Cada vez más voces ponen en entredicho la circuncisión, desde autoridades médicas que cuestionan que sea necesaria a hombres que consideran que se les realizó de niños y sin tener su consentimiento

Marita Alonso / ICON
Barcelona
“Los hombres quieren su prepucio de vuelta”, titula Bianca Bosker a un artículo publicado en The Cut en el que habla del caso de un hombre llamado David Floyd, que a través de diferentes foros descubrió el concepto de “restauración prepucial” (foreskin restoration, en inglés). Al cumplir 18 años se compró un TLC Tugger, un dispositivo médico no quirúrgico diseñado para la restauración del prepucio (utiliza silicona y tensión para estirar la piel residual del pene y promueve el crecimiento de nuevo tejido). Esta es una opción popular para hombres que buscan recrear el prepucio tras una circuncisión. Pero no fue suficiente. A lo largo de los años, intentó todo tipo de fórmulas para recuperar su prepucio hasta que el pasado invierno, decidió pasar por el quirófano abogando por la cirugía experimental. Asegura que cuando tuvo relaciones con su marido tras la operación, lloró de la emoción.
La operación le ha costado 25.000 dólares, incluyendo el viaje desde Pensilvania hasta California, donde le operó el cirujano plástico Sven Gunther, que propuso a su paciente diseccionar la piel del pene y deslizarla hacia adelante incorporando una pequeña porción del escroto al cuerpo del falo para después, remodelar la piel, transformándola de una columna a un cono para que el glande quedara cubierto.
Floyd ha compartido fotos del antes, durante y después de su pene después de la cirugía en Reddit para quienes quieran seguir sus pasos. Y no son pocos: el doctor Gunther ha declarado que practica una operación de este tipo semanal. “Se ha convertido en mi nueva obsesión”, aseguró a The Cut. La periodista comenta que en los últimos años, médicos y científicos han incursionado con discreción en el campo de la cirugía de reconstrucción del prepucio, impulsados por la creciente demanda, la proliferación de la atención de afirmación de género (que ha ayudado a cirujanos como Gunther a perfeccionar su técnica en la remodelación genital) y el declive de la circuncisión.
La circuncisión masculina consiste en la eliminación de la piel que cubre la punta del pene, dejando el glande expuesto. Hay razones médicas para practicarla (como cuando el paciente sufre fimosis), también religiosas (es muy habitual entre judíos y musulmanes) y también cultura pediátrica (en Estados Unidos se cree que facilita la limpieza y puede reducir riesgos de infecciones urinarias, ETS). Pese a que la tasa de circuncisiones oscila entre el 2% y el 20% en Europa y llega hasta el 71% en Estados Unidos, los expertos aseguran que se trata de una cifra considerablemente superior a la aceptable. Quienes se oponen a las circuncisiones señalan que lejos de ser inocua, no es reversible y marca a los hombres de por vida, llegando algunos a afirmar que infringe el derecho a la integridad física y a la capacidad de decisión del niño.
El doctor Juan Manuel Poyato, urólogo y andrólogo de Next Fertility, explica a ICON que la circuncisión profiláctica es un tema que siempre ha generado mucha controversia y opiniones encontradas. “En la visión actual es muy importante abordar la cuestión desde la evidencia científica y el respeto a la autonomía del paciente pero, sobre todo, separando mitos de realidades”, asegura antes de aclarar que en la actualidad, hablando con propiedad técnica, no es posible reimplantar el tejido original una vez que este ha sido extirpado, especialmente si han transcurrido varios años. Lo que algunos varones suelen buscar es la restauración prepucial, ya sea por motivos religiosos o preferencias personales. “Para lograr este deseo, por una parte, existen técnicas de reconstrucción estética, mediante el diseño de un neoprepucio con piel del cuerpo o la base del pene, con resultados bastante satisfactorios”, dice. “Al ejercer una tensión mecánica constante sobre la piel del pene durante varias horas al día, al cabo de meses o años las células de la piel (queratinocitos y fibroblastos) detectan el estiramiento y activan la división celular (mitosis), de tal manera que el tejido cutáneo se logra estirar hasta alcanzar a cubrir el glande”.
