Según un interesante estudio, el organismo ha logrado sobrevivir gracias al desarrollo de un ingenioso sistema de refrigeración nunca visto antes en la naturaleza

Por R. Badillo / El Confidencial
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Una planta del Valle de la Muerte ha logrado sobrevivir durante varios días a temperaturas de hasta 60 °C, un nivel próximo al límite térmico teórico estimado para la vida compleja. El hallazgo procede de un estudio preliminar publicado en bioRxiv, cuyos autores analizaron cómo la especie Tidestromia oblongifolia soporta un calor que resultaría mortal para numerosos organismos. Los resultados muestran que su resistencia no depende únicamente de tolerar las altas temperaturas. Esta planta del desierto es capaz de activar un sistema natural que reduce el calentamiento de sus hojas.
Conocida también como Arizona honeysweet, la especie crece en una región considerada la más baja, seca y calurosa de Norteamérica. Durante el verano, las temperaturas habituales pueden alcanzar los 49 °C, mientras que el registro máximo comunicado en la zona asciende a 56,7 °C. Grandes extensiones del parque permanecen prácticamente sin vegetación debido a estas condiciones extremas. Sin embargo, esta pequeña planta de flores nativa ha desarrollado una estrategia fisiológica poco común entre los seres vivos complejos.
Para estudiar esa capacidad, los investigadores recogieron semillas de 223 ejemplares silvestres distribuidos por el territorio de la especie, incluidas poblaciones del Valle de la Muerte. Posteriormente, cultivaron más de 1.200 plántulas y las aclimataron de forma gradual antes de someterlas a 60 °C durante seis u ocho horas diarias. El experimento se prolongó más de una semana y reveló diferencias relevantes entre los distintos linajes genéticos. La supervivencia osciló entre menos del 2% y más del 34%, según la procedencia de cada planta.
Un sistema de refrigeración natural
Las cámaras infrarrojas permitieron comprobar que algunas hojas se mantenían más de 10 °C por debajo de la temperatura ambiental. En los casos más extremos, la diferencia alcanzó los 13 °C, una reducción suficiente para separar la supervivencia del colapso celular. Tras ocho jornadas consecutivas expuestas a 60 °C, los ejemplares resistentes conservaron sus hojas entre aproximadamente 54 °C y 59 °C. Aunque seguían soportando un calor extraordinario, permanecían por debajo del umbral térmico asociado a la vida eucariota compleja.

El mecanismo funciona mediante los estomas, unos poros diminutos que regulan el intercambio de gases y la pérdida de agua en las hojas. Cuando permanecen abiertos, el líquido se evapora desde la superficie vegetal y genera un efecto refrigerante semejante al del sudor humano. “Descubrimos que forzar el cierre de los estomas interfería con la refrigeración”, explicó Joanna Feehan, primera autora del trabajo e investigadora posdoctoral del Plant Resilience Institute de Michigan. Los ensayos confirmaron que la transpiración constituye una parte esencial de esta defensa frente al calor.
Los análisis genómicos identificaron tres regiones del ADN vinculadas con la supervivencia a temperaturas extremas, lo que apunta a una base hereditaria. Además, las plantas con hojas más frías activaban rutas biológicas relacionadas con la apertura de los estomas y el transporte interno de agua. Los científicos consideran que sus raíces podrían captar con especial eficacia la humedad disponible bajo el suelo del desierto. También investigan si determinadas sales, azúcares y proteínas ayudan a conservar la hidratación celular durante la evaporación continuada.
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El estudio presenta limitaciones, ya que se realizó con plántulas jóvenes, bajo condiciones controladas y con abundante suministro de agua. Todavía será necesario comprobar cómo responden los ejemplares adultos ante la combinación real de calor, sequedad y variaciones ambientales del Valle de la Muerte. Aun así, el descubrimiento podría ofrecer nuevas herramientas para proteger los cultivos frente a las olas de calor. “Tidestromia ha descubierto cómo sobrevivir a temperaturas que, de otro modo, son letales para plantas, animales y hongos”, señaló Feehan.