Toma nota de una expresión que seguro que has usado en más de una ocasión

Gemma Meca / VozPópuli
Un viejo truco médico del siglo XVII está detrás del origen de una expresión tan conocida como “dorar la píldora”. El lenguaje se construye a partir de palabras y expresiones que, con el paso del tiempo, pueden cambiar por completo de significado. Algunas nacieron para describir acciones muy concretas que hoy ya no forman parte de nuestra vida cotidiana.
A lo largo de una sola vida podemos ser testigos de grandes cambios a nuestro alrededor. Objetos, costumbres y formas de hacer las cosas desaparecen y, en ocasiones, incluso tenemos que explicar a las nuevas generaciones para qué servían determinados objetos con los que crecimos.
La evolución también afecta al lenguaje. Si nos detenemos en algunas expresiones que utilizamos a diario, descubriremos que muchas tienen detrás una historia que se remonta siglos atrás. Es el caso de “dorar la píldora”, una expresión que nació de un gesto muy concreto relacionado con la medicina y que hoy utilizamos con un significado completamente distinto.
De lo literal a lo figurado: el origen de “dorar la píldora”
Para entender el origen de esta expresión hay que viajar hasta una época en la que las farmacias y los medicamentos eran muy diferentes de los actuales. Los boticarios eran los encargados de preparar buena parte de los remedios que después tomaban sus clientes.
Elaborar aquellos medicamentos no siempre era sencillo. Las mezclas podían tener un sabor especialmente desagradable, algo que suponía un problema para quienes tenían que tomarlas. Por ello, los boticarios recurrían a diferentes métodos para intentar hacer más llevadero su consumo.
En el siglo XVII, uno de esos métodos consistía en recubrir las píldoras con sustancias dulces, como el azúcar o la miel, con el objetivo de disimular el sabor amargo de los ingredientes medicinales. De esta forma, el paciente podía ingerirlas con mayor facilidad.
De ahí procede, en sentido literal, la idea de “dorar la píldora”: cubrirla con una capa que ayudara a ocultar su desagradable sabor. Con el paso de los siglos, aquella acción concreta terminó convirtiéndose en una expresión utilizada en sentido figurado.
Este viejo truco médico ha cambiado mucho
Hoy los medicamentos se fabrican en laboratorios y existen numerosas fórmulas para facilitar su consumo. Los sabores, las texturas y hasta los formatos se estudian para conseguir que resulten más fáciles de tomar.
Sin embargo, la expresión “dorar la píldora” ha sobrevivido, aunque su significado haya evolucionado. Actualmente se utiliza cuando alguien intenta presentar algo desagradable de una manera más amable, suavizar una mala noticia o hacer que una situación negativa resulte más fácil de aceptar. En cierto modo, seguimos utilizando la misma idea que hace siglos: ocultar el sabor amargo de algo para conseguir que sea más fácil de consumir.
La Fundación de la Lengua Española recoge esta explicación y señala, de acuerdo con José María Iribarren, que la expresión significa “dulcificar, disimular un daño o perjuicio; mitigar o disimular de algún modo una mala noticia”. La explicación aparece también vinculada a Sebastián de Covarrubias y su Tesoro de la lengua castellana. Allí se hace referencia a las píldoras medicinales que los boticarios solían dorar para disimular “el amargo del acíbar” que contenían.
Así, una práctica habitual de los antiguos boticarios terminó dando lugar a una expresión que todavía utilizamos siglos después. Lo que comenzó como una forma literal de hacer más llevadero un medicamento acabó convirtiéndose en una manera de describir cómo suavizamos una realidad que, en el fondo, puede seguir siendo igual de amarga.