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Una ética de la atención | ethic

Simone Weil defiende una ética de la atención basada en mirar al otro con verdadera apertura y sensibilidad, como acto moral capaz de combatir la indiferencia y la deshumanización.

Alejandro Villamor / ethic

Tratemos la ética de la atención en la obra de la pensadora parisina Simone Weil (1909-1943). Detengámonos y atendamos, por mucho que cueste. Porque costará, y así lo expresa Weil en su A la espera de Dios: «Hay algo en nuestra alma que rechaza la verdadera atención mucho más violentamente de lo que la carne rechaza el cansancio. Ese algo está mucho más próximo del mal que la carne. Por eso, cuantas veces se presta verdadera atención, se destruye algo del mal que hay en uno mismo. Si la atención se enfoca en ese sentido, un cuarto de hora de atención es tan valioso como muchas buenas obras».

Más que una concentración en sentido técnico o un esfuerzo intelectual sostenido, la atención es una disponibilidad. Consiste en suspender, al menos durante un instante, la voluntad nietzscheana, el impulso de imponer nuestras categorías de la realidad. En su lugar, se deja un espacio para que algo aparezca.

La dimensión moral de esa reclamación puede ser obvia para quien enmarque a Weil en su época, repleta de guerras –ella participó activamente en la Guerra Civil española y en la Segunda Guerra Mundial con la Resistencia francesa– y de odios. Las convicciones ideológicas esconden una ceguera involuntaria que se torna, al final, en una incapacidad moral: la de percibir el sufrimiento ajeno.

Weil trabajó en fábricas, participó en movimientos obreros y conoció la podredumbre de la guerra. Escarbó, por ende, en las condiciones reales del mundo moderno. Y es así como comprende que la injusticia se produce con la piel de la rutina vivida por todos. Ante ello, la atención se presenta como punta de lanza de la justicia. Antes de intervenir, incluso de opinar, el primer acto moral, el verdaderamente revolucionario, radica en reconocer la existencia del otro como algo irreductible. Mirar de verdad a alguien, interpretarlo como sujeto y no como objeto, ya es ayudarlo al retirar el manto de invisibilidad que lo envolvía.

Platón hablaba de la contemplación del bien por parte del alma. Weil desplaza la mirada y su contemplación ya no se dirige hacia la difusa luz de lo eterno, sino hacia lo vulnerable. El bien hace su acto de presencia donde alguien presta atención a lo que habitualmente pasa desapercibido.

«Cuantas veces se presta verdadera atención, se destruye algo del mal que hay en uno mismo», dice Weil

Es por ello que la ética de Simone Weil no tiene la forma de un catálogo de reglas ni propone fórmulas universales para cada situación. Con una pátina que recuerda a las éticas de la virtud, aquí se invita a cultivar una sensibilidad que pasa por renunciar al protagonismo y resistir la tentación de responder con diligencia. Las prisas son sospechosas, pueden ser síntoma de falta de reflexión, la manifestación de una convicción demasiado sólida. Al actuar deprisa se corre en riesgo de actuar en nombre de ideas abstractas.

En los escritos de Weil aparece con frecuencia el concepto de «decreación» para referirse al esfuerzo por reducir la pesadez del ego. Sin él, el mundo podrá mostrarse sin deformaciones. Esta relación renovada podría auspiciar un vínculo menos violento. El planteamiento influirá a autoras como Iris Murdoch (1919-1999), quien entendió la atención como una forma de amor intelectual.

Para Weil, atender es resistir la cómoda indiferencia, es negarse a dibujar el dolor ajeno como un aspecto del paisaje social, es una responsabilidad silenciosa. Con las palabras de la propia filósofa: «La capacidad de prestar atención es la forma más pura y rara de generosidad».

Por todo lo dicho, no es extraño que la propuesta weiliana haya encontrado resonancias profundas en algunas de las corrientes filosóficas más exigentes del siglo XX. En Emmanuel Levinas (1906-1995) se reconoce una afinidad significativa con la prioridad ética del rostro del otro, que interpela antes de cualquier elaboración teórica. En Albert Camus (1913-1960), hay una sensibilidad cercana a la exigencia de fidelidad a la dignidad concreta frente a las abstracciones que sacrifican al individuo en nombre de metas superiores. Asimismo, la reflexión de Weil sobre la atención, la desgracia o la despersonalización motivada por las estructuras sociales, anticipa algunas de las preocupaciones centrales de Hannah Arendt (1906-1975).

Simone Weil no perfila una ética sistemática en el sentido clásico, pero sí una exigencia radical de lucidez que pasa por aprender a observar sin imposición y a responder sin absorber al interlocutor con la propia mirada.

Fuente: https://ethic.es/etica-atencion

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