El amor propio es la capacidad de valorarte y tratarte con respeto, independientemente de tus éxitos, errores o de la opinión de los demás. Te damos unas claves para mejorarlo

Nuria Hernández Castellano / VozPópuli
El amor propio es la manera en la que nos valoramos y nos cuidamos a nosotros mismos y como explica la psicóloga Rosario Linares, para tenerlo es clave “aprender a poner límites concretos en el día a día”.
¿Qué es el amor propio? “El amor propio influye en la forma en la que una persona se valora, se cuida y se relaciona con los demás”, explica la directora del gabinete de psicología El Prado Psicólogos.
El amor propio es la capacidad de valorarte y tratarte con respeto, independientemente de tus éxitos, errores o de la opinión de los demás. No significa pensar que eres mejor que otras personas, sino reconocer que tu bienestar y tu dignidad tienen valor.
Significa además aceptarse a sí mismo, con sus fortalezas y limitaciones, actuando de forma coherente a dicho reconocimiento, esto es, “respetando las propias necesidades y límites, tomando decisiones que promuevan el bienestar físico, mental y emocional”, apostilla la psicóloga.
Para Linares, el amor propio se sustenta en tres términos: “autoconocimiento, autocuidado y coherencia. Por ello, el amor propio tiene un papel prominente en la estabilidad emocional (y, por ende, en la regulación emocional), la capacidad de adaptación y la creación de hábitos saludables”.
Añade que tener amor propio “no es “sentirse bien siempre”, sino sostenerse con respeto incluso cuando no te sientes bien. Y eso también es quererse a uno mismo”.

A menudo, cuando se habla de tener amor propio, se confunde con otras actitudes, pero no es:
- Egoísmo: Puedes quererte y seguir siendo generoso y considerado con los demás.
- Narcisismo: El amor propio no implica sentirse superior ni necesitar admiración constante.
- Perfección: Tener amor propio no significa no cometer errores ni sentirse bien todo el tiempo.
Cultivar el amor propio en el día a día
El amor propio no se consigue de un día para otro y como todo, hay que trabajarlo Puede sonar como algo inalcanzable, pero no lo es. Se trata de llevar a cabo pequeñas acciones en el día a día que, al ser repetidas, van alineando lo que sientes con lo que necesitas y con lo que haces. Rosario Linares da unas cuantas pautas para cultivarlo en tu día a día:
- Empieza por escuchar tus señales internas (cansancio, irritación, tristeza) como información, no como un defecto que hay que esconder.
- Para quererse a uno mismo, practica un diálogo interno más justo: no se trata de “hablarse bonito”, sino de dejar de castigarte por sentir o equivocarte.
- Aprende a poner límites concretos (un “no” a tiempo, una pausa, pedir espacio) aunque aparezca culpa: el límite no es una agresión, es protección.
- Reconoce tus logros con la misma honestidad con la que ves tus fallos; si solo te miras desde la carencia, la autoestima se vuelve frágil.
- Prioriza hábitos que te cuidan de verdad (descanso, alimentación, movimiento, vínculos), no como obligación, sino como forma de sostener tu equilibrio emocional (te puede ayudar este enfoque de autocuidado emocional).
- Reduce la comparación: no para “desconectarte del mundo”, sino para volver a tus valores y decidir qué es importante para ti.
- Pide ayuda cuando la necesites; apoyarte en alguien no te hace débil, te hace humano y te ayuda a salir del autosacrificio.
- Revisa tus exigencias: si la condición para valorarte es hacerlo todo perfecto, el amor propio se convierte en una meta imposible.

Autoconocimiento y coherencia: la base
El amor propio no se sostiene únicamente de emociones o de recuerdos, sino de autoconocimiento. “Desarrollar y conocer los propios límites, valores, capacidades y deseos protege contra la presión externa, la comparación social y la autoexigencia excesiva”, afirma Linares.
Este autoconocimiento interno “permite reducir la distancia entre quién se es y entre quién se quiere llegar a ser, generando una sensación de autenticidad y reduciendo el conflicto interno que conlleva el actuar en contra de los propios valores por miedo o presión”, concluye.
El amor propio es una relación sana contigo mismo. Es la base desde la que puedes cuidar de ti, relacionarte de forma más saludable con los demás y afrontar los desafíos de la vida sin que tu autoestima dependa por completo de factores externos.