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Anaxágoras, filósofo griego, sobre la prudencia: «Si me engañas una vez, tuya es la culpa; si me engañas dos, es mía» | Historia NG

Se trata de un antídoto exprés contra la ingenuidad. La primera caída duele; la segunda, además, avergüenza. Es una idea milenaria que parece escrita para hoy.

Fresco de Anaxágoras en la Universidad Nacional de Atenas. 
Eduard Lebiedzki

Sarah Romero / Historia National Geographic

Anaxágoras fue un pensador del siglo V a. C. obsesionado con cómo se ordena el mundo… y cómo distinguimos la apariencia de la realidad. La frase de «Si me engañas una vez, tuya es la culpa; si me engañas dos, es mía» atribuida al filósofo griego encaja con el núcleo de ver la prudencia como forma de inteligencia práctica, el aprendizaje tras el error y la necesidad de un principio que ordene (el famoso Nous, la mente o intelecto).

Quién fue Anaxágoras

Anaxágoras nació en Clazómenas, Jonia y es una figura excepcional por ser el primer filósofo de renombre instalado en Atenas. Su periodo ateniense fue decisivo, ya que introdujo corrientes de pensamiento y ciencia jónica, influyó en círculos intelectuales ligados al famoso orador ateniense Pericles, y su legado pasó a través de discípulos como Arquelao (maestro, según la tradición, del propio Sócrates) durante el siglo V a.C.

Este detalle es clave: este filósofo griego no fue un pensador marginal, sino una pieza que conectó la filosofía natural presocrática con el gran laboratorio cultural ateniense. Un episodio destacado de su historia es cuando fue acusado de impiedad y tuvo que abandonar Atenas. Y, ciertamente, esta acusación suele vincularse a su explicación naturalista de los astros (en especial, la idea de que el Sol es una masa incandescente), que pasa de convertir al ‘dios-sol’ en una esfera caliente lejos de lo divino. Por eso Anaxágoras es un candidato perfecto para hablar de prudencia porque fue, literalmente, un filósofo que pagó el precio de pensar contra lo establecido al ser condenado al exilio.

¿Qué significa realmente la frase?

La sentencia tiene dos capas. Por un lado, la ética del engañador, por la que si alguien te miente una vez, la culpa moral recae en quien traiciona. Y, por otro, la ética del engañado (prudencia) donde si la mentira se repite y tú vuelves a caer, entonces hay responsabilidad en no haber aprendido nada de la experiencia.

La aportación filosófica interesante es que esta cita desplaza el foco del ‘culpable’ al proceso de aprendizaje. Y ahí, encaja perfectamente con el pensamiento anaxagórico de un modo muy natural, porque Anaxágoras defendió que nuestros sentidos son limitados (“por causa de la debilidad de éstos no somos capaces de distinguir la verdad”, según sus palabras) y que «lo patente es la apariencia de lo no manifiesto»; en esencia, que lo que vemos es solo la parte visible de una realidad mezclada donde muchas cosas permanecen ocultas. Lo que traducido a nuestros días significa que el engaño funciona porque la realidad no se nos ofrece completa y la prudencia consiste en entrenar el juicio para no confundir apariencia con totalidad.

¿Entonces Anaxágoras ‘culpaba’ a las víctimas? No exactamente

Si bien puede sonar como una afirmación dura si se interpreta como ‘si te engañan dos veces, te lo mereces’, la lectura más afinada y, ciertamente más filosófica, es otra: Anaxágoras no está celebrando el cinismo, sino defendiendo la responsabilidad epistemológica.

En su teoría del conocimiento, los sentidos no bastan. Si uno se queda en lo que parece, es fácil repetir el error. La prudencia sería el acto de elevarse desde lo inmediato hacia una evaluación más inteligente, prestando atención, viendo el contraste, y no perdiendo de vista nuestra memoria o experiencia pasada.

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Anaxágoras fue el primer pensador extranjero en llamar Atenas su hogar.iStock

Y es que las apariencias pueden ser ‘una vista de lo invisible’; es decir, que incluso el engaño deja huellas; hasta la ilusión contiene señales para quien aprende a mirar, por lo que podríamos tomar nota de estas enseñanzas milenarias de Anaxágoras y crear una especie de manual práctico actual para no caer dos veces en una falacia.

Para empezar, deberíamos identificar el patrón (no el episodio) y preguntarnos qué se repite; también exigir trazabilidad (¿qué pruebas hay, qué historial existe?), desconfiar de algo que es absolutamente urgente (porque el engaño adora las prisas y la falta de reflexión); separar emoción y evidencia, ya que para Anaxágoras, el noûs no niega sentir, pero no decide a ciegas. Y, por último, aprender sin convertirte en piedra; no se trata de crear panoia sino que la prudencia va asociada a la memoria. De ahí que la primera vez nos pueda causar dolor; pero la segunda vez, si se da, es falta de método.

Fuente: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/anaxagoras-filosofo-griego-sobre-prudencia-si-me-enganas-vez-tuya-es-culpa-si-me-enganas-dos-es-mia_25649

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