En la víspera del encuentro de Felipe VI con la presidenta mexicana preguntamos a Tomás Pérez Vejo sobre la hispanofobia que existe en algunos sectores de este país hermano

Jorge Benítez / PAPEL
España y México frente al espejo. Lo que no sabemos todavía cómo es el espejo, si de cristal de Murano o deformante como aquellos del madrileño Callejón del Gato que sirvieron a Valle-Inclán –quien en su juventud descubrió en México las pistolas y el Modernismo– de metáfora para el esperpento.
Hablamos con Tomás Pérez Vejo (Caloca, Cantabria, 1954) unas horas antes de que Felipe VI sea recibido en el Palacio Nacional por la presidenta Claudia Sheinbaum en una cita que puede representar la normalización definitiva de las relaciones entre ambos países tras siete años en los que los gobiernos de izquierdas de México han exigido una disculpa a la Corona por la Conquista… o quizás una nueva pulla en el reproche histórico. Este reputado académico, cuya labor intelectual ha sido premiada con la encomienda de la Orden de Isabel la Católica y la Orden Mexicana del Águila Azteca, es la persona ideal para entender las relaciones entre ambos países y el porqué de esa animadversión institucional contra los españoles que se ha convertido en un estrategia electoralista al otro lado del océano. Su conocimiento no sólo lo avalan sus diferentes libros, sino una vida entera: la de alguien nacido en España con 30 años de docencia en América como profesor de Historia y Etnohistoria en la Escuela Nacional de Antropología e Historia de México.
El encuentro con Pérez Vejo se produjo el martes en Madrid, cuando esta ciudad rivaliza en el termostato de asfalto con el desierto de Sonora, horas antes de su charla en la Fundación Rafael del Pino sobre la memoria y la construcción del relato de España y México.
PREGUNTA: En el Mundial de México de 1986 los mexicanos animaron a España como su segunda selección ¿Qué ha pasado en estas cuatro décadas para que se nos quiera allí mucho menos?
RESPUESTA: La hispanofobia y la hispanofilia es un sentimiento que va mucho por clases sociales. Las clases populares, alimentadas por políticas educativas de muchos gobiernos, han desarrollado un sentimiento antiespañol, mientras que las clases medias altas piensan lo contrario. No olvidemos también que México es un país muy grande y ese sentimiento hacia España varia en función de la huella indígena en cada población. En Guadalajara yo creo que habrá bastante apoyo a los españoles en el partido que van a disputar del Mundial.
P: ¿Cuál es el origen de esta animadversión en un país que durante dos siglos ha recibido tanta emigración española?
R: Hay un problema de México con España, eso es innegable, pero no de España con México. En realidad lo que sucede es un problema interno que tiene que ver con cómo los mexicanos cuentan su propio pasado.
P: ¿Y cómo lo cuentan?
R: A lo largo de la Historia ha habido dos modos de contarlo. Un relato consiste en que México nace con la Conquista española. Aquí España no es el enemigo, sino el origen de la nación, a la que se le debe la religión y la lengua. El otro relato, que es el hegemónico actualmente, considera que México existía como nación antes de la llegada de Hernán Cortés y que murió por culpa de la Conquista para volver a resucitar con la Independencia. En este relato, España, lo español y los españoles son los enemigos.
P: No es un debate histórico, es ideológico.
R: Sí, el primer relato tiende a ser, a rasgos generales, el de los conservadores y la derecha, mientras que el segundo lo adoptaron las izquierdas. Pero eso no siempre fue así. Grandes figuras de la izquierda, como José Vasconcelos, padre intelectual de la Revolución o el presidente Lázaro Cárdenas defendieron mucho los lazos con España frente a la influencia anglosajona. La exigencia de disculpas de Andrés Manuel López Obrador al Rey de España la hizo para el consumo interno, para su electorado, nada más. Si hubiera sido un problema real de política exterior se habría demandado a través del Ministerio de Asuntos Exteriores, no mediante una carta dirigida al Rey. Algo que también hizo la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso desde el otro lado, cuando visitó México recientemente reivindicando el pasado español de América. Su actitud también fue para consumo interno.
P: ¿Cree que Sheinbaum volverá mañana a la carga?
R: Ojalá no, pero no lo descarto. Deseo que se imponga la diplomacia y la hospitalidad ante un Jefe de Estado que es su invitado. Pero no podemos olvidar que Sheinbaum se encuentra en una situación política realmente incómoda, tanto que ni siquiera acudió a la inauguración del Mundial. Temía la reacción del público, además que, desde sus postulados ideológicos, siempre ha visto al fútbol como el opio del pueblo. Además, su relación con Estados Unidos es endemoniada. Hablamos del país al que exportas el 80% de tu producción y que encima te está pidiendo que extradites a un ex gobernador de tu país que vincula con el narco.
P: ¿Si fuera asesor del Rey qué le recomendaría en caso de encerrona sobre este tema de los abusos de la Conquista?
R: Que no haga nada, porque haga lo que haga va a ser criticado en México. Si no pide perdón, se le criticará desde el lado de quienes apoyan al gobierno, mientras que si lo hace, el otro sector se sentirá ofendido.
P: Da la sensación de que meterse con España es barra libre…
R: Así es. Le sale gratis a los políticos mexicanos. Es un conflicto que se vive como un drama moral entre verdugos y víctimas.
P: Las víctimas que reclaman la disculpa oficial muchas veces se apellidan Martínez y Pérez.
R: Le voy a decir una frase de un historiador mexicano que me gusta usar porque aunque suena a boutade, tiene mucho de verdad: «En México la Conquista la hicieron los indios y la independencia, los españoles». La toma de Tenochtitlán la hizo un ejército de más de 40.000 soldados, de los que sólo 900 eran españoles. Es decir, la inmensa mayoría eran indios. Y si nos vamos a la perspectiva de España, resulta curioso que los descendientes de los braceros extremeños que nunca vieron el mar se sientan como descendientes directos de los conquistadores del siglo XVI, cuando los descendientes verdaderos de los conquistadores son quienes se quedan en América y no regresan. Aquellos que siglos después se independizan y ahora se definen como los herederos de los pueblos indígenas.
P: De lo que no hay duda es de que con la independencia no se rompieron los lazos entre españoles y mexicanos.
R: Piense en la independencia de Argelia. Lo primero que hacen los argelinos es expulsar a los colonos franceses, instauran el árabe como lengua oficial y el islam como religión. Algo que es normal en un proceso político así. Sin embargo, ¿por qué eso no sucede en la América española? ¡Porque los independentistas eran descendientes de españoles, hablaban español y eran católicos! No sé la Historia que se enseña en los colegios, pero lo que hay que saber es que la Monarquía española estaba compuesta por reinos americanos, no por colonias. Quizás la única colonia que hubo fue Cuba. Cuando se habla de la crisis del siglo XVII, que sin duda fue exagerada por los Borbones para fortalecer su propio legado sobre los Austrias, es cierto que se pierden territorios en Europa, pero no en América. España se vuelve más americana que nunca y se mantiene durante todo el siglo XVIII como una superpotencia. España es la primera potencia euroamericana de la Historia.

JAVIER CUESTA
«En el relato hoy hegemónico del pasado en Mexico, España es el enemigo, el responsable de la destrucción de la nación»
P: Sobre Cuba, ya que la menciona, y los afectos. Estando en La Habana me encontré con un grupo de escolares de unos seis o siete años que cuando pasaron delante de la embajada española, el profesor les dijo: «Esa es la bandera de la Madre Patria». Me sorprendió mucho. Esa visión es inimaginable en otros países latinoamericanos. Quería preguntarle si viendo la decadencia de la dictadura castrista y la presión de la Administración Trump cree que veremos una Cuba anexionada a EEUU.
R: Aunque es una posibilidad remota, no la descarto, nunca ha estado más cerca. Dado el desastre económico de la Revolución Cubana, en la que hasta el que vende un helado en la playa es un funcionario, se ve que los cubanos viven tan desesperados que estarían dispuestos a cualquier solución. Al ser Cuba un Estado fallido nunca fue tan fácil esa anexión. Es un deseo que siempre ha tenido EEUU, incluso antes de la independencia. Creo que la primera oferta de compra fue en 1823 y no hay que olvidar que después de la guerra de 1898, los estadounidenses imponen un protectorado sobre ella. Si Cuba aguantó semejante presión fue porque sus élites políticas tenían claro que la única forma de contrarrestar la influencia de EEUU era España. Las declaraciones más recientes de los exiliados de Miami no descartan la misión de que Cuba se integre en EEUU. Ellos, aunque sean de origen cubano y hablen español, ya son en realidad estadounidenses. Fíjese en Marco Rubio.
P: Los nacionalismos periféricos surgen precisamente con la pérdida de Cuba, cuando la opinión de los intelectuales sobre la nación es de lo más deprimente.
R: Es que están relacionados. Los nacionalismos surgen cuando se instaura la imagen de España como un fracaso y por eso se hacen supremacistas. Piense que el primer concejal que consigue el PNV aparece el 3 de julio en 1898. Mantengo la tesis de que España, a diferencia de otros países americanos, ha tenido éxito en la construcción del Estado, pero ha fracasado en la construcción de la nación. Al menos un fracaso relativo porque hay un porcentaje de españoles que no se consideran como tales. Creo que ese fracaso tiene su origen en el 98. Antes el proceso de construcción nacional español era muy similar al de la gran mayoría de los países europeos. Son las élites las que crean esa concepción de fracaso. Sucede porque venían un siglo contando que uno de los rasgos determinantes de la nacionalidad española era su carácter imperial. Por eso cuando cae la última parte del imperio, justo cuando las otras potencias construyen el suyo, lo interpretan como una nación fracasada.
Fuente: https://www.elmundo.es/papel/historias/2026/06/23/6a3acbf9e4d4d8115e8b45a5.html