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Manuela Lucà-Dazio, directora del premio Pritzker: «Puedes vivir sin arte, sin libros, sin cine, pero no sin arquitectura. Es la mejor herramienta de cambio social» | La Lectura

La jefa del Pritzker es catedrática de Historia de la Arquitectura y una veterana de la Bienal de Venecia, pero prefiere moverse con discreción en el backstage internacional. Participa en el Hay Festival de Segovia

Retrato de Manuela Lucà-Dazio. ANSELM KIEFER

Por sus manos pasa cada año el Oscar de la Arquitectura: el Premio Pritzker, el máximo galardón de la disciplina, equivalente simbólico al Nobel. Pero la catedrática Manuela Lucà-Dazio se mueve con discreción en el backstage de la arquitectura mundial. Durante casi dos décadas dirigió el departamento de Artes Visuales y Arquitectura de la Bienal de Venecia (es decir, era la responsable de hacer posibles las mastodónticas exposiciones internacionales de arte y arquitectura), este verano ha tomado las riendas de la sección arquitectónica de la Trienal de Milán y sigue siendo la embajadora del Pritzker, un premio fundado en 1979 por los mecenas Jay y Cindy Pritzker en Chicago y que promueve la Fundación Hyatt.

Nacida en Nápoles, formada como arquitecta y doctora en Historia de la Arquitectura con una tesis sobre las cartujas italianas, Lucà-Dazio fue nombrada directora ejecutiva del Pritzker en 2020 por su brillante trayectoria en la Bienal de Venecia. Su cargo tiene una particularidad: trabaja estrechamente con el jurado, pero no vota. Sin embargo, es la pieza clave que mantiene la maquinaria en marcha: organiza, coordina, viaja (y mucho), prepara las ceremonias y cuida de que el galardón siga siendo, año tras año, una brújula de la arquitectura del futuro.

Este 2026, el medallón de bronce -y el cheque de 100.000 dólares- ha recaído en el chileno Smiljan Radic, un arquitecto de obras frágiles, experimentales, profundamente poéticas que trabaja en su estudio con un equipo de cinco personas y se niega a crecer más: un perfil sorprendente para un Pritzker. Esa es la virtud del premio, que todavía consigue sorprender con figuras como el chinoLiu Jiakun o Francis Kéré, de Burkina Faso. Por no hablar del caso de los españoles RCR Arquitectes (las iniciales de Ramon, Carme y Rafael), que en 2017 asombraron al mundo entero desde Olot, en la Garrocha. «Aquel premio a RCR fue un momento de cambio», señala Lucà-Dazio, una de las estrellas del Hay Festival de Segovia, donde hoy participa en el debate Los museos como contenedores culturales vivos.

PREGUNTA: Italia tiene una tradición académica en arquitectura muy potente. ¿Qué aporta mirar la arquitectura desde la historia y la teoría, más que desde práctica pura?

RESPUESTA: Estudié arquitectura casi por casualidad. Cuando terminé el colegio tenía muchos intereses relacionados con el arte, la literatura, la filosofía… Para mi gran sorpresa descubrí que la arquitectura incluía todo eso y más. Estudiar arquitectura significa estar en una investigación constante, ser permanentemente curioso sobre lo que te rodea, las personas, la historia, el pasado, el presente y el futuro. Recuerdo que en todos mis exámenes, incluso en las clases de proyectos, siempre aparecía una palabra: contexto. Todo parte del análisis del contexto. Las grandes ciudades italianas son muy ricas en historia: una estratificación de acontecimientos históricos, dominaciones, culturas… Y Nápoles es también una estratificación física. Si bajas al subsuelo ves grutas, túneles, calles, edificios… ¡Es casi como un cuento de Calvino! Se excavó para sacar la piedra con la que se construyeron los edificios. Como si fuera un positivo y su negativo, debajo hay otra ciudad.

P: Si le pedimos a alguien en la calle que nombre a cinco arquitectos vivos, probablemente le cueste mencionar a tres. En cambio sabría decir cinco cineastas o escritores. ¿Por qué la arquitectura sigue siendo la gran desconocida? Y eso que nos afecta y nos rodea a todos: vivimos en espacios construidos, hasta un parque es arquitectura.

