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¿Un test psicológico antes de ponerse bótox? Reino Unido propone una valoración de la salud mental antes de una intervención estética | S Moda

Un 2% de la población sufre dismorfia corporal, pero esa cifra alcanzaría el 18% entre los que acuden a realizarse un tratamiento de medicina estética

¿Es necesaria una evaluación previa antes de someterse a un procedimiento de medicina o cirugía estéticas? El debate está abierto. Yulia Reznikov (Getty Images)

Las intervenciones estéticas, ya sean de cirugía o de medicina estética, llevan tiempo copando titulares y encendidos debates, porque también llevan tiempo insertándose en la cotidianeidad de muchas personas. Solo en nuestro país, la Sociedad Española de Medicina Estética reconoce que más del 40% de la población es usuaria de sus tratamientos, una cifra que aumenta cada año en los diferentes estratos sociales. Por su parte, la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (SECPRE) presentó en 2023 un análisis que ponía números al aumento de la demanda de las intervenciones quirúrgicas: 204.510 en un año, un 215% más que ocho años antes (y un 85% de esas cirugías realizadas a mujeres).

La alta penetración hace que vaya ajustándose la regulación y en este marco en Reino Unido se acaba de plantear evaluar a los que quieran someterse a cualquier intervención. La idea parte del Nice (National Institute for Health and Care Excellence), un organismo público independiente encargado de elaborar directrices y recomendaciones de todo tipo, basadas en la evidencia científica, para mejorar la atención sanitaria y social. Una serie de regulaciones que después se encarga de implementar el servicio nacional de salud, el NHS, y que en este caso ha posado la atención en la estética. El documento, que se trata solo de un borrador por el momento, defiende analizar antes de realizar un tratamiento, para identificar signos de Trastorno Dismórfico Corporal (TDC) o Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC). Que cualquier procedimiento estético (de un pinchazo de bótox a un relleno con ácido hialurónico o un peeling químico) o de cirugía plástica vaya precedido de una evaluación. Para ello los profesionales que trabajen en este campo deberían encargarse de hacer una serie de preguntas estructuradas enfocadas en detectar patologías. Estas abordarían temas como pensamientos obsesivos sobre un defecto físico, la preocupación desproporcionada por el aspecto o conductas repetidas relacionadas con esa preocupación. Si las respuestas hicieran sospechar que existe un trastorno dismórfico, la institución recomienda no seguir adelante y derivar al paciente a una evaluación especializada.

El Nice estima que el Trastorno Obsesivo-Compulsivo afecta en torno a un 1,2% de la población, mientras que la dismorfia corporal podría alcanzar a un 2% de los adultos en el país. Sin embargo, esta última afección alcanzaría al 18% de los que demandan un tratamiento estético según el organismo, que ha analizado los datos de diferentes estudios. “Las personas con trastorno obsesivo-compulsivo y trastorno dismórfico corporal pueden experimentar síntomas durante mucho tiempo antes de recibir el diagnóstico y el apoyo adecuados”, explica en el informe Eric Power, director interino del organismo, “a menudo, estas afecciones se malinterpretan, y a muchas personas les resulta difícil hablar de ellas debido a la vergüenza, el pudor o el miedo a ser juzgadas”.

La medida llega solo unos meses después de que el Parlamento Británico publicara un informe dedicado precisamente a la regulación de los procedimientos cosméticos en el que se alertaba de cómo estaba empeorando la percepción de la propia imagen entre mujeres jóvenes y adolescentes. En el texto, que vio la luz en febrero, se advertía además de que en Reino Unido no existe una obligación de realizar un cribado de salud mental antes de una intervención de este tipo. También se señalaban datos que ponían en relieve cómo las intervenciones de medicina estética se están convirtiendo en decisiones sin apenas reflexión: un 22% de las personas que recurren a ellas llegan a la intervención sin haber tenido una consulta previa.

El debate en España también está candente, aunque tampoco existe ningún tipo de regulación que obligue a evaluar la salud mental de los pacientes antes de atenderlos. La SEME lleva años tratando el tema. Ya en 2012 publicó un artículo específico, Medicina estética y psiquiatría: puntos de encuentro, en el que señalaba la necesidad de detectar patologías como el TDC antes de someter a alguien a cualquier procedimiento. Hoy aquí sí hay un cuestionario específico con el que los profesionales pueden valorar si alguien está psicológicamente preparado para un procedimiento, solo que este cribado no es un requisito regulatorio como plantea el NICE en Reino Unido. Actualmente en España el foco legislativo está fijado solo en los profesionales: en quién puede hacer una intervención o en qué centros, pero no en evaluar la salud mental del paciente.

La clínica Mayo define el Trastorno dismórfico corporal como “una enfermedad mental en la que no se puede dejar de pensar en uno o más defectos percibidos o defectos en la apariencia”. Aunque no existe consenso entre los expertos sobre si su incidencia crece o solo aumenta su diagnóstico, numerosos estudios sí sugieren que esta preocupación patológica por la apariencia es hoy más frecuente y visible, especialmente entre los jóvenes, en un contexto marcado por las redes sociales y la cultura de la imagen.

Fuente: https://elpais.com/smoda/belleza/2026-09-25/un-test-psicologico-antes-de-ponerse-botox-reino-unido-propone-una-valoracion-de-la-salud-mental-antes-de-una-intervencion-estetica.html

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