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Huyan de las redes sociales: propuesta de objeción de conciencia | ideas

Gobiernos, instituciones, partidos y particulares contribuyen con su presencia en las plataformas a blanquear la irresponsabilidad, el odio, los bulos y las suplantaciones como las sufridas esta semana por destacados socialistas

Dawson Kelly sostiene una pancarta con nombres de jóvenes que murieron supuestamente por su uso de las redes sociales. En Oakland, California, el pasado mes de agosto. Noah Berger (AP Photo / Lapresse)

Álex Grijelmo / ideas

Las redes sociales fueron recibidas hace 20 años como un gran espacio de libertad. Hoy en día ya sabemos que se han convertido en plataformas dedicadas a encubrir a delincuentes anónimos; en espacios que favorecen la mentira, la injuria y la calumnia, los mensajes de odio; que acogen los acosos sexuales y personales, la xenofobia, el machismo y el racismo, la pederastia, la pornografía infantil, los mensajes yihadistas; en lugares donde se permiten las suplantaciones de identidad (las últimas han sido las sufridas en cuentas del PP el pasado miércoles por los socialistas Begoña Gómez, José Luis Rodríguez Zapatero y José Luis Ábalos, entre otros). Por si fuera poco, su maquinaria utiliza algoritmos con sesgos polarizadores y sus directivos aplican ingenierías fiscales para evadir impuestos en los países donde obtienen los ingresos.

Ha llegado el momento, pues, de que las instituciones democráticas y las empresas y entidades con principios éticos salgan de estos oscuros basureros. Porque su presencia los blanquea y porque sus propios mensajes se están impregnando ya de ese fétido olor. En las redes, incluso la verdad se vuelve sospechosa.

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Plataformas como las de Elon Musk (X, antes Twitter) y Mark Zuckerberg (Meta, que incluye Instagram y Facebook) se niegan a colaborar con los tribunales nacionales cuando les solicitan datos que conduzcan a los autores de los delitos cometidos en sus propiedades cibernéticas. El anonimato es su gran negocio.

Gracias a él, millones de cuentas se manejan con robots, se destinan a dar una apariencia de opinión pública y se presentan ante los anunciantes como si se tratara de consumidores o seguidores reales.

La llegada de más de 70.000 personas a Ceuta a finales de julio y la muerte de 141 de ellas fueron originadas por los bulos difundidos en Facebook cuyos autores ocultaron su nombre, según la investigación de una entidad vinculada a la Universidad de Alicante.

En esa plataforma circulan cada día miles de vídeos anónimos que muestran violaciones, autolesiones y suicidios. Cuando Facebook disponía de “moderadores”, en un solo trimestre de 2023 retiró 7,2 millones de vídeos con abusos infligidos a menores, y 6,4 millones con autolesiones o suicidios, según sus propias cifras (La Vanguardia, 6 de octubre de 2023); unos datos, por cierto, incompletos: ¿Cuánto tiempo estuvieron esos materiales al alcance de los usuarios?, ¿qué porcentaje suponen sobre el total de las barbaridades que no alcanzaban a descubrir?, ¿los gestores de las redes denunciaron en los tribunales a los autores?, ¿cuántos contenidos similares se han añadido hoy mismo, cuando ya no hay verificadores?

Algunos de sus empleados no pudieron resistir más el cargo de conciencia y denunciaron desde dentro, como Frances Haugen. Esta ingeniera de Meta reveló en 2021 a través del diario The Wall Street Journal documentos internos sobrecogedores que demostraban la responsabilidad de la plataforma en la inclusión de mensajes violentos y en la difusión de bulos, así como en los daños que produce entre los jóvenes. Entrevistada por EL PAÍS en octubre de 2023, Haugen declaró: “Dentro de diez años nos preguntaremos por qué no regulamos antes las redes sociales”.

Las plataformas de Meta han venido manipulando los algoritmos para que los menores de edad se conviertan en adictos, y han mentido sobre sus efectos. Tras una denuncia de 41 fiscales generales de EE UU, la compañía aceptó el pasado agosto pagar, en cómodos plazos de 10 años, 18.000 millones de dólares en indemnizaciones (15.800 millones en euros), cuando ingresa 200.000 millones de dólares al año (176.700 millones de euros). Pero puede que tras eso no modifique nada, como ha sucedido en otras ocasiones, porque pagar le sale rentable. De hecho, Zuckerberg expresó su disconformidad con el relato de las acusaciones, pese a toda evidencia. Una hipocresía formidable. Además, las condiciones que cedió en ese acuerdo cuelgan de un punto casi inverosímil en su ideario, porque implica regular o limitar el anonimato para que de ese modo se pueda identificar a los menores.

Multa tras multa, la última se conoció el miércoles: un tribunal de Nuevo México (EE UU) sancionó a Meta con 25.000 millones de dólares (unos 22.000 millones de euros) por engañar a sus usuarios más de 43 millones de veces en lo que concierne a sus políticas de privacidad.

Cuando Zuckerberg compareció ante el Senado estadounidense el 30 de enero de 2024 tras las denuncias de Haugen, el republicano Lindsay Graham le espetó: “Señor Zuckerberg, ustedes tienen las manos manchadas de sangre”. Le escuchaban entre el público unas cuantas decenas de padres que exhibían las fotos de sus hijos; víctimas de suicidios, acosos, ataques anónimos.

La relación entre el uso de las redes y el aumento de suicidios entre los jóvenes (un 32% entre 2019 y 2021 en España) está por investigarse a fondo, pero los expertos ya nos alertan acerca de su influencia en el fracaso escolar, en las depresiones y en la pérdida de autoestima. Los suicidios de menores de 20 años españoles sumaron 76 en 2023; y en 2024 aumentaron a 90, según datos del Ministerio de Sanidad publicados en 2025.

La fundación Anar atendió 6.567 casos de riesgo de suicidio de menores en ese año, lo que multiplicaba por 10 el registro de 2015. De ellos, 1.405 llamaron en pleno intento de quitarse la vida. El 62,7% se debía al uso inadecuado de las tecnologías.

Entre 2014 y 2018 el número de cibervíctimas menores de edad creció en España un 27%, para llegar a 2.319. El 65% eran mujeres. (María Lázaro, Redes sociales y menores; con datos oficiales de denuncias presentadas). Según la información difundida por Haugen, Meta sabía que el 6% de los adolescentes estadounidenses y el 13% de los británicos que decían haber sopesado quitarse la vida lo habían hecho impulsados por Instagram, pero sus ejecutivos siguieron impasibles.

Las extorsiones sexuales se hallan detrás de buena parte de esas tragedias; las denuncias casi se triplicaron en cinco años (2018-2023), según datos de Interior conocidos en 2024: de 1.691 a 4.460. Y en España el uso del anonimato logra que solo se resuelva el 0,8% de los ciberdelitos, según la Fiscalía General.

Un 10% de la facturación de Meta procede de casinos ilegales, estafas, productos fraudulentos o falsos medicamentos, como denunció la agencia Reuters en 2024.

Millones de personas siguen perfiles de Twitter/X, en España y en el mundo, que lanzan mentiras o que roban contenidos ajenos. Y Elon Musk, con 160 millones de seguidores, aconsejó informarse sobre los ataques en Gaza mediante algunas cuentas que difunden bulos en favor de Israel.

En fin, haría falta una enciclopedia gigantesca para compendiar todos los desmanes que acogen o provocan cada día, sin inmutarse, Twitter/X, Meta y redes similares.

Ninguno de estos datos se ha conocido gracias a su transparencia o autocontrol, en claro paralelismo con la actitud que en otro tiempo mantuvieron los fabricantes de cigarrillos respecto a sus dañinos productos.

Así pues, ante este panorama vale la pena animar a gobiernos, empresas, entidades y particulares que coincidan con esta visión del asunto a ejercer ante las redes una suerte de objeción de conciencia. Es decir, a abandonarlas corriendo, a no legitimarlas con su presencia. The Guardian y La Vanguardiaya salieron de X en 2024. Eso significará perder algo de relevancia y parte del negocio. Pero será a cambio de un compromiso moral que mejorará el mundo y que, de camino, dará prestigio democrático, influencia y otro tipo de liderazgo y de ingresos a quien adopte decisiones que pongan la ética por encima del éxito fácil.

Ya hace tiempo que las redes ofrecen más perjuicios que beneficios. Son una ciudad sin ley llena de pistoleros enmascarados y cuyo sheriff se embolsa una comisión por cada disparo. Huyan de ahí.

Álex Grijelmo (Burgos, 1956) es periodista y escritor, miembro electo de la Real Academia. Su último libro se titula La perversión del anonimato (Taurus).

Fuente: https://elpais.com/ideas/2026-10-23/huyan-de-las-redes-sociales-propuesta-de-objecion-de-conciencia.html

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