«Al igual que Luis XIV cuando usaba sus perfumes como un atributo de poder cuando se paseaba por las galerías de Versalles, Emmanuel Macron lo utiliza como un elemento de su autoridad en el Elíseo», puede leerse en el libro La tragedia del Elíseo del periodista Olivier Beaumont.

Carlos Fresneda / LOC
CorresponsalParís
Obsesionado con su imagen, Emmanuel Macron se perfuma más de lo razonable para dejar huella en quienes se cruzan en su camino… Lo cuenta de buena tinta el periodista de Le Parisien Olivier Beaumont en La tragedia del Elíseo, el libro que retrata el crepúsculo del presidente francés y que indaga como pocos en sus manías y en sus detalles personales.
Pues parece que Macron usa «cantidades industriales» de su colonia predilecta, Dior Eau Sauvage, con la intención manifiesta de «marcar su territorio» (según un ex asesor) y para que quede constancia de que «el presidente está en el edificio».

«Al igual que Luis XIV cuando usaba sus perfumes como un atributo de poder cuando se paseaba por las galerías de Versalles, Emmanuel Macron lo utiliza como un elemento de su autoridad en el Elíseo», puede leerse en el libro.
La colonia de Dior, refinada y poderosa, con notas frescas y aéreas de hediona y con la lavanda poniendo una nota floral con una faceta amaderada, no solo tiene un efecto «anunciador» del presidente entre su séquito, sino que puede causar un efecto abrumador sobre las visitas.
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De acuerdo con el libro, la propia Brigitte suele rociarse ocasionalmente con el mismo irresistible perfume para sentir que su marido está cerca. Dior Eau Sauvage lleva por cierto la marca del hombre más rico de Francia, Bernard Arnault, y propietario de LVMH, el mayor imperio de productos de lujo del mundo.
Cuenta Olivier Beaumont otra curiosidad un tanto excéntrica de Macron, y es su peculiar colección de gafas de sol («cada una más fea que la otra») que el presidente ofrece ocasionalmente a sus visitas cuando llega la hora del paseo por los jardines del Elíseo.

«Una vez que tomas prestada una de esas gafas, no te olvidas nunca más de traer las tuyas», asegura un ex ministro, convencido de que se trata de otro de sus «juegos de poder» para asegurar su dominio sobre sus huéspedes.
La tragedia del Elíseo, que salió a la venta la semana pasada, aspira a ser tanto «el retrato de un lugar de poder, de sus rituales y sus artefactos» como una semblanza de su inquilino de 47 años, aislado en la recta final de su mandato y obsesionado por su propia imagen y por su legado.

A partir de casi 70 testimonios, Olivier Beaumont intenta un acercamiento humano al presidente calculador y «optimista infalible», desgastado por la situación de perpetua crisis política que se respira en Francia, agravada en la última semana por la sentencia de inhabilitación por cinco años de Marine Le Pen (que el domingo fue aclamada como «presidenta» por cientos de seguidores a los pies de Los Inválidos, donde está enterrado Napoleón).
«Los franceses no ven lo mucho que he hecho por ellos, ya no me quieren», llegó a reconocer el propio Macron ante un amigo en su «château» del Elíseo, escenario de la «tragicomedia» del poder, con sus 365 salas en el corazón de París que son el espejo mismo al que se mira el presidente más joven de la V República, resignado a ceder el testigo en el 2027.

«¿Cuántas crisis, dramas y trucos sucios se han representado allí desde su llegada?», se pregunta Beaumont. Su corte mengua (el último en abandonar la nave ha sido su jefe de personal Alexis Kohler), las rivalidades se agudizan y las tensiones en espacio de centro que tanto le costó conquistar van a más a falta de un sucesor que pueda plantarle cara a Le Pen o a su «delfín» Jordan Bardella.
Pero si algo ha definido a Macron desde su llegada al Elíseo en el 2017 ha sido precisamente su capacidad para desafiar a la adversidad, y en eso está, reinventándose a sí mismo en el papel de «comandante en jefe» de la frágil Europa, reconocible a la legua por ese perfume que, como la nariz de Cyrano, le precede en media hora allá donde va.
Eau Sauvage fue la colonia predilecta de Alain Delon, anunciada en tiempos por Zinedine Zidane, revestida desde hace décadas por una mística de masculinidad que empieza por el frasco, inspirado en un botella de whisky.
«Olfativamente, esa colonia manda una señal bastante fuerte», reconoce en el libro el ex portavoz del Elíseo Bruno Roger-Petit. «Basta con estar en el vestíbulo de honor para saber si él [Macron] ha pasado recientemente o no».
El frasco de Eau Sauvage con vaporizador (a partir de 69 euros por 50 mililitros) lo suele tener Macron casi siempre al alcance, incluido su despacho, presto a rociarse a cualquier hora del día. «Huele al presidente» es ya una expresión hecha entre sus colaboradores para anunciar su llegada.
La colonia ha sido el secreto mejor guardado por Macron para aparecer en público con «un aspecto irreprochable» en los países más calurosos: de Irak a Costa de Marfil, pasando por Martinica. «En Marsella, a pleno sol y casi a 50 grados, nos preguntábamos cómo era capaz de no sentir la transpiración y seguir oliendo a su perfume», reconoce la ex ministra Sabrina Agresti-Roubache.
Fuente: https://www.elmundo.es/loc/celebrities/2025/04/07/67f38f3fe85ece02488b457d.html