El Ministerio de Exteriores chino responde a la medida adoptada por la Administración americana: «La decisión que han tomado sólo dañará la imagen y la reputación internacional de EEUU»

Lucas de la Cal / El Mundo
Corresponsal en Asia Shanghai
En julio de 2017, un grupo de nueve estudiantes y profesores chinos que participaban en un programa de verano en la Universidad de Illinois, en Estados Unidos, decidieron montar una célula del Partido Comunista Chino (PCCh) en el tercer piso de uno de los dormitorios del campus. Aquello saltó a la prensa estadounidense cuando la Universidad de Ciencia y Tecnología de Huazhong, en la ciudad china de Wuhan, publicó en su página web una fotografía grupal de esos estudiantes chinos de Illinois posando en su nueva oficina frente a una bandera roja con la hoz y el martillo.
Durante los siguientes años, más de estos movimientos de base del PCCh, habituales en todas las universidades chinas y que promueven las ideas del partido gobernante de la superpotencia asiática, fueron apareciendo en otros centros de California, Ohio, Dakota del Norte o Virginia. Los medios internacionales dieron cuenta de ello y muchos congresistas estadounidenses alertaron de que estos grupos servían al Gobierno de Xi Jinping como un arma de influencia, pero también de vigilancia para estudiantes chinos.
Todo este operativo se coordinaba desde el Departamento de Trabajo del Frente Unido, una agencia de Pekín que durante años ha tejido una extensa red de asociaciones por todo el mundo que se han usado tanto para la propaganda estatal como para perseguir a la disidencia, y que ha lanzado efectivas campañas en algunos países para darle la vuelta a debates públicos sensibles para China como la situación en Taiwan o las protestas en Hong Kong.
«China utiliza el trabajo del Frente Unido para neutralizar fuentes de oposición a sus políticas y a la autoridad de PCCh. Para llevar a cabo sus actividades, la agencia busca captar a individuos y entidades de las comunidades chinas que viven en el extranjero, mientras que usan a otras organizaciones afiliadas para realizan operaciones de influencia», señalaba una comisión del Congreso de EEUU.
El debate sobre el papel de estas operaciones de influencia de Pekín, concretamente en universidades estadounidenses, ha resucitado esta semana después de que la Administración Trump revocara la autorización de la Universidad de Harvard para matricular a estudiantes internacionales, con el Departamento de Seguridad Nacional justificando que esta decisión se debía, entre otras razones, a supuestos vínculos de la universidad con el PCCh.
Los medios chinos apuntaban el viernes que la cruzada estadounidense contra los estudiantes internacionales de Harvard provocará que mucho talento chino (y de otros países) que ansiaba estudiar allí ahora valore la opción de hacerlo en centros de élite de China o Hong Kong, donde ya hay universidades que se han ofrecido a admitir a cualquier estudiante que no sea aceptado en Harvard. «La decisión que han tomado sólo dañará la imagen y la reputación internacional de EEUU», han afirmado desde el Ministerio de Exteriores chino.

Según datos oficiales, entre 1.800 y 2.300 estudiantes y académicos chinos estudian cada año en Harvard. Desde hace meses, los republicanos han afirmado sin pruebas en el Congreso que esta universidad colabora con el PCCh porque trabaja con científicos chinos en programas de investigación de «doble uso», en cuanto a aplicaciones que se pueden usar tanto en el terreno civil como en el militar.
«Al cortar abruptamente la capacidad de Harvard para acoger a estudiantes y académicos internacionales, la Administración Trump socava directamente el entorno colaborativo esencial para los avances científicos. Programas como el Proyecto Harvard-China sobre energía y medioambiente, que durante décadas ha aportado perspectivas cruciales sobre políticas climáticas y tecnologías, se enfrentan a un grave riesgo. La interrupción de estos proyectos va más allá de lo académico y perjudica el liderazgo estadounidense precisamente en aquellas áreas que determinarán las superpotencias económicas del futuro», explicaba el asesor de políticas ambientales Michael Barnard en un análisis publicado en CleanTechnica, una revista estadounidense especializada en investigaciones medioambientales.
Fue la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, quien dictó la medida que implica que Harvard ya no podrá aceptar nuevos alumnos extranjeros y que los que ya están matriculados deberán transferirse a otras instituciones o perderán su estatus legal en el país. Noem, además de citar los supuestos vínculos con el PCCh, también dijo que la prestigiosa universidad era responsable de fomentar «violencia y antisemitismo» en su campus.
Otro comunicado publicado en la web del Departamento de Seguridad Nacional hacía referencia explícita al Partido Comunista. «La dirección de Harvard facilitó y participó en actividades coordinadas con el PCCh, incluyendo el acogimiento y entrenamiento de miembros de un grupo paramilitar del PCCh cómplice del genocidio uigur«, apuntaba en referencia a la denunciada represión a la minoría musulmana de la región de Xinjiang, al noreste de China.
Desde Pekín critican que Washington, tanto en las dos etapas de Trump en la Casa Blanca, como durante la administración Biden, lleva tiempo promoviendo políticas que «maltratan sin motivo a los estudiantes chinos», y que esta es la principal razón por la que EEUU ha perdido gran parte de su atractivo para los jóvenes estudiantes del gigante asiático.
El año pasado, por primera vez en 15 años, India superó a China como principal fuente de estudiantes internacionales en EEUU (331.602 estudiantes indios durante el curso 2023-24, en comparación con 277.398 chinos, según un informe del Departamento de Estado).
«EEUU lleva mucho tiempo reprimiendo sin motivo a los estudiantes chinos que viajan con identificaciones y visas legales. Algunos fueron interrogados, confinados, obligados a confesar falsas relaciones con el Gobierno chino, incluso deportados sin causa justificada», manifestó a principios de año un portavoz del Ministerio de Exteriores chino. «La atmósfera actual en las universidades es de una total política hostil y acoso por parte de los funcionarios estadounidenses y del personal de seguridad», señala Lu Xiang, investigador de la Academia China de Ciencias Sociales, un think tank de Pekín. «Esto, junto con el aumento de oportunidades en China, es la principal razón por la que los estudiantes chinos ya no quieren ir a EEUU».
Fuente: https://www.elmundo.es/internacional/2025/05/23/6830435ee9cf4a1c3c8b457b.html