Los países del Golfo producen cerca del 40% del agua desalinizada del mundo

Lara Villalón / El Mundo
Estambul
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La expansión de la guerra entre Irán y Estados Unidos-Israel ha hecho florecer multitud de mapas del Golfo Pérsico, que revelan infraestructuras energéticas dañadas, bombardeos en bases estadounidenses y ataques en buques que intentan transitar el territorio. El tercer día de conflicto, Irán lanzó una de sus represalias, golpeando el puerto de Jebel Ali en Dubai y Kuwait. Los ataques, dirigidos contra la infraestructura energética de estos países, así como la intercepción de los misiles y drones, provocaron la caída de partes de los proyectiles a varios kilómetros, dañando plantas desalinizadoras de la zona. Este suceso puso en alerta a los expertos, que advirtieron sobre los peligros de que el Golfo Pérsico se convierta en una zona de combate justo donde se encuentran plantas de desalinización que abastecen a diario una región tan árida, castigada por la sequía y los efectos del cambio climático.
Tanto Irán como los países árabes del Golfo dependen de estos sistemas para suministrar gran parte del agua potable que usan millones de ciudadanos a diario. Según una publicación del Centro Árabe de Washington DC, los estados del Consejo de Cooperación del Golfo (formado por todos los gobiernos de la región excepto Irán e Irak), producen el 40% del total de agua desalinizada del mundo. Irán contaba hasta hace un lustro con un sistema equitativo de sustracción de agua en ríos, embalses, acuíferos subterráneos y desalinizadoras. Sin embargo, la sequía ha reducido los embalses a menos del 10 % de su capacidad, una situación extrema que ha empujado al presidente del país, al reformista Masoud Pezeshkian, a considerar el traslado de Teherán a una zona rodeada de embalses o cercana a una planta desalinizadora. El cambio climático ha secado los acuíferos subterráneos, forzando al país a ser más dependiente de las plantas desalinizadoras. No obstante, Irán sigue siendo mucho menos dependiente de estas infraestructuras que sus países vecinos.
El país más vulnerable por su dependencia de este sistema es Kuwait, donde cerca del 90% de sus recursos viene de desalinizadoras, seguido de Omán, con un 86% y Arabia Saudí, con el 70%. El proceso para eliminar la sal de mar del agua tiene varias etapas y pasa por diferentes infraestructuras, por lo que un ataque que afecte a una parte de la cadena de producción puede interrumpir por completo el proceso, potenciando la vulnerabilidad de ser objetivo de ataques en medio de esta guerra de alcance regional.
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El pasado sábado Irán acusó a Estados Unidos de un ataque a la isla de Qeshm, en el estrecho de Ormuz, que afectó una planta desalinizadora que suministra agua potable a una treintena de localidades. «Atacar la infraestructura de Irán es una acción peligrosa con graves consecuencias. Estados Unidos sentó un precedente, no Irán», advirtió el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi. El portavoz del Comando Central de EEUU, Tim Hawkins, negó que el ejército de su país estuviera implicado en dicho ataque. Un día después, Bahréin aseguró que un dron iraní había impactado en una planta desalinizadora de la zona y acusó a Irán de atacar indiscriminadamente infraestructuras civiles. El ataque no provocó cortes de suministro de agua ni electricidad en el país, pero creó alarma en la región ante la posibilidad de una escalada de ataques que afecte las desalinizadoras.
En los cables diplomáticos revelados por Wikileaks hace dos décadas, la embajada de Estados Unidos en Riad advirtió que una sola planta desalinizadora abastecía el 90% del agua potable que necesitaba la ciudad, por lo que millones de personas «tendrían que ser evacuadas en una semana si la planta, sus tuberías o infraestructura eléctrica sufrieran daños graves o resultaran destruidos». Tras la publicación de este cable diplomático, la monarquía saudí aceleró el desarrollo de sus plantas desalinizadoras y actualmente opera 32 plantas en 17 ubicaciones estratégicas, en las que produce cerca del 25% de la capacidad mundial de agua desalinizada, según una investigación de World Population Review. Pese a su diversificación, los expertos alertan de que la producción de agua potable sigue estando en riesgo en medio del conflicto actual, ya que un ataque a otras infraestructuras como la red eléctrica, puede interrumpir esta producción diaria tan vital para la región.
Fuente: https://www.elmundo.es/internacional/2026/03/09/69af1194fc6c8373428b4576.html