno.
La historiadora describió también el ambiente olfativo de las ciudades del pasado, muy alejado del actual. «Tienes que imaginarte las calles llenas de caballos«, explicó, añadiendo que el estiércol se acumulaba, generando un olor «muy, muy fuerte». Según Velasco, en aquel entonces «las calles no eran sitios de paseo» como las concebimos en la actualidad.

En cuanto a las infraestructuras, la experta apuntó que el alcantarillado en España se generaliza a partir del siglo XVIII e incluso del XIX. No obstante, recordó que ya existían «canalizaciones» en civilizaciones antiguas como la antigua Roma o el antiguo Egipto, aunque fueran muy distintas a las modernas.
Finalmente, Velasco diferenció entre las civilizaciones urbanas y las de tipo nómada, como los mongoles, para quienes la higiene estaba condicionada por otros factores. «El acceso a agua potable siempre ha determinado las condiciones de habitabilidad«, concluyó la historiadora.
Este texto ha sido elaborado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.