Sexo y derechos humanos
Cuando como estudiante de enfermería Marilyn Milos presenció por primera vez cómo un bebé era circuncidado, se sorprendió cuando el doctor le dijo que en realidad, no había un motivo médico para hacerlo. Era el año 1979. Desde entonces, se convirtió en defensora de la erradicación de la circuncisión médicamente innecesaria y fundó National Organization of Circumcision Information Resource Center(NOCIRC). “Es un problema sexual y es un problema de derechos humanos”, aseguró.
El doctor Juan Manuel Poyato señala que su postura ha sido fundamental para mover el debate del plano puramente médico al ético y de los derechos humanos. “Desde la ciencia contrastada, su argumento sobre la integridad corporal tiene bastante peso: el prepucio no deja de ser un tejido sano y funcional, por lo que Milos no duda en describir estrictamente la circuncisión como una mutilación innecesaria”, explica antes de matizar que en España, la postura médica moderna es más equilibrada. “Aunque reconocemos que la circuncisión tiene beneficios profilácticos reales admitimos que salvo necesidad médica urgente o enfermedad que la justifique, el derecho a la integridad física del menor debe prevalecer sobre la preferencia de los padres o la conveniencia médica preventiva, por tratarse de un tejido perfectamente sano. El consenso actual se inclina más hacia el ‘esperar y ver’, tratando la circuncisión como una opción válida, pero informada y, a ser posible, siempre consentida por el propio interesado”, dice.
Por su parteJosé Martín del Pliego, sexólogo y psicólogo, comenta que muchos hombres sienten que esta operación se hizo en su infancia y sin su consentimiento. “Eso genera sentimientos de pérdida, rabia o traición y el cuestionamiento de la autonomía corporal. Antes era habitual por tradición cultural y religiosa, por creencias médicas antiguas sobre higiene o prevención y por la normalización social”, explica. “Durante décadas, y todavía hoy, lo que el niño opinara no era importante”, lamenta.
“Hoy la tendencia es la conservación siempre que sea posible, salvo deseo expreso del varón. La mayoría de las asociaciones pediátricas internacionales sostienen que, a pesar de que tiene ciertos beneficios, estos no serían lo suficientemente determinantes como para realizarla de forma estandarizada, rutinaria u obligatoria, prefiriendo que sea el individuo quien decida al llegar a la madurez”, apostilla del Pliego. “Los urólogos únicamente la recomendamos en casos de clara enfermedad y recabando el consentimiento informado según dicta la Ley 41/2002”, matiza.
“El prepucio no es un simple adorno, es extraordinario”, dice el abogado Eric Clopper, presidente de Intact Global Inc, que protege a los niños de las mutilaciones genitales ajenas a la religión. “Contiene miles de terminaciones nerviosas de gran sensibilidad, protege el glande y permite un movimiento suave y natural durante la intimidad. No es un error. Es una obra maestra”, asegura en un vídeo publicado en su perfil de Instagram. “Cada vez más hombres recurren a la restauración del prepucio sin cirugía. Ya sea por comodidad, sensibilidad o para recuperar lo que les fue arrebatado, el creciente número de personas que optan por esta técnica demuestra una cosa: la circuncisión no es tan inofensiva como dicen”.
El doctor Gabriel Bastidas coincide en señalar que lejos de ser solo “piel sobrante”, el prepucio es un tejido especializado que contiene miles de terminaciones nerviosas táctiles finas. “Está diseñado, entre otras razones, para ‘acariciar’ el glande y generar un roce suave y placentero durante el acto sexual. Cuando el glande queda permanentemente expuesto (post-circuncisión), sufre un proceso llamado queratinización. La mucosa se vuelve más gruesa y menos sensible para protegerse del roce constante con la ropa”, asegura. “Al cubrir el glande nuevamente, ya sea mediante restauración o cirugía, el epitelio podría recuperar su humedad y una textura más delgada, lo que suele traducirse en un aumento del placer táctil y una reducción del umbral de excitación. Por lo tanto, el deseo de estos hombres podría no ser un capricho, sino la búsqueda de recuperar una función sensorial biológica”, comenta a ICON.
“Lo interesante es entender que no es solo un tema médico ni sexual”, remata José Martín del Pliego, “sino uno donde se cruzan cuerpo, identidad, cultura y consentimiento”.