Entre ‘influencers’ de salud ha surgido el ‘fibermaxxing’ o la obsesión por la salud intestinal, con artefactos y ‘apps’ que prometen controlarla. Pero los especialistas advierten de que cuidar el intestino exige mucho más que pagar 500 euros por un dispositivo

Marita Alonso / ICON
Barcelona
Algún día alguien recordará estos tiempos extraños como la era del maxxing, el fenómeno que responde a la fijación por maximizar una faceta de la propia vida o una parte del cuerpo. El looksmaxxing, el ballmaxxxing… y ahora el fibermaxxing, que ha convertido a la fibra en la nueva proteína por el creciente interés por la salud intestinal. Existe un dispositivo que analiza las heces y que ha llevado a algunos creadores de contenido que antes compartían las métricas de su sueño a exponer con orgullo el análisis que este gadget hace de su paso por el excusado. Incluso existe el hashtag #hotgirlshaveibs (las tías buenas tienen el colon irritable). “POV (Point Of View): eres una tía buena con colon irritable que va a hacerse una colonoscopia”, escribe una mujer en un vídeo en el que entra en la clínica a cámara lenta como quien graba su entrada a un centro estético para mostrar un tratamiento. Si alguna vez alguien dijo que los influencers acabarían enseñándonos hasta cómo iban al retrete, hoy la broma se ha hecho realidad.
El dispositivo en cuestión se llama Dekoda y revela información sobre la salud intestinal, la hidratación y la detección de sangre en el inodoro. “El baño representa una fuente inexplorada de datos e información vitales para la salud. Cada día desechamos información valiosa que podría ayudarnos a comprender mejor nuestro cuerpo y nuestro bienestar”, explican. “Al integrar ciencia, tecnología y diseño de vanguardia, no nos limitamos a ofrecer una nueva solución digital de salud y bienestar, sino que estamos creando una categoría totalmente nueva de bienestar conectado, arraigada en los ritmos de la vida cotidiana”.
Dekoda es un dispositivo que se instala en el interior del inodoro y que por 449 dólares —más 70 dólares anuales por la aplicación Kohler Health—, registra cada uso del inodoro y utiliza inteligencia artificial para analizar el contenido. Si hasta hace poco celebridades como Gwyneth Paltrow y Kim Kardashian compartían el análisis de su su sueño gracias a Oura Ring, un anillo inteligente que mide con precisión biométricas como la calidad del sueño, la frecuencia cardíaca, el estrés, la temperatura corporal y la actividad física, ahora algunos influencers comparten datos acerca de la regularidad con la que van al baño gracias a dispositivos como este o Throne, un sensor inteligente que se acopla al inodoro y monitorea automáticamente la salud intestinal, hidratación y salud urinaria. Incluso existen ya retretes que incluyen un sistema para monitorear las heces y registrarla en una aplicación.
“En un mundo obsesionado con la optimización, observar las heces se ha vuelto casi tan popular como monitorizar el sueño o contar los pasos”, asegura en The Guardian Alaina Demopoulos. Su colega en ese medio, Hannah Marriott, asegura que hay una verdadera “fascinación por las heces”. “A veces se habla de stool-gazing, es decir, observación de las heces, y está cobrando auge en Internet”, asegura.

La doctor Karina Cuiñas, autora de Tripas en acción: Vence el estreñimiento y mejora tu salud intestinal (Vergara, 2023), considera muy positivo empezar a prestar más atención a nuestras propias heces, pero alerta de que los artefactos y aplicaciones que se están poniendo de moda no son infalibles. “La consistencia es útil para saber cómo va nuestro tránsito intestinal y el sangrado rectal es un signo que nunca hay que ignorar, pero la salud intestinal va mucho más allá de eso. Si lo que queremos es registrar nuestros hábitos defecatorios, también sería importante evaluar el tiempo que pasamos sentados en el baño, el esfuerzo con el que evacuamos, el dolor durante la deposición y la sensación de vaciado completo al terminar”, explica a ICON. “El estreñimiento no es solo tener heces duras. Estas cámaras inteligentes pueden decirte que tu consistencia es óptima cuando en realidad cada visita al baño es una tortura. La frecuencia tampoco es un buen indicador de salud intestinal: puedes ir todos los días y aun así estar estreñido. Y en cuanto a la cantidad de heces, depende sobre todo de la dieta: sin conocer lo que come cada persona, ese dato aislado dice poco. Además veo un problema de sesgo. Es más probable que compren este tipo de dispositivo personas ya preocupadas por su tránsito intestinal, y en consulta veo con frecuencia que este tipo de control aumenta la hipervigilancia con los síntomas digestivos, lo cual puede ser contraproducente”.
La doctora Malena García Arredondo, fundadora y directora de MGA Healthy Digest, considera que para la inmensa mayoría de la población, basta con aprender a mirar. “El ojo humano puede detectar los cambios realmente relevantes: sangre, color negro, heces muy pálidas, diarrea persistente, estreñimiento mantenido o un cambio importante del hábito intestinal. La inteligencia artificia puede ser una herramienta interesante para investigación o para pacientes muy concretos que necesiten un seguimiento objetivo, pero hoy por hoy no existe evidencia suficiente para recomendar este tipo de dispositivos como parte del cuidado habitual de una persona sana”, asegura. “Mi mensaje sería sencillo: conviene conocer qué aspectos de las heces son importantes y qué cambios deben hacernos consultar, pero no vivir pendiente de ellas cada día”, añade.
“Se trata de un producto de bienestar, no es una herramienta de diagnóstico”, advierte Kash Kapadia, CEO de Kohler Health, la empresa dueña de Dekoda. “Se trata de una nueva frontera de información a la que antes no teníamos acceso y que ahora sí pueden consultar”. La doctora Arredondo celebra que, sea por los motivos que sea, se empiece a hablar de fibra, microbiota, alimentos fermentados o ejercicio como pilares de la salud digestiva. “Ese cambio de mentalidad tiene un enorme potencial preventivo. Lo que me preocupa es que, junto con el interés científico, también ha surgido una industria que transmite la idea de que debemos monitorizar constantemente nuestro intestino. Y eso no está respaldado por la evidencia. El objetivo no es tener unas heces perfectas todos los días. Es tener un intestino que funcione bien, sin síntomas de alarma, dentro de la variabilidad normal de cada persona. La tecnología será bienvenida siempre que aporte información útil y demostrada”.
“Creo que estamos perdiendo el foco y persiguiendo una moda tras otra: desde las dietas antiinflamatorias a culpar al SIBO de todos nuestros problemas digestivos”, añade la doctora Cuiñas. “Hay que volver a lo básico, lo que sabemos que funciona para la salud intestinal: una dieta basada en productos de origen vegetal, actividad física regular, gestión del estrés y pedir ayuda cuando algo no va bien”. En principio, parece tan sencillo como ir al cuarto de baño.