R: Ah, para mí esa es la pregunta, la cuestión central. La arquitectura es la herramienta más poderosa para transformar y mejorar la vida de las personas. Alguien puede decidir vivir sin arte, sin literatura, sin cine, sin danza, sin música… Pero no podemos ignorar la arquitectura, es el lugar donde nos movemos, trabajamos e interactuamos. Es absurdo que no exista esa familiaridad con ella y tiene que ver con la conciencia. Cada día vamos a la oficina y es parte de nuestra vida diaria, nos relacionamos con ese edificio, esa habitación, ese piso, ese ascensor… Pero no prestamos suficiente atención. Las instituciones deben hacer un esfuerzo para crear más conciencia e implicación de los ciudadanos. Hay que comunicar mejor desde los museos, las administraciones, los festivales…

P: En este sentido, la Bienal de Venecia es la referencia: ha conseguido acercar la disciplina a un público amplio sin simplificarla. Cuando vas a la Bienal de Arquitectura tienes la sensación de estar en la de Arte, con instalaciones que podrían intercambiarse. ¿Resulta difícil establecer una frontera clara entre arquitectura y arte?

R: Absolutamente, ambas están muy unidas. Pero, además, se da una paradoja a la hora de exponer arquitectura. A diferencia del arte, donde el objeto mismo está presente, en una exposición de arquitectura lo real -el edificio con su contexto- casi siempre está ausente. ¿Cómo representas un edificio? ¿Cómo narras una ciudad? ¿Cómo reproduces una experiencia que se desarrolla en el espacio y en el tiempo, con una atmósfera concreta de luz, de calor, de relaciones humanas? Es muy complicado. Hay muchas maneras: maquetas, fotos, vídeos, herramientas tecnológicas avanzadas… Lo bueno de exhibir arquitectura es que aún se puede experimentar para transmitir la atmósfera y la experiencia física del edificio. Es también una cuestión de emociones. Nuestras vidas diarias están tan llenas de estímulos, estrés y señales que corremos todo el día sin prestar atención a la calidad del espacio por el que pasamos. Cuando vemos maquetas o fotos de edificios que hemos visitado a veces ni siquiera recordamos haber tenido una sensación… Y piensas: ‘¡Dios mío, he estado en este aeropuerto, corría para coger un vuelo, y es de este arquitecto! ¡Qué bonito era y no me di cuenta!’.

P: Su charla en el Hay Festival trata sobre los museos como ágoras culturales vivas. ¿Cuál será el papel que tendrán en el futuro más cercano?

R: Los museos siguen teniendo -y deberían tener- un papel cada vez más importante. El arte es el territorio donde se pueden cruzar fronteras, donde se dan encuentros que no se producen en otro sitio. Ya no se trata solo de exhibir obras. Las instituciones deberían volverse cada vez más interdisciplinares, porque eso refleja la realidad de nuestras vidas. Deben ser lugares donde las personas puedan rearmarse con herramientas para entender mejor, experimentar e incluso desear el arte y la arquitectura. Ese es el papel de cualquier institución cultural: dar herramientas a la gente para entender, experimentar y, en última instancia, desear el arte.

En Asia y Oriente Medio están naciendo museos espectaculares, como el M+ de Hong Kong. Usted es profesora de la Universidad de Tongji, en Shanghái. ¿Qué perspectiva le da estar allí? Porque en China se construyen macroinfraestructuras a una velocidad que en Occidente resulta inimaginable.

Shanghái ha sido una experiencia increíble: es como saltar al futuro, a un lugar donde todo parece posible. A veces vuelvo dos meses después y veo edificios que antes no estaban. La velocidad es impresionante. Dicho esto, no puedo pretender conocer China: es un país enorme, de una cultura increíble. Shanghái es una puerta de entrada para nosotros, los extranjeros. Representa la cultura china, pero también dialoga con la occidental. Lo que más me ha interesado es la relación entre lo global y lo local. China se ha acercado a nuestra parte del mundo con la intención de absorber herramientas y convertirse en un actor global. Han abierto un número increíble de edificios, museos y todo tipo de construcciones diseñadas por arquitectos internacionales. Al mismo tiempo han cultivado su propia escena arquitectónica. Hay una generación, o varias, de arquitectos chinos de un gran nivel. Desde el punto de vista del Pritzker ya tenemos dos laureados chinos [Wang Shu en 2012 y Liu Jiakun en 2025, sin contar a Ieoh Ming Pei, de nacionalidad sinoestadounidense] y no me sorprendería ver más.

«La era de los iconos tuvo efectos colaterales creando una cierta homogeneización, con los mismos edificios en todas partes»

P: Cuando uno mira la lista de premios Pritzker puede ver claramente la evolución de la arquitectura en los últimos años… Como directora ejecutiva, ¿cuál es exactamente su papel en el jurado? Supongo que no va a contarme discusiones, ¿pero ha tenido que mediar alguna vez?

