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Etiqueta del móvil en el retrete: una adicción “a escondidas” que perjudica la salud intestinal | ICON

España es el país del mundo, según diversas encuestas, en el que más nos acompaña el móvil en el cuarto de baño. Y el problema no solo afecta a nuestra cabezaEscuchar el artículo

El móvil se ha convertido en un elemento tan reconocible del cuarto de baño como el espejo o el papel higiénico.picture alliance (dpa/picture alliance via Getty I)

Marita Alonso / ICON

Barcelona

Controlar el tiempo de uso del teléfono móvil se ha convertido para muchas personas en un reto. Para lograrlo hacen uso de aplicaciones móviles destinadas a limitar el tiempo de uso de la pantalla (paradójico, sí), o activan las funciones que muchas aplicaciones tienen para avisar a los usuarios de que ya las han utilizado durante más de cierto tiempo durante ese día (Instagram, por ejemplo) o recurren a iniciativas como Movimiento OFF, que anima a retomar el control frente a la tecnología.

“Es raro mantener una conversación de adultos sin que alguien pare para ver el teléfono”, aseguraba a La Sexta Laura Sánchez, miembro del Movimiento OFF. Al acto de ignorar al interlocutor por mirar el teléfono móvil se le llama phubbing (adaptado al español como ningufoneo), que proviene de unir phone (teléfono) y snubbing (despreciar). “El phubbing puede tener un impacto devastador en nuestras relaciones, ya sean románticas, familiares o amistosas. Al priorizar el mundo virtual sobre el real, estamos enviando un mensaje claro: lo que sucede en mi teléfono es más importante que tú. Esta falta de atención y consideración puede generar resentimiento, conflictos y distanciamiento en nuestras relaciones”, advierten desde CITA (Centro de Desintoxicación Especializado en Adicciones).

Como señala Guillemette Faure en Le Monde, en un contexto en el que todos se acusan mutuamente de adicción digital, la única forma de escapar del cruce de reproches es refugiarse en el aseo. “Lo mismo ocurre en restaurantes, cenas familiares o reuniones de amigos: como dejar el teléfono sobre la mesa está mal visto, la cortesía dicta que uno debe retirarse a un espacio privado para consultarlo”, asegura. “El baño se ha convertido en un refugio para el uso del teléfono: si nadie te ve, es como si nunca hubiera sucedido”, dice la periodista.

Antes de los ‘smartphones’, en los cuartos de baño se leían libros, revistas o periódicos. En la imagen, Sandra Bullock posa en su casa de Los Ángeles en 1993.Donaldson Collection (Getty Images)

NordVPN realizó una encuesta para saber lo habitual que es entretenerse en el baño con el teléfono. El país en el que es más común hacerlo, según los resultados, es España. Casi el 80 % de los españoles encuestados confesó que este hábito no le es ajeno. Mientras que el 42 % admitió hacerlo a menudo, el 12 % dijo hacerlo solo en ocasiones. El 53,4 % de los participantes consulta las redes sociales mientras está en el inodoro.

Una investigación liderada por el gastroenterólogo Chethan Ramprasad analizó las consecuencias del uso del smartphone en el baño. Según sus datos, el 37 % de quienes usaban el móvil en el baño permanecían sentados más de cinco minutos, frente al 7 % de quienes no lo hacían. El estudio concluyó que quienes usaban el móvil tenían un 46 % más de riesgo de presentar hemorroides que quienes no lo utilizaban. María Quevedo, directora de tratamiento de Clínica RECAL, explica que, aunque ir alguna vez al baño con el móvil no tiene ninguna relevancia clínica, cuando esta práctica se convierte en un hábito automático y constante puede ser una señal de una necesidad excesiva de estar permanentemente conectado. “Además, este comportamiento tiene varias implicaciones. Desde el punto de vista psicológico, refleja la dificultad creciente para tolerar momentos de desconexión o incluso de aburrimiento. Cada pequeño espacio del día termina siendo ocupado por una pantalla, reduciendo las oportunidades para que la mente descanse o simplemente divague, algo que también cumple una función importante para el bienestar psicológico”, asegura.

El baño era antes uno de los pocos lugares donde aún había espacio para leer unas páginas de un libro (incluso se hablaba de los «libros de baño», la pesadilla de cualquier escritor) o una revista. Hoy, el móvil ha ocupado su lugar. Mientras unos revisan las redes sociales o el correo electrónico en el retrete, otros emplean el baño como un refugio en el que caer en la espiral del doomscrolling, lejos de la mirada acusadora de quienes les rodean. Incluso hay quienes aprovechan ese momento para aprender idiomas. Consciente de este hábito, el equipo de Duolingo asegura: “Duolingo funciona, incluso en el baño”. La compañía llegó a lanzar rollos de papel higiénico para aprender idiomas tras comprobar que muchos usuarios recurrían habitualmente a la aplicación mientras estaban en el baño.

La doctora Quevedo añade que el problema no es necesariamente aprovechar el baño para revisar las notificaciones, sino hacerlo a escondidas porque se siente la necesidad de consultar el móvil de forma tan constante que las personas del entorno ya han detectado ese comportamiento. “Si una persona tiene que apartarse de su pareja o de su familia para consultar el móvil porque no puede esperar unos minutos, probablemente el foco no deba ponerse en el hecho de esconderse, sino en la posible pérdida de control sobre esa conducta. Muchas personas con hábitos problemáticos intentan ocultarlos cuando perciben que los demás ya los han identificado o se los recriminan. Ese ocultamiento suele ser una consecuencia del problema, no el problema en sí”, asegura. Añade que el objetivo de un detox digital no debería ser prohibir el uso del móvil, sino recuperar la capacidad de decidir cuándo utilizarlo y cuándo no, sin que sea el impulso el que marque el comportamiento.

En realidad, este problema va mucho más allá del cuarto de baño. Habla de cómo distribuimos nuestro tiempo y de aquello a lo que prestamos atención. “El teléfono en el baño no es el problema en sí”, concluye Quevedo. “Lo preocupante es cuando sentimos que no podemos sentarnos en el retrete, esperar una cola, viajar en transporte público o pasar unos minutos sin consultar una pantalla. Cuando desaparecen esos pequeños espacios de desconexión espontánea, merece la pena preguntarse quién está tomando realmente las decisiones: la persona o el móvil”.

Fuente: https://elpais.com/icon/2026-08-16/etiqueta-del-movil-en-el-retrete-una-adiccion-a-escondidas-que-perjudica-la-salud-intestinal.html

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