Concluyó el gran encuentro internacional después de tres maratonianas jornadas de debates, encuentros y mesas redondas

Zabala de la Serna / El Mundo
El IV Forum Mundial de la Cultura Taurina concluyó en Isla Terceira después de tres maratonianas jornadas de debates, encuentros y mesas redondas. El amplio enfoque sobre el mundo del toro ante el acoso del discurso woke, la consistencia del toreo como patrimonio cultural y, también, sus carencias. Las propias de un sector invertebrado sostenido por la fuerza de un espectáculo único y transgresor que las derivas políticas (y el ataque constante de la izquierda radical) enmarcan injustamente en el pensamiento conservador.
La visión positiva, pese a todo, por la incorporación de un público joven en las plazas de toros de España, principalmente, no esconde la preocupación por la situación de los países hispanoamericanos -México, Colombia o la frustración de Ecuador-. Perú, sin embargo, ha resucitado a rebufo de la gran figura mundial como es Roca Rey.
Las tres jornadas acabaron con la sensación de un éxito organizativo absoluto y unas conclusiones como deberes para el futuro inmediato:
-A pesar de los continuos ataques y amenazas que, también políticamente, sufre en los últimos tiempos la cultura de la tauromaquia, las recientes circunstancias nos llevan a albergar un nuevo sentimiento de esperanza y unas sensaciones más positivas en torno al futuro del espectáculo en la mayoría de los países taurinos.
-Con respecto a la situación en los países americanos, expresamos nuestra preocupación por casos como los de Colombia y México, donde, ante el autoritarismo gubernamental, se hace urgente una efectiva defensa legal, sumada al masivo apoyo del resto de una comunidad taurina internacional que está obligada, más que nunca, a concretar una sólida unión.
-Esa defensa legal cuenta con argumentos de carácter universal que resultan incontestables, como son el obligado respeto a las distintas expresiones culturales y a la diversidad, ya que no es susceptible de prohibición una manifestación artística que no atenta contra los derechos humanos ni contra las libertades fundamentales.
-Respecto a los ataques del animalismo, la tauromaquia debe responder con los detallados estudios científicos que demuestran, con múltiples indicadores fisiológicos, que durante la lidia no existe ningún tipo de sufrimiento para un animal cada vez más especializado genéticamente para su función y que cuenta siempre con el máximo respeto a su entrega hasta la muerte sobre la arena.
-Con todo, esta pasión de millones de personas en todo el mundo debe encarar inexcusablemente varios retos que le ayuden a integrarse con la fuerza necesaria en el renovado contexto social del siglo XXI. Y estos se centran especialmente en una mejora notable de sus estructuras internas y en concretar la forma de comunicar sus valores con una mentalidad más abierta y adaptada a los cambios sociales.
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-Consideramos también que esas necesarias medidas de futuro han de llevarse a cabo con las auténticas armas con que sigue contando la tauromaquia al paso de los siglos: su enorme valor patrimonial, histórico, artístico y económico, la gran adhesión con la que cuentan sus expresiones populares, la potencia genética y ecológica del toro de lidia y la incomparable fuerza expresiva y emocional del propio espectáculo.
-Todos estos argumentos, que han de llevar de una vez a los profesionales del sector a aunar sus fuerzas con los aficionados, como parte más proactiva, son una profunda mina de capital positivo para poder derribar los arbitrarios y clasistas prejuicios de ese pensamiento woke que quiere hacer tabla rasa de la cultura con su dictatorial afán globalista.
Fuente: https://www.elmundo.es/cultura/toros/2025/01/27/6797d30621efa028668b459e.html