El tapiz de Bayeux es una de las joyas más preciadas de la Edad Media y, también, una de las mayores fuentes de debates e interpretaciones en la actualidad. Ahora, dos reconocidos historiadores ponen el foco en un detalle que hasta hace poco pasó desapercibido: los genitales

Por Carlota Barreda / El Grito
Cuando uno piensa en la Edad Media puede pecar de oscurantismo. A pesar de ser un mito construido a posteriori, la relación casi inconsciente de estos siglos con conceptos como el estancamiento, el declive y la barbarie se mantienen en la cultura popular y difuminan la realidad de una época plagada de complejidades y evolución. En lo que a las artes visuales respecta, fueron unos siglos en constante evolución en los que las imágenes se convirtieron en un vehículo para el conocimiento. En la actualidad, de hecho, constituyen una fuente de primera mano para aproximarnos a comprender una visión del mundo que se diluye en el tiempo y en las sombras, y que en muchos casos conduce a los especialistas a más preguntas que respuestas.
Durante la Edad Media los tapices se transformaron en objetos suntuarios lujosos y cotizados entre los estamentos nobiliarios, más allá de su uso práctico para ahuyentar la humedad y decorar las estancias palaciegas. Contaban con la capacidad y el lenguaje adecuado para contar historias a través de las imágenes elaboradas con hilos de ricos colores y materiales.
El tapiz de Bayeux en concreto, data del siglo XI y se estima como uno de los objetos más valiosos de toda la historia por su unicidad y originalidad, pero sobre todo por la cantidad de información que revela sobre el hecho histórico que ilustra: los antecedentes de la conquista normanda de Inglaterra y su culminación en la batalla de Hastings, con el enfrentamiento de Harold el Sajón y Guillermo el Conquistador.

Tapiz de Bayeux
Cuenta con casi 70 metros de largo, pesa 350 kilos y cuenta con 58 escenas -originalmente eran 73-, unas cuantas inscripciones en latín y un despliegue de 626 personajes humanos, además otros cientos de animales y bestias.
Es considerado por muchos como el primer cómic de la historia por su alta calidad y la fluidez en las imágenes, y por el dramatismo -inusual en aquella época- con el que se desenvuelven las escenas. No solo alberga información sobre la conquista que no aparece en ninguna otra fuente escrita ni visual del momento, sino que también ofrece un acercamiento a la vida y la cotidianeidad por su detallada representación de elementos como la agricultura, el costumbrismo, las diferentes arquitecturas o los recursos militares. Entre todas estas escenas y objetos se entreteje la ambivalencia del carácter sacro y profano del lienzo bordado, con simbolismos y referencias ocultas, o representaciones como la del cometa Halley -la primera documentada en la historia-, interpretado como un mal augurio surcando el cielo.

Escena 32 del tapiz de Bayeux: “el cometa Halley”
Como en muchas de las obras medievales más destacadas, se desconocen tanto su autor como la identidad de quien ordenó y financió el encargo, y los académicos continúan buscando pistas en esta gran extensión de tela que les lleven hasta el artista o hasta el motivo de su existencia.
Rondaba el año 2018 cuando George Garnett -historiador de Oxford-, encontró un nuevo patrón que se repite a lo largo de muchas de las escenas del Bayeux y en las que nadie había reparado anteriormente -salvo en el siglo XIX, para censurarlo-: la representación de los genitales masculinos. Garnett cuenta un total de 93 -5 humanos y 88 de caballos-, y fue el primero en identificarlos como una nueva pista para aproximarse a algunas de las incógnitas del tapiz según la posición y el contexto en que se hallan. Garnett los denomina como un importante mensaje codificado, y resalta que hay tres superiores en tamaño al resto, pertenecientes a las monturas de personajes tan relevantes en la historia como Guillermo el Conquistador, su rival Harold el Sajón o el duque Odo de Bayeux -hermano de Guillermo y a quien en ocasiones se le ha atribuido el encargo del tapiz-.
Según el medievalista, los genitales de los caballos están cargados de un simbolismo negativo -lo cual se corresponde y es coherente con la concepciones y la iconografía de la época-. El autor estaría intentando señalar un comportamiento impropio, de engaño o deshonra por parte de los personajes. Los cinco hombres que muestran sus partes son campesinos que acompañan a mujeres y se corresponderían con la intención del artista de mostrar un abuso, el sexo ilícito y la misma sensación de deshonor. Según Garrett, es como si el artista quisiera insertar sutilmente los matices de la traición, la infamia y la vergüenza en la narrativa.

Fragmentos del tapiz de Bayeux

Ha sido Christopher Monk quien ahora ha abierto un nuevo debate, pues dice haber hallado uno más en uno de los guerreros, lo cual Garnett desmiente e identifica como la vaina de una daga.
Los estudiosos siguen conjeturando: ¿contienen un simbolismo oculto, son simplemente un guiño satírico, podrían estar inspirados en las fábulas clásicas de Esopo? Las teorías no son pocas, tampoco las investigaciones ni los desacuerdos. Pero si hay algo en lo que todos coinciden, es en que el tapiz de Bayeux es un tesoro sin igual que dará sobre qué hablar durante mucho, mucho tiempo.