R: [Ríe] Desde que empecé en 2020 nunca he tenido que mediar. La química del jurado es fantástica y nos reunimos siempre que lo permiten nuestras agendas: online, en persona, viajamos juntos, discutimos… Es una conversación continua, no se limita a las reuniones en las que nos sentamos a decidir el próximo laureado. Por supuesto hay puntos de vista diferentes, pero al final la decisión siempre es unánime. Nunca votamos. La misión del premio, escrita en 1978, no ha cambiado: reconocer a un arquitecto vivo cuyo cuerpo de obra construida haya producido beneficios constantes y coherentes a la humanidad, al entorno construido y al arte de la arquitectura.

P: Como sucede en el Nobel de Literatura y tantos otros premios, hay muy pocas mujeres que han ganado el Pritzker: solo seis frente a 49 hombres, la primera fue Zaha Hadid en 2004. ¿El mundo de la arquitectura sigue siendo muy masculino?

R: Diría que el mundo entero sigue siendo muy masculino… Pero detrás de los momentos históricos más importantes y de las revoluciones siempre ha habido mujeres, aunque no se las haya reconocido. Ahora las estamos descubriendo. Son las que abrieron la puerta para que llegáramos más, y eso no debemos olvidarlo. La arquitectura es, definitivamente, una profesión dominada por hombres, pero la situación está cambiando. Veo cada vez más mujeres en las generaciones más jóvenes. Los premios como el Pritzker o los puestos de liderazgo en instituciones y exposiciones son el final del proceso. Está pasando, nunca lo suficiente ni tan rápido como quisiéramos, pero está pasando.

P: En los años 90 y primeros 2000, el Pritzker encumbró a los starchitects, esos arquitectos-estrella que construían edificios icono, a menudo intercambiables entre ciudades. ¿Hemos dejado atrás esa era, en la que se produjeron auténticos excesos? ¿Necesitábamos entonces aquella modernidad globalizada?

R: Fue un periodo estrechamente relacionado con la globalización, con un terreno común que se amplió y se volvió global. Probablemente, necesitábamos compartir una cultura arquitectónica y unos valores comunes, incluso iconos visuales. Ocurre en la moda o en el arte. Como la arquitectura es más difícil de comunicar, ese fue el momento en el que los arquitectos pudieron subir al escenario y llegar mejor al gran público, convirtiéndose ellos mismos en iconos o portadas de revista. También fue cuando se vio con más fuerza el lado artístico de la arquitectura. Nadie se sorprende de que haya superestrellas en el mundo del arte: los arquitectos también lo fueron. Aunque es cierto que tuvo efectos colaterales como cierta homogeneización, con los mismos edificios en todas partes. RCR fue, en parte, una reacción al miedo de que la globalización pudiera destruir la identidad y las tradiciones locales. Fue también una declaración contra el modelo del starchitect y la extremización de la autoría individual.

P: El caso de RCR sorprendió hasta en España. Mucha gente se preguntó: «¿Quiénes son?», o: «¿Dónde está Olot?». Entonces les hacían más caso en Francia que aquí…

R: Me alegra oírlo. El Pritzker no solo debe leer e interpretar el momento presente, sino que tiene la responsabilidad de anticipar el futuro. Mirar este tipo de realidades y enfoques es necesario. Lo mismo pasó con los franceses Lacaton & Vassal: muchos se sorprendieron de que el premio fuera a dos arquitectos que, en cierto modo, están en contra de construir. Aunque es más sofisticado: se trata de nunca demoler, siempre reutilizar. El premio reconoce una carrera y una metodología, pero también implica una enorme responsabilidad para quien lo recibe.

«En el colegio estudiamos templos griegos, pirámides, el Panteón…y ahí nos detenemos. Falta más educación»

P: Más aún en el caso de Francis Kéré: no representa un país, sino un continente entero. En 2022, fue el primer Pritzker de África, la gran olvidada…

R: Keré representaba mucho más que la arquitectura africana, fue una forma de mostrar que África podía ser una fuente de conocimiento arquitectónico. En las discusiones del jurado se hablaba más del proceso que del proyecto. Se trataba de demostrar que África no es solo un contexto de necesidad, sino que puede generar ideas de relevancia global. La escasez puede convertirse en una forma de inteligencia y contribuir al discurso arquitectónico. No se trata de construir con arcilla, sino de cómo construir con arcilla puede ampliar la caja de herramientas de la arquitectura contemporánea.

P: ¿Tiene sentido hoy hablar de una arquitectura ‘española’, ‘italiana’ o ‘europea’? En la era de la globalización, ¿sigue existiendo una etiqueta nacional o eso pertenece al pasado, a la tradición constructiva?

R: Tiene sentido desde el punto de vista histórico, y ese es el papel de las escuelas de arquitectura. La historia nunca es neutral: la escriben los vencedores, la cultura predominante de cada momento. Es importante estudiar esa historia y ver cómo surgieron esas categorías: arquitectura española, europea, renacentista, etc. Desde otro punto de vista, hoy no tiene mucho sentido hablar de arquitectura italiana cuando hablamos de arquitectura contemporánea. Es más interesante invertir la perspectiva: ¿qué pasa si un arquitecto chino tiene que construir en España? ¿O alguien de Burkina Faso en Canadá? Volvemos a la palabra clave: contexto. La sostenibilidad, en el fondo, es la pertenencia: usar las herramientas adecuadas en el contexto. Ejemplos como Kéré o Radic ayudan a entender cómo adaptar las herramientas a un contexto y una cultura que no son los propios. Desde este punto de vista, sí, sigue siendo muy importante hablar de lo español, lo japonés o lo italiano.

P: El Congreso Mundial de Arquitectos que se celebró este verano se centró en el acceso a la vivienda y el cambio climático. ¿Cómo pueden dar respuestas concretas los arquitectos a estos dos grandes retos?

R: El cambio climático está ahí: las olas de calor sin precedentes en España y en toda Europa, las lluvias extrañas en Nueva York… El papel del arquitecto es intentar mejorar la calidad de vida respetando los recursos naturales disponibles en el planeta. Por eso ejemplos como los de Kéré o Jiakun son útiles: no son necesariamente globales en su naturaleza, pero sirven como referencia para investigar la sostenibilidad entendida como el mejor uso de los recursos, sin explotarlos, respetando el mundo en el que vivimos y garantizando al mismo tiempo la mejor calidad de vida para todos. Es un tema enorme. No tengo una respuesta cerrada, pero es una de las direcciones principales de la investigación y la educación arquitectónica. Los arquitectos tienen el privilegio de diseñar el mundo en el que vivimos y de interpretar las necesidades de la sociedad. Pero necesitan clientes: puede ser un gobierno, un promotor, un mecenas, pero el más importante es la comunidad, la sociedad, cada uno de nosotros. ¿Cómo podemos ser buenos clientes? Volvemos al inicio: las instituciones culturales tienen la responsabilidad de dar a todo el mundo las herramientas para entender la arquitectura.

P: ¿No se debería empezar por el colegio? Tenemos asignaturas de Filosofía, Matemáticas, Historia… pero no una específica de Arquitectura.

R: Estudiamos templos griegos, pirámides, el Panteón… y en algún momento nos detenemos. Miramos esos edificios icónicos del pasado casi como si fueran obras de arte, pero falta mucho más. La educación es fundamental. Veo un gran deseo en los jóvenes de adquirir esas herramientas y desarrollar una mirada crítica. Porque, en última instancia, debemos ser capaces de exigir arquitectura.

Su charla en el Hay Festival trata sobre los museos como ágoras culturales vivas. ¿Cuál será el papel que tendrán en el futuro más cercano?

Los museos siguen teniendo -y deberían tener- un papel cada vez más importante. El arte es el territorio donde se pueden cruzar fronteras, donde se dan encuentros que no se producen en otro sitio. Ya no se trata solo de exhibir obras. Las instituciones deberían volverse cada vez más interdisciplinares, porque eso refleja la realidad de nuestras vidas. Deben ser lugares donde las personas puedan rearmarse con herramientas para entender mejor, experimentar e incluso desear el arte y la arquitectura. Ese es el papel de cualquier institución cultural: dar herramientas a la gente para entender, experimentar y, en última instancia, desear el arte.

En Asia y Oriente Medio están naciendo museos espectaculares, como el M+ de Hong Kong. Usted es profesora de la Universidad de Tongji, en Shanghái. ¿Qué perspectiva le da estar allí? Porque en China se construyen macroinfraestructuras a una velocidad que en Occidente resulta inimaginable.

Shanghái ha sido una experiencia increíble: es como saltar al futuro, a un lugar donde todo parece posible. A veces vuelvo dos meses después y veo edificios que antes no estaban. La velocidad es impresionante. Dicho esto, no puedo pretender conocer China: es un país enorme, de una cultura increíble. Shanghái es una puerta de entrada para nosotros, los extranjeros. Representa la cultura china, pero también dialoga con la occidental. Lo que más me ha interesado es la relación entre lo global y lo local. China se ha acercado a nuestra parte del mundo con la intención de absorber herramientas y convertirse en un actor global. Han abierto un número increíble de edificios, museos y todo tipo de construcciones diseñadas por arquitectos internacionales. Al mismo tiempo han cultivado su propia escena arquitectónica. Hay una generación, o varias, de arquitectos chinos de un gran nivel. Desde el punto de vista del Pritzker ya tenemos dos laureados chinos [Wang Shu en 2012 y Liu Jiakun en 2025, sin contar a Ieoh Ming Pei, de nacionalidad sinoestadounidense] y no me sorprendería ver más.

«La era de los iconos tuvo efectos colaterales creando una cierta homogeneización, con los mismos edificios en todas partes»

Cuando uno mira la lista de premios Pritzker puede ver claramente la evolución de la arquitectura en los últimos años… Como directora ejecutiva, ¿cuál es exactamente su papel en el jurado? Supongo que no va a contarme discusiones, ¿pero ha tenido que mediar alguna vez?

[Ríe] Desde que empecé en 2020 nunca he tenido que mediar. La química del jurado es fantástica y nos reunimos siempre que lo permiten nuestras agendas: online, en persona, viajamos juntos, discutimos… Es una conversación continua, no se limita a las reuniones en las que nos sentamos a decidir el próximo laureado. Por supuesto hay puntos de vista diferentes, pero al final la decisión siempre es unánime. Nunca votamos. La misión del premio, escrita en 1978, no ha cambiado: reconocer a un arquitecto vivo cuyo cuerpo de obra construida haya producido beneficios constantes y coherentes a la humanidad, al entorno construido y al arte de la arquitectura.

Como sucede en el Nobel de Literatura y tantos otros premios, hay muy pocas mujeres que han ganado el Pritzker: solo seis frente a 49 hombres, la primera fue Zaha Hadid en 2004. ¿El mundo de la arquitectura sigue siendo muy masculino?

Diría que el mundo entero sigue siendo muy masculino… Pero detrás de los momentos históricos más importantes y de las revoluciones siempre ha habido mujeres, aunque no se las haya reconocido. Ahora las estamos descubriendo. Son las que abrieron la puerta para que llegáramos más, y eso no debemos olvidarlo. La arquitectura es, definitivamente, una profesión dominada por hombres, pero la situación está cambiando. Veo cada vez más mujeres en las generaciones más jóvenes. Los premios como el Pritzker o los puestos de liderazgo en instituciones y exposiciones son el final del proceso. Está pasando, nunca lo suficiente ni tan rápido como quisiéramos, pero está pasando.

En los años 90 y primeros 2000, el Pritzker encumbró a los starchitects, esos arquitectos-estrella que construían edificios icono, a menudo intercambiables entre ciudades. ¿Hemos dejado atrás esa era, en la que se produjeron auténticos excesos? ¿Necesitábamos entonces aquella modernidad globalizada?

Fue un periodo estrechamente relacionado con la globalización, con un terreno común que se amplió y se volvió global. Probablemente, necesitábamos compartir una cultura arquitectónica y unos valores comunes, incluso iconos visuales. Ocurre en la moda o en el arte. Como la arquitectura es más difícil de comunicar, ese fue el momento en el que los arquitectos pudieron subir al escenario y llegar mejor al gran público, convirtiéndose ellos mismos en iconos o portadas de revista. También fue cuando se vio con más fuerza el lado artístico de la arquitectura. Nadie se sorprende de que haya superestrellas en el mundo del arte: los arquitectos también lo fueron. Aunque es cierto que tuvo efectos colaterales como cierta homogeneización, con los mismos edificios en todas partes. RCR fue, en parte, una reacción al miedo de que la globalización pudiera destruir la identidad y las tradiciones locales. Fue también una declaración contra el modelo del starchitect y la extremización de la autoría individual.

El caso de RCR sorprendió hasta en España. Mucha gente se preguntó: «¿Quiénes son?», o: «¿Dónde está Olot?». Entonces les hacían más caso en Francia que aquí…

Me alegra oírlo. El Pritzker no solo debe leer e interpretar el momento presente, sino que tiene la responsabilidad de anticipar el futuro. Mirar este tipo de realidades y enfoques es necesario. Lo mismo pasó con los franceses Lacaton & Vassal: muchos se sorprendieron de que el premio fuera a dos arquitectos que, en cierto modo, están en contra de construir. Aunque es más sofisticado: se trata de nunca demoler, siempre reutilizar. El premio reconoce una carrera y una metodología, pero también implica una enorme responsabilidad para quien lo recibe.

«En el colegio estudiamos templos griegos, pirámides, el Panteón…y ahí nos detenemos. Falta más educación»

Más aún en el caso de Francis Kéré: no representa un país, sino un continente entero. En 2022, fue el primer Pritzker de África, la gran olvidada…

Keré representaba mucho más que la arquitectura africana, fue una forma de mostrar que África podía ser una fuente de conocimiento arquitectónico. En las discusiones del jurado se hablaba más del proceso que del proyecto. Se trataba de demostrar que África no es solo un contexto de necesidad, sino que puede generar ideas de relevancia global. La escasez puede convertirse en una forma de inteligencia y contribuir al discurso arquitectónico. No se trata de construir con arcilla, sino de cómo construir con arcilla puede ampliar la caja de herramientas de la arquitectura contemporánea.

¿Tiene sentido hoy hablar de una arquitectura ‘española’, ‘italiana’ o ‘europea’? En la era de la globalización, ¿sigue existiendo una etiqueta nacional o eso pertenece al pasado, a la tradición constructiva?

Tiene sentido desde el punto de vista histórico, y ese es el papel de las escuelas de arquitectura. La historia nunca es neutral: la escriben los vencedores, la cultura predominante de cada momento. Es importante estudiar esa historia y ver cómo surgieron esas categorías: arquitectura española, europea, renacentista, etc. Desde otro punto de vista, hoy no tiene mucho sentido hablar de arquitectura italiana cuando hablamos de arquitectura contemporánea. Es más interesante invertir la perspectiva: ¿qué pasa si un arquitecto chino tiene que construir en España? ¿O alguien de Burkina Faso en Canadá? Volvemos a la palabra clave: contexto. La sostenibilidad, en el fondo, es la pertenencia: usar las herramientas adecuadas en el contexto. Ejemplos como Kéré o Radic ayudan a entender cómo adaptar las herramientas a un contexto y una cultura que no son los propios. Desde este punto de vista, sí, sigue siendo muy importante hablar de lo español, lo japonés o lo italiano.

El Congreso Mundial de Arquitectos que se celebró este verano se centró en el acceso a la vivienda y el cambio climático. ¿Cómo pueden dar respuestas concretas los arquitectos a estos dos grandes retos?

El cambio climático está ahí: las olas de calor sin precedentes en España y en toda Europa, las lluvias extrañas en Nueva York… El papel del arquitecto es intentar mejorar la calidad de vida respetando los recursos naturales disponibles en el planeta. Por eso ejemplos como los de Kéré o Jiakun son útiles: no son necesariamente globales en su naturaleza, pero sirven como referencia para investigar la sostenibilidad entendida como el mejor uso de los recursos, sin explotarlos, respetando el mundo en el que vivimos y garantizando al mismo tiempo la mejor calidad de vida para todos. Es un tema enorme. No tengo una respuesta cerrada, pero es una de las direcciones principales de la investigación y la educación arquitectónica. Los arquitectos tienen el privilegio de diseñar el mundo en el que vivimos y de interpretar las necesidades de la sociedad. Pero necesitan clientes: puede ser un gobierno, un promotor, un mecenas, pero el más importante es la comunidad, la sociedad, cada uno de nosotros. ¿Cómo podemos ser buenos clientes? Volvemos al inicio: las instituciones culturales tienen la responsabilidad de dar a todo el mundo las herramientas para entender la arquitectura.

¿No se debería empezar por el colegio? Tenemos asignaturas de Filosofía, Matemáticas, Historia… pero no una específica de Arquitectura.

Estudiamos templos griegos, pirámides, el Panteón… y en algún momento nos detenemos. Miramos esos edificios icónicos del pasado casi como si fueran obras de arte, pero falta mucho más. La educación es fundamental. Veo un gran deseo en los jóvenes de adquirir esas herramientas y desarrollar una mirada crítica. Porque, en última instancia, debemos ser capaces de exigir arquitectura.

Fuente: https://www.elmundo.es/la-lectura/2026/09/14/6a9aed74e9cf4aa4458b456d.html

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