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Altanería y orgullo: así se vestían los hombres y las mujeres durante el Siglo de Oro | Historia NG

El tinte negro como símbolo de estatus y piezas de ropa que encorsetaban el cuerpo definieron la indumentaria que se impuso en España y las colonias en el siglo XVII

Vestir de negro era una práctica habitual durante el Siglo de Oro
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Judith Vives / Historia National Geographic

Hoy salimos a la calle y vemos una gran variedad de vestidos e indumentarias. La moda se ha convertido en algo heterodoxo y libre y cada persona busca en la ropa la forma de expresar su personalidad. Pero si pudiésemos pasear por las calles del Madrid, el Toledo o la Sevilla del siglo XVII, nos sorprendería observar una gran monotonía cromática, con el negro como tono imperante.

¿Vivía la sociedad del siglo de oro en un luto permanente? Incluso retratos reales como el famoso cuadro de Felipe II pintado por Sofonisba Anguissola nos indican la predominancia del negro en la moda de nuestros antepasados.  

En realidad, durante el Siglo de Orovestir de negro era una señal de riqueza y posición, algo así como vestir de alta costura. Quien vestía de negro, como el propio rey, enviaba un claro mensaje de poder. 

Color ala de cuervo

Esta predominancia del negro está muy relacionada con el descubrimiento de América y el desarrollo económico de las colonias. Antes del siglo XV, conseguir un tejido de un tono negro intenso era muy difícil. Los tintes europeos eran de mala calidad, por lo que al lavarlo se descoloría hasta adquirir ese tono feo de ala de mosca. Además, el tinte negro olía muy mal. 

Cuando los españoles llegaron a las Indias, encontraron otro tesoro además del oro y la plata: los tintes americanos, que pronto se convertirían en un lucrativo negocio para la Corona española. 

El secreto que revolucionaría la moda europea se encontraba en una planta, el Palo de Campeche, originaria de Mesoamérica y de la que se extraía un tinte capaz de fijarse de forma permanente a los tejidos. De esta manera se podía conseguir un negro intensísimo y brillante apodado «ala de cuervo«, lo que nos da una idea de su tonalidad. 

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Objeto de deseo

Pronto este tinte se convirtió en el objeto de deseo de toda Europa. El comercio de este tinte fue tan importante que fueron muchos los leñadores y mercaderes que, para explotarlo, se asentaron en lo que hoy es la nación de Belice.

Inclusó generó toda una actividad de piratas y corsarios que asaltaban las indefensas poblaciones costeras donde se obtenía este preciado producto.

Felipe II, consciente de su valor, decidió mantener el negro «ala de cuervo» como lujo exclusivo para la corte, como símbolo de superioridad frente a sus enemigos, mientras destinaba el rojo para la Iglesia.

Muestra de estatus 

La moda del Siglo de Oro no destacó por su comodidad, pero sí por su representación del estatus.  

Para las mujeres de la nobleza, vestirse era toda una odisea. La silueta femenina estaba totalmente encorsetada y geometrizada, con el cartón de pecho para aplanar y ocultar las formas, mientras que la falda adquiría una forma cónica perfecta gracias al una estructura de aros llamada verdugado.

Años después llegaría el guardainfantes, una falda exageradamente ancha hacia los lados que obligó a ensanchar las puertas de los palacios e incluso a modificar los asientos. 

El atuendo se completaba con los chapines, unos zapatos con enormes plataformas de corcho que hacían ganar altura a las damas a costa de perder por completo el equilibrio. 

Orgullo y altanería masculina

Los hombres, por su parte no lo tenían mucho más fácil. La indumentaria masculina incluía el jubón, un chaleco rígidamente ajustado al torso, y unos pantalones abombados llamados gregüescos. Por su puesto, el conjunto se completaba con una capa corta, el ferreruelo, que se echaba al hombro con desparpajo.

Esta forma de vestir minimizaba el movimiento de los brazos y obligaba a mantener la cabeza erguida, lo que explica la imagen altanera y orgullosa que asociamos a los hidalgos españoles.

Un detalle de la moda del siglo de oro muy características son las lechuguillas unos cuellos de encaje gigantescos y rizados que necesitaban varillas metálicas para no venirse abajo. Además, se almidonaban con una pizca de añil, un tinte  azul maya procedente de Guatemala, que les daba un elegante reflejo azulado elegantísimo. 

Sería Felipe IV quien terminó prohibiendo las lechuguillas mediante leyes e impuso la valona, un cuello plano de tela blanca sobre el que destacaba la famosa golilla.

Ostentación en las Colonias

Este riguroso código de vestimenta llegaría a los virreinatos de Nueva España y el Perú, donde las élites locales adoptaron la estética de la metrópoli con gran entusiasmo. En América, se vestía «a la española» para demostrar que alguien era importante y mantener la distancia social con las demás castas.

Lo más curiosos es que la materia prima procedía de las colonias. De los talleres indígenas salía el Palo de Campeche, el azul añil y la grana cochinilla, un insecto de los nopales del que las culturas prehispánicas extraían un rojo carmesí. A todo ello hay que sumarle el oro y la plata con la que se hacían los botones de los jubones.

El derroche en los virreinatos llegó a tales niveles que en los vestidos femeninos más caros las joyas se cosían directamente a la tela. Pero cada vez que el vestido se tenía que lavar o reformar, se tenían que descoser una a una las piedras preciosas para volverlas a fijar después.  

Cervantes y Lope, cronistas de la moda

Podemos conocer muchos detalles de la ropa del siglo de oro gracias a la literatura. Autores como Cervantes en su novela Rinconete y Cortadillo o Lope de Vega en El perro del hortelano, satirizaron el uso de los chapines o del manto, con el que las mujeres se tapaban el rostro. 

El autor del Quijote, además, describe con todo detalle si la capa de un personaje está raída, si lleva un cuello de lechuguilla desgastado o si su jubón es de lana basta. 

Con estos detalles, el lector del siglo XVII sabía exactamente el oficio, los ingresos y la clase social del personaje.

Fuente: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/capa-y-espada-asi-se-vestia-durante-siglo-oro_26328

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