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La huelga de ‘strippers’ que sacude a la Fórmula 1: tarifas abusivas, «clientes pesados» y «muchas más chicas» en el gran evento del año para los clubes | Crónica

«No vamos a trabajar y caminaremos por la calle con ropa llamativa», amenaza Ada, una bailarina trans que se suma a la huelga: piden abolir las «tarifas de barra» y más protección ante los turistas que llegan «acelerados»

Las strippers se quejan porque tienen que pagar a los clubes para bailar, aunque son su mayor atractivo.EM

«No vamos a trabajar y vamos a caminar por la calle con ropa bastante llamativa», anticipa Ada, una de las participantes de la huelga de strippers y trabajadoras sexuales que se llevará adelante en Montreal este fin de semana en un contexto de altísima demanda de sus servicios: el Gran Premio de Canadá de la Fórmula 1.

El reclamo del Comité Autónomo de Trabajadoras Sexuales (CATS) está dirigido a los dueños de los clubes nocturnos que obligan a las strippers a pagar una «tarifa de barra» para poder bailar en sus locales (y luego recolectar propinas de los clientes y, eventualmente, acordar otros servicios).

Lo que denuncian las CATS es que, en las noches del Grand Prix, esos aranceles se vuelven abusivos, y llegan a superar los 100 dólares canadienses -unos 62 euros al cambio actual-, incluso cuando ellas son el mayor atractivo de los locales que desbordan de turistas durante estas fechas.

Además, buscan avanzar hacia un marco laboral que proteja sus derechos ante los «abusos» que cometen algunos clientes, especialmente los que llegan a estos espectáculos desinhibidos y estimulados por el rugir de los motores más potentes del mundo.

Las reivindicaciones de las strippers ante el Gran Premio de Canadá

A la lista, Ada suma sus propias reivindicaciones: quiere ser aceptada en todos los clubs, y no en el único que admite bailarinas trans. En «la industria» desde hace cuatro años («hice mis primeras experiencias como dominatrix»), se define como trabajadora sexual, por su labor como stripper y por la prestación de «servicios de visitas». Cuenta que tiene «entre 20 y 30 años» y pide que no se publiquen sus fotos porque su familia desconoce su actividad profesional.

Las bailarinas como Ada llegan a los clubes para hacerse un lugar en sus escenarios, mostrar su talento con la danza y así promocionarse. «Pero no te pagan por ese baile. Depende únicamente de las propinas de los clientes y a veces bajas del escenario y no recibes ninguna propina. Luego tienes que acercarte, hablar con ellos y venderles bailes. Así es como ganas dinero», explica ella en conversación telefónica con Crónica, en inglés pero mostrando por momentos su buen español, un idioma que le resulta familiar por muchos de sus clientes, tanto latinoamericanos como peninsulares.

«Queremos poner fin a las cuotas racistas en la contratación para que más personas puedan trabajar y no sean discriminadas por factores como la raza, el género, la edad o el peso corporal», exige.

El combate contra la tarifa de barra es solo un primer paso para las trabajadoras canadienses. «También queremos luchar para obtener el estatus de empleadas. No solo para tener un salario mínimo por hora, sino porque de esa manera tendremos mejores protecciones laborales y más posibilidad de sindicalizarnos y tener los mismos derechos que el resto de los empleados», apunta Ada.

«Algunos pueden ponerse pesados y más transgresores con algunas bailarinas, especialmente los que no son de aquí»

En ese sentido, desde el gremio ponen el foco en la seguridad porque al no tener un vínculo formal con los dueños de los clubes o salones de masajes, quedan desprotegidas ante eventuales conflictos con los asistentes. «Hay dos tipos de clientes: los buenos y los malos. Algunos pueden ponerse pesados y más transgresores con algunas bailarinas, especialmente los que no son de aquí», dice Ada en referencia a los que aterrizan en la ciudad por la carrera y se sienten con luz verde para pisar el acelerador a fondo también fuera del circuito Gilles Villeneuve. «Los dueños no se preocupan por la seguridad de las bailarinas y ha habido mucho abuso relacionado a eso», marca.

En ese contexto hostil, las performers pueden ganar a partir de 200 dólares y superar los mil, pero, para ellas, el Grand Prix no necesariamente es una coronación de gloria. «Durante estas fechas los dueños aceptan a muchas más chicas, incluso por encima de la cantidad de clientes, y tienes que, no pelear, pero sí esforzarte para conseguir clientes propios», describe Ada. Y confirma que a la ciudad llegan muchas trabajadoras sexuales golondrinas atraídas por el show de la Fórmula 1.

«Tenemos personas en Toronto, Vancouver y Winnipeg diciéndoles a las strippers de allí que no vengan a Montreal porque hay una huelga, que se queden en sus ciudades», comenta Ada. Y añade: «Alentamos a la gente a organizarse en sus lugares de trabajo. Lo importante es mostrar que tenemos fuerza y que tenemos números para luchar por nuestros derechos. Y sabemos que los dueños son conscientes y están estresados por la repercusión del tema en los medios. Hay un salón de masajes que anunció que este sábado no abrirá».

Ada no va a trabajar el sábado y se va a sumar a una manifestación callejera que está en plena organización. La idea de las trabajadoras, en principio, es mostrarse en las calles de Montreal «montadas», con ropa mínima y llamativa. De esta manera, las súper estrellas como Verstappen, Hamilton, Alonso o Colapinto tendrán este fin de semana una inesperada competencia.

Fuente: https://www.elmundo.es/cronica/2026/05/22/6a0f2806e4d4d8e80c8b45ab.html

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