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Jean-Marc Aveline, el ‘Zidane’ del cónclave con sangre almeriense | El Mundo

El cardenal de Marsella, nacido en Argelia, despunta como el ‘heredero’ natural de Francisco

El cardenal de Marsella y presidente de la Conferencia Episcopal francesa, Jean-Marc Aveline.
El cardenal de Marsella y presidente de la Conferencia Episcopal francesa, Jean-Marc Aveline. Laurex Tooust Getty Images

Carlos Fresneda / El Mundo

Enviado especial Roma

De Almería a Marsella, pasando por Orán. La historia del cardenal Jean-Marc Aveline, nacido en Argelia hace 66 años, ha estado marcada por la inmigración y por el Mediterráneo. Francisco confraternizó con él cuando se encontraron en Marruecos en el 2019, y con el tiempo le puso al frente del dicasterio para el Diálogo Interreligioso. El Papa se apropió de una broma que corre de boca en boca entre los cardenales franceses y llegó a decirle que si algún día se convertía en su sucesor, podría llamarse Juan XXIV (por aquello de su parecido físico con Juan XXIII).

El cardenal Aveline es celebrado estos días como «la estrella ascendente del catolicismo trasalpino», con bastantes boletos para convertirse en el primer pontífice galo desde Gregorio XI durante el Papado de Avignon en el siglo XIV. El «Zidane» del cónclave, recién nombrado por aclamación como presidente de la Conferencia Episcopal francesa, tiene sin embargo un talón de Aquiles que pesa lo suyo en Romanon parla italiano (aunque habla árabe).

Desde su llegada para las exequias del Papa, Aveline ha sido uno de los cardenales más visibles más allá de los muros del Vaticano. En la iglesia de San Luigi, junto a la Piazza Navona, ha oficiado una homilía celebrando «el inmenso papado de Francisco» y recordando cómo fue capaz de dar su última bendición urbi et orbi «con el cuerpo enfermo pero con toda su alma».

«Como decía Francisco, el pastor debe estar en medio del rebaño, delante del rebaño y detrás del rebaño», recordaba el cardenal de origen argelino e impulsor del diálogo con el islam, que ha invocado el espíritu del Concilio Vaticano II y ha pedido una plegaria a los fieles para que el Cónclave sepa recoger la «herencia» del fallecido pontífice.

Junto al propio Francisco, hace apenas dos años, Jean-Marc Aveline ejerció de anfitrión de los Encuentros Mediterráneos. Como bien recuerda La Voz de Almería, el cardenal aprovechó la ocasión para recalcar sus raíces campesinas y andaluzas: «Mi abuela también fue inmigrante. Mi familia fue de Almería a Marsella para encontrar un futuro mejor».

Aveline nació en Sidi Bel Abbes en 1958, cuatro años antes de la independencia de Argelia. Como tantos otros «pied noirs», su familia se trasladó a Francia en 1966 y recaló en el barrio de Saint-Barhélemy en Marsella, donde su padre trabajaba como ferroviario. Su destino estuvo ligado desde entonces a la segunda ciudad francesa, salvo su paso por el seminario en Aviñón y por la Universidad Católica de París, donde estudió Teología y Filosofía.

Su verdadero doctorado ha estado, sin embargo, en las duras calles de su ciudad adoptiva, donde ha ejercido su particular apostolado en total sintonía con la línea progresista de Francisco: «Los esfuerzos para acercarnos al prójimo no solo sirven para conjurar los peligros de la pobreza, sino también del populismo, que se sirve de la pobreza».

Con la mirada puesta en el Mare Nostrum, como director en su día del Instituto Católico del Mediterráneo, sus participación en el debate sobre la inmigración ha provocado frecuentemente titulares en Francia: «Hay que evitar los discursos ingenuos sobre que se debe acoger sin límites. Pero hay que evitar también la criminalización del inmigrante como la causa de todos los males, que tanto se usa con fines electorales. El camino para el cristiano es la tercera vía, que es la línea profética de la proximidad: identificar el bien común, buscar armonía con el todo».

Conocido por su accesibilidad y por su carácter afable, el cardenal Aveline no ha dudado a endurecer el gesto ante otro de los problemas que azotan el sur de Francia: «La redes de narcotráfico han adquirido un poder que supera al de la República». Sus alegatos sin paliativos contra la plaga de escándalos sexuales dentro de la Iglesia han merecido también grandes titulares.

Si algo ha definido sin embargo su carrera, ha sido su mano tendida a otra religiones, desde su tesis doctoral («Hacia una teología cristológica de las religiones») al diálogo abierto con el judaísmo y el islam en el crisol de credos y culturas de Marsella. En su diócesis impulsó «un modelo de fraternidad en salida», volcado hacia los barrios musulmanes donde llegan los «sin papeles» del norte de África.

El pasado 2 de abril, Jeam-Marc Aveline confirmó su irresistible ascenso dentro de la curia al ser nombrado presidente de la Conferencia Episcopal francesa. «¡No tengáis miedo!», proclamó en su primer saludo a los feligreses. «Cuando el Señor está en la barca, a menudo hay tormenta. Pero ni las espuma de los días, ni la angustia de los tiempos, que siempre tendremos que afrontar con valentía, pueden prevalecer sobre la dulzura divina de Cristo resucitado».

Fuente: https://www.elmundo.es/internacional/2025/04/29/6810f16321efa0dc048b4573.html

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