El contacto físico y la calidad de las relaciones personales ocupan un lugar importante en el bienestar emocional

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La salud mental no depende únicamente de lo que ocurre en nuestra cabeza. Las relaciones sociales, el descanso, la actividad física o incluso determinados gestos cotidianos pueden influir en cómo nos sentimos. Así lo explica Ana Asensio, doctora en Neurociencia y psicóloga, durante una entrevista concedida al pódcast Tengo un Plan, donde ha abordado algunos de los hábitos que, a su juicio, ayudan a cuidar el cerebro.
Entre todos ellos, la especialista ha puesto especial énfasis en algo tan sencillo como abrazar a otras personas. «El abrazo es lo más oxitocínico», asegura antes de señalar una cifra concreta: «Dicen que hacen falta 14 abrazos diarios de 8 segundos para nunca caer en depresión». Según explica posteriormente, mantener ese contacto durante unos segundos ayudaría al organismo a pasar a un estado de mayor calma,.
La afirmación debe entenderse como una recomendación divulgativa expresada por Asensio durante la entrevista y no como una fórmula clínica que garantice prevenir la depresión. Este trastorno es una enfermedad compleja y multifactorial, por lo que no puede reducirse a cumplir diariamente con un número determinado de abrazos.
Más allá de la llamativa cifra, el argumento central de Asensio gira alrededor de la necesidad humana de relacionarse. La neurocientífica sostiene que la calidad de los vínculos constituye un elemento fundamental del bienestar y relaciona el contacto interpersonal con la oxitocina, una sustancia implicada, entre otros procesos, en los vínculos sociales.
Durante la conversación, la experta menciona también investigaciones de larga duración sobre felicidad y recuerda que la calidad de las relaciones aparece como uno de los grandes factores asociados al bienestar y la longevidad. Para Asensio, sentirse escuchado, aceptado y acompañado constituye una parte esencial de esos vínculos de calidad.
Esta idea cobra especial importancia ante lo que la especialista describe como un aumento del malestar emocional. A su juicio, una de las causas que pueden contribuir a esa sensación de no encontrarse bien es la soledad no deseada y el debilitamiento de las relaciones personales.
La conexión digital, además, no siempre sustituye al encuentro personal. Contestar una historia de Instagram o intercambiar unos mensajes puede mantener el contacto, pero Asensio diferencia estas interacciones de una conversación presencial en la que existen escucha, mirada, voz y cercanía física. Para la neurocientífica, el ser humano necesita relaciones donde pueda sentirse querido y aceptado.
Abrazar, dormir y moverse
Los abrazos no son el único hábito que recomienda. Asensio señala otros pilares cotidianos que considera fundamentales para cuidar el funcionamiento cerebral. Uno de ellos es dormir correctamente. Durante la noche, explica, el cerebro lleva a cabo procesos relacionados con la organización de la información, la memoria y la recuperación del organismo.
Otro elemento fundamental es el movimiento. Su propuesta no consiste únicamente en reservar una hora para practicar deporte, sino también en evitar pasar demasiado tiempo seguido sin levantarse. La especialista aconseja introducir pequeñas pausas a lo largo de la jornada, caminar durante unos minutos y acompañar esos descansos con respiraciones conscientes.
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POR ACyV
La alimentación completa esta serie de hábitos. Asensio destaca los alimentos que contienen triptófano, un aminoácido relacionado con la síntesis de serotonina, y menciona productos como huevos, lácteos, legumbres o pollo dentro de una alimentación equilibrada.
Su planteamiento, por tanto, va más allá de contar abrazos. La propuesta consiste en prestar atención a una serie de acciones aparentemente sencillas —relacionarse, descansar, moverse y alimentarse adecuadamente— que forman parte del cuidado cotidiano.
Asensio también insiste en que experimentar tristeza no equivale necesariamente a padecer una depresión. Durante la entrevista reivindica la utilidad de determinadas emociones desagradables y explica que la tristeza puede aparecer ante pérdidas, cambios vitales o situaciones dolorosas que necesitan ser procesadas.
El mensaje que deja la neurocientífica pone así el foco en algo que puede quedar relegado entre las obligaciones diarias: mantener relaciones humanas de calidad. Un abrazo no constituye un tratamiento contra la depresión ni sustituye la atención de un profesional cuando existe un problema de salud mental, pero el afecto, el apoyo social y la cercanía forman parte de los factores que pueden contribuir al bienestar emocional.