El especialista explica que estos monumentos aparecieron en lugares muy alejados sin necesidad de contactos entre sus constructores y destaca las profundas diferencias que existen en su función y significado

ACyV
Las pirámides levantadas por las antiguas civilizaciones suelen alimentar teorías sobre posibles conexiones entre pueblos separados por miles de kilómetros. Egipto, Mesopotamia o Mesoamérica desarrollaron construcciones monumentales con una silueta similar, aunque esa coincidencia no implica necesariamente que compartieran conocimientos o mantuvieran algún tipo de contacto.
Tito Vivas, doctor en Egiptología, ha abordado esta cuestión durante su participación en el pódcast ‘Tiene Sentido’. El especialista sostiene que, al estudiar con detalle estos monumentos, las semejanzas se reducen considerablemente. «Cuando uno analiza realmente las diferencias entre las pirámides de las civilizaciones antiguas, llegas a la conclusión de que lo único que tienen en común es la forma», señala.
Su explicación parte de un principio arquitectónico sencillo. Para construir un edificio de gran altura con los medios disponibles hace miles de años, resultaba lógico crear una base amplia y reducir progresivamente el tamaño de los niveles superiores. Esta disposición permite distribuir mejor el peso y aporta estabilidad al conjunto.
Según Vivas, distintas sociedades podían alcanzar esa solución de manera independiente. No hacía falta que una cultura enseñara a otra cómo levantar una estructura de estas características, ya que ensanchar la zona inferior era una respuesta práctica al mismo desafío técnico: construir cada vez más alto sin que el edificio se derrumbara.
Una forma parecida con funciones diferentes
La apariencia exterior, sin embargo, puede ocultar diferencias fundamentales. Las pirámides egipcias estuvieron vinculadas principalmente al ámbito funerario y al poder de los faraones. Algunas construcciones mesoamericanas, por su parte, funcionaron como basamentos de templos y escenarios para ceremonias religiosas. También variaron los materiales empleados, las técnicas de construcción, la organización interior y la relación de los edificios con las ciudades que los rodeaban.
TE PUEDE INTERESAR
:format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2Fd5e%2F798%2Ff73%2Fd5e798f73b2da13fd26e9217f4f201d9.jpg)
Un satélite de Google explora un desierto en Asia y encuentra 50 estructuras geométricas
POR R. Badillo
Por eso, comparar estos monumentos únicamente a partir de su silueta puede ofrecer una imagen demasiado simplificada. La forma piramidal responde a una solución constructiva eficaz, pero cada sociedad la adaptó a sus creencias, necesidades políticas y tradiciones.
El egiptólogo concede todavía más importancia a su dimensión simbólica. Los grandes monumentos de las élites debían elevarse sobre el espacio cotidiano, tanto si servían para enterrar a un gobernante divinizado como si estaban destinados a rendir culto a una deidad. La altura permitía separar lo sagrado del mundo habitual y convertir el edificio en una manifestación visible de autoridad.
«Esos elementos de poder de élite […] tienen que estar por encima del nivel donde vivimos», explica Vivas. La construcción no buscaba solamente impresionar por su tamaño, sino acercar simbólicamente a reyes, sacerdotes o dioses al ámbito celestial.
TE PUEDE INTERESAR
:format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F050%2F2e1%2Ff63%2F0502e1f63d44ab2aeda8adad84b9082f.jpg)
La silla de Felipe II que nunca ocupó Felipe II
POR Rubén Amón
La montaña como símbolo sagrado
La astronomía, el cielo y la idea de ascensión ayudan a comprender esta elección arquitectónica. Desde esta perspectiva, subir físicamente también podía representar un tránsito hacia una esfera divina. El monumento conectaba el suelo habitado por las personas con una realidad superior asociada a las creencias religiosas.
Vivas plantea además una relación entre las pirámides y las montañas. Ambas dominan el paisaje, se elevan hacia el cielo y pueden actuar como puntos de unión entre distintos planos del universo. «Las pirámides son simulaciones de montañas de alguna forma», afirma, aunque advierte de que se trata de una explicación deliberadamente simplificada.
TE PUEDE INTERESAR
:format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F907%2F7ee%2F3b3%2F9077ee3b3aa6d9e9ac26f9d4b2990898.jpg)
El monumento de Valladolid que homenajea a los entresijos ocultos de la industria del cine
POR P. M.
Esta interpretación no significa que todas las civilizaciones concedieran a sus edificios exactamente el mismo valor. Cada pirámide debe estudiarse dentro de su propio periodo histórico y atendiendo a la sociedad que la construyó. Su orientación, sus espacios internos, los rituales celebrados en ella y su posición dentro del entorno ofrecen pistas sobre su verdadero propósito.
La coincidencia geométrica, por tanto, no basta para demostrar una herencia común. Detrás de una forma aparentemente universal se encuentran tradiciones muy distintas. Para Vivas, es precisamente la simbología de cada monumento la que permite comprender por qué fue levantado y qué lugar ocupó en la vida religiosa y política de su tiempo.