El académico y ensayista británico, experto en las estrategias de los fondos de inversión, señala que el “derecho a la vivienda” se ha sustituido por el de “comprar una casa”

Barcelona
Brett Christophers (Croydon, Reino Unido, 55 años) lleva años empapándose de las estrategias de grandes corporaciones. Empezó estudiando la gran banca, como a JP Morgan o Goldman Sachs.Goldman Sachs. Pero pronto se percató de que esos nombres quedaban relegados en las agendas de políticos y personas influyentes por los de fondos de inversión, como Blackrock o Blackstone. No fue algo repentino: durante décadas, habían ganado terreno silenciosamente hasta controlar ya prácticamente toda la vida cotidiana de un ciudadano: la vivienda en la que reside, el agua con la que se lava, la carretera o el ferrocarril con el que va al trabajo o el hospital al que acude para una urgencia. Eso es lo que Christophers, geógrafo económico en el Instituto de Vivienda e Investigación Urbana de la Universidad de Uppsala (Suecia), lleva años plasmando en varias investigaciones y, más recientemente, en libros como Nuestras vidas en sus carteras de inversión (Traficantes de sueños, 2025) y Capitalismo rentista (Verso Books, 2020).
Esta entrevista discurrió en el Instituto de Investigación Urbana de Barcelona, donde Christophers impartió una conferencia sobre vivienda, y mereció una conversación posterior ante la actual ola de indignación ciudadana que ha generado el desahucio de Maricarmen Abascal, que a los 87 años fue desalojada del piso de Madrid en el que residió los últimos 71 años por una firma de inversión inmobiliaria. Profundo conocedor de los movimientos anticapitalistas, Christophers sí dice estar sorprendido por la resistencia que ha generado en España la presencia de los fondos entre los vecinos afectados y el rechazo de buena parte de la ciudadanía a que sus casas sean tratadas como un producto financiero. “La vivienda siempre ha sido un activo financiero. Para muchos, el principal, cuando no el único. Pero en los últimos años ese equilibrio se ha roto”.
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Pregunta. ¿El desahucio de Maricarmen es la consecuencia de que la vivienda se haya convertido en un producto de inversión más?
Respuesta. Sí. Cuanto más prime el valor de mercado de la vivienda por encima de su valor de uso, más probables se vuelven estas situaciones. Y esa ha sido una tendencia clave de las últimas décadas, no solo en España, sino en todo el mundo. Este caso es un ejemplo especialmente sangrante de un fenómeno mucho más amplio. Y aunque resulta particularmente impactante, las dinámicas de fondo son ya un componente central de la vida social urbana contemporánea en España.
P. El Gobierno ha lanzado un paquete de medidas para evitar nuevos casos como el de Maricarmen. Se habló de prohibir a los fondos buitre la compra de viviendas, aunque se ha acabado rebajando. ¿Esa medida habría sido suficiente?
R. Esa prohibición podría limar las aristas más agresivas del problema, pero este no desaparecería. Al fin y al cabo, existen muchos otros tipos inversores que también incurren en prácticas perjudiciales, como demuestra el propio caso de Maricarmen. El problema de fondo es la mercantilización extrema de la vivienda, junto con un Estado que no ofrece una alternativa significativa al mercado ni lo regula de forma efectiva.
“Es importante ser honestos respecto a la magnitud del desafío de los casos como el de Maricarmen”
P. Pero España tiene consagrada la vivienda como un derecho constitucional.
R. En la práctica no lo es, porque no se garantiza. La prueba es que hay personas sin hogar. En el capitalismo contemporáneo, existe el derecho a comprar una vivienda, pero no a la vivienda. Ese derecho se ha financiarizado.
P. En los últimos años usted se ha dedicado a desentrañar las estrategias de los fondos. ¿Cómo han evolucionado?
R. Su funcionamiento consiste en que un gestor invierte para otros un dinero que antes iba a acciones o bonos. Pero a partir de los años ochenta y noventa empiezan a comprar inmuebles e infraestructuras clave de las que depende el funcionamiento de la sociedad y nuestra vida cotidiana: energía, transporte, agua, alcantarillado… Desde entonces, deciden quién puede usar esas infraestructuras y cuánto tiene que pagar.
P. Ese gran despegue se produjo con el auge de los gobiernos neoliberales de Margaret Thatcher y Ronald Reagan. ¿Fue una coincidencia?
R. Eso fue clave. En neoliberalismo tiene como principio rector que el sector público debe controlar lo mínimo porque el privado es más eficaz y eficiente y eso hará que los precios bajen. Pero en el Reino Unido, donde se ha privatizado casi todo, los precios han subido. Y las privatizaciones han ido a más: hace 40 años, esos gestores administraban cerca de un billón de dólares en todo el mundo. Hoy, más de 100 billones.
P. Sigamos la pista del dinero: los ahorros de un maestro o un bombero de Massachusetts acaban invertidos en un bloque de viviendas de Madrid o Barcelona en el que se acaba desahuciando a sus vecinos. ¿Son conscientes esos ahorradores de cómo se usa su capital?
R. Es cierto que si esas inversiones rinden bien, la jubilación de maestros y bomberos se ve beneficiada. Pero seguro que a ese maestro no le haría muy feliz saber que sus ganancias se obtienen porque se suben los alquileres y se desaloja a gente en Madrid o en Barcelona. No lo sabe porque, entre un extremo y otro, la cadena tiene muchos eslabones.
P. ¿Y cómo se reparte el dinero a lo largo de esa cadena?
R. No se lo lleva el bombero ni el maestro. Pongamos que un fondo de Blackstone dispone de 1.000 millones. De esos, tal vez un 2% proviene de las jubilaciones de trabajadores. El resto procede, por ejemplo, de ejecutivos bancarios, que tienen más dinero, o incluso fondos soberanos, como el de Arabia Saudí.
P. Ha estudiado la obra del geógrafo y teórico social marxista británico David Harvey, quien argumenta que las ciudades modernas se han convertido en vehículos para la acumulación de capital. ¿Está la influencia de los fondos haciendo crecer las desigualdades en las grandes urbes?
R. Sin duda, las desigualdades crecen y las sociedades son más urbanas. Y estos actores actúan como custodios de la riqueza de quienes ya poseen. En la sociedad actual, la riqueza se distribuye de forma muy desigual. Estos gestores reproducen y amplifican esa desigualdad.
“Si el capitalismo cae algún día no será por las protestas, sino por sus contradicciones internas”
P. El caso de Maricarmen ha reavivado las protestas en España. ¿Puede ser un revulsivo?
R. Tal vez. Pero la vivienda ya ha movilizado políticamente a la población, incluidos los jóvenes, en España durante los últimos 15 años, quizá más que en cualquier otro lugar del mundo, y aun así siguen produciéndose casos tan graves como el de Maricarmen. Por eso creo que es importante ser honestos respecto a la magnitud del desafío.
P. ¿Qué papel debe jugar el activismo?
R. Protestar como plataforma explícitamente anticapitalista es improductivo porque se pierden aliados que podrían simpatizar con tus preocupaciones y porque es un objetivo demasiado amplio y difuso. Enfrentarse al capitalismo es como intentar atrapar el viento. Si el capitalismo cae algún día, no será por las protestas, sino por sus contradicciones internas como forma de organizar la sociedad.