¿Quiénes fueron los que, sin un peso, con pura convicción, cuidando casillas bajo el sol y defendiendo el voto hasta la madrugada, sostuvieron a Morena? Fueron personas muy jóvenes, pero la mayoría fueron personas adultas mayores

Por Luis Soriano Peregrina / Voz Ciudadana
El edadismo es hoy una de las discriminaciones más normalizadas en México. Y paradójicamente, de las menos nombradas.
La Organización Mundial de la Salud lo definió con claridad en su Informe Mundial sobre el Edadismo de 2021: se trata de los estereotipos, los prejuicios y la discriminación contra las personas por motivo de edad. No es un chiste inofensivo ni una opinión personal. Es una conducta que vulnera la dignidad humana.
En nuestro país, la UNAM ha sido enfática. La investigadora Graciela Casas Torres, de la Escuela Nacional de Trabajo Social, lo advirtió en Gaceta UNAM el 28 de julio de 2025: “Los adultos mayores están invisibilizados debido a mitos o ideas como el hecho de que ya no son productivos o cumplieron su ciclo, a lo cual se le conoce como edadismo”.
Cuando estas ideas se expresan en tono de broma, cuando se infantiliza a una persona por su edad, cuando se le presenta como incapaz o como objeto de burla, no se está haciendo entretenimiento. Se está normalizando el desprecio. Se está construyendo un clima de permisividad que legitima la exclusión.
Y aquí es donde debemos detenernos a analizar el alcance de lo que decimos, sobre todo quienes tenemos una responsabilidad pública o una representación.
Libertad de expresión no ampara la estigmatización
La Suprema Corte de Justicia de la Nación y la Corte Interamericana de Derechos Humanos han sido claras en establecer la figura del deber reforzado. Esto significa que quien tiene acceso a una tribuna, quien tiene miles de seguidores por el cargo que ostenta, quien tiene una capacidad amplificada de influencia, tiene también una responsabilidad mayor con lo que comunica.
Lo que dice, aunque lo diga en su red personal, aunque lo diga en su espacio de entretenimiento, no es privado. Es público y su impacto también es público. Porque puede generar un efecto de normalización de la discriminación.
El derecho humano a la libertad de expresión no ampara la estigmatización ni la violencia contra grupos en situación de vulnerabilidad. Cuando esa expresión termina violentando estigmatizando y discriminando a un sector que requiere derechos reforzados como son las personas adultas mayores, deja de estar amparada y se convierte en una conducta que el Estado está obligado a prevenir y erradicar, conforme al artículo 1º de nuestra Constitución y a la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, esa es la diferencia entre libertad de expresión y otro tipo de manifestaciones.
Sobre este momento que vivimos, leí un análisis de Fernando Maldonado en Parabólica.MX que me parece pertinente. Habla de esa dualidad que vive Morena desde 2018: por un lado, la aspiración ética que llevó a Morena al poder, en que el pueblo de México creyera en este nuevo partido, el ser diferentes, de no ser iguales a los de antes; y por otro, la tentación permanente de trivializar la política, de convertir la tribuna en espectáculo llevando a magos, futbolistas, actores y payasos a ser representantes populares, por el solo hecho de su popularidad.
Y para entender por qué no podemos caer en eso, hay que recordar de dónde viene Morena, viene de la lucha social, de los movimientos históricamente dignos que dieron a México la esperanza que las cosas podrían ser mejores y Morena no empezó desde que se creó el partido oficialmente, viene de una larga caminata de sacrificio, del Éxodo por la Democracia de 1991.
Esa larga caminata es la clave de todo.
La lucha social y el valor de los adultos mayores
Quienes crecimos y quienes nos deconstruimos sintiendo, porque la política no solo se piensa, se siente, por lo mismo es que quienes sentimos y entendimos que el servicio público debe vivirse en la justa medianía, quienes asumimos que la pobreza republicana es principio y no sacrificio, que dignificar a las personas es la prioridad y todo en su conjunto es parte de ser integrante de las izquierdas y por consiguiente parte de Morena, sabemos que llegar al poder no fue casualidad y mucho menos fue gratis.
Costó sudor, sangre, libertad e incluso vidas. Fueron los plantones en Reforma, fueron los fraudes del 2006, el intervencionismo del 2011 y todas las luchas hasta llegar a 2018; en Puebla fue enfrentar la cárcel, la persecución, el descrédito, la difamación, donde muchos perdimos todo, menos la dignidad. Fue enfrentarnos a las ideologías que dominaban México y que criminalizaron por décadas la lucha social.
¿Y quién fue ese ejército ciudadano que resistió todos esos embates? ¿Quiénes fueron los que, sin un peso, con pura convicción, cuidando casillas bajo el sol y defendiendo el voto hasta la madrugada, sostuvieron este movimiento? Fueron personas muy jóvenes, pero la mayoría fueron personas adultas mayores.
El dato no es sentimental, es oficial. El Instituto Nacional Electoral, en sus estudios de participación ciudadana de 2024 y 2025, reportó que el grupo de 60 a 74 años, especialmente el de 65 a 69 años, es el voto duro de México. Es el sector que más participó en las elecciones de 2018 y 2024. Son el sostén de nuestra democracia.
Reflexión, necesaria para erradicar edadismo
Por eso, banalizar con este tipo de expresiones, reírse de la edad, es lastimar y ofender a todas y todos aquellos que perdimos todo por el ideal de darle poder al pueblo, al reprimido, al olvidado. Es deslegitimar años de lucha de defensoras y defensores de derechos humanos.
Lo digo con congruencia, pues en 2020, presenté una denuncia ante el Conapred, con folio 395625, contra Denise Dresser por edadismo, por un meme en el que se burlaba de personas adultas mayores en el ejercicio público. Si lo denuncié siendo ella opositora, con más razón lo sostengo hoy cuando viene de una representación aliada.
Mi llamado no es a la cancelación, es a la reflexión. Usemos los micrófonos y las tribunas para lo que realmente importa: para hablar de la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, vinculante para México desde 2023. En su artículo 5, esta Convención nos obliga como Estado a erradicar todas aquellas prácticas, estereotipos y costumbres que atenten contra la dignidad de las personas mayores.
Pero no basta con prohibir en el papel. Tenemos que construir procesos de paz.
Construir paz, como lo define la Unesco, no es solo la ausencia de conflicto. Es generar las condiciones para que podamos convivir con respeto, con memoria y con dignidad.
Tres pasos fundamentales para construir respeto y la paz
¿Cómo se construye paz frente al edadismo? Desde mi perspectiva, con tres acciones concretas:
- Prevención. Capacitar y sensibilizar en derechos humanos a toda persona que tiene un micrófono y una representación. Entender que la palabra tiene consecuencias.
- Pedagogía pública. Convertir cada error en un aprendizaje colectivo. La propia Convención, en su artículo 7, nos pide fomentar una actitud positiva hacia la vejez y un trato digno y respetuoso.
- Garantía de no repetición. Como lo ha marcado la Corte Interamericana en múltiples sentencias, no basta con la disculpa. Se necesitan actos, compromisos y conductas que aseguren la no repetición.
Necesitamos que cada espacio con influencia se vuelva un espacio de prevención, donde se motive el respeto intergeneracional y se reconozca a las personas adultas mayores no como una carga, sino como lo que son: transmisoras de memoria, de lucha y sostén de nuestra democracia.
Porque la dignidad no disminuye con la edad, merece mayor protección y porque la mejor forma de honrar a quienes nos enseñaron a luchar dentro y fuera del movimiento social y los movimientos políticos y de dignificación de los derechos humanos, es asegurando que nunca más se repita una conducta que estigmatice a las personas adultas mayores, venga de opositores o aliados por igual.
+ OPINIÓN : Las opiniones expresadas son responsabilidad